Una mujer elegida,

una conversación con Jesús

Juan 4:1-42

Vs. 4: él no entabla una conversación y no se desvía de camino (como en este caso), si no es con un propósito superior; pues él sabía que esa mujer (que no era un dechado de virtudes), iba a estar allí. Y que por ella una ciudad iba a ser transformada (vs. 40-42). Él fue hasta donde sabía que ella estaría (iglesia afuera). Vemos que Jesús no oró con esa mujer, no le leyó la Biblia, no le testificó, ni le predicó, solamente le manifestó una necesidad (que no era solamente la de la sed física); eso lo demuestra luego, en los versos 32 y 34.

Vs. 7: Jesús en una conversación viene y nos pide que hagamos algo.

Vs. 9: saltan los prejuicios, pero sorprendida de que ella fuera elegida para algo que no era normal, algo que no debía ocurrir (no se tratan entre sí).

Vs. 10: ofrecimiento de algo muy grande. “No me conoces, por eso hablas así. No conoces lo que puedo darte y hacer contigo, por eso hablas así”.

Vs. 11: ella estaba en ese lugar de rutina diaria, para suplir una necesidad normal; por eso pone delante la imposibilidad, cuando con una mente natural trató de entender la enseñanza espiritual. No tenía la más mínima expectativa de que Dios le tenía reservado cambiar su vida para siempre. Tampoco la de su hogar y menos la de una ciudad, sólo a través de un vaso con agua. Así como ella, vamos muchas veces a conversar con Jesús, sin expectativa de que nada nuevo suceda. Y menos aun si él nos pide que hagamos algo simple, como dar un vaso con agua (pensamos que si no es predicar, cantar, estar adelante, no hay nada más que Jesús nos pueda pedir).

Vs. 13, 14: hasta aquí todavía Jesús no había recibido el vaso de agua de manos de ella.

(cosa que hacemos nosotros). Mientras más argumentamos, menos servimos, y mucho menos hacemos lo que él nos pide, tan  sencillo como un vaso con agua. Así que como ella no entendía, él renueva y aumenta el ofrecimiento.

Vs. 15: ella lo acepta, pero sólo ve en ello una razón natural de conveniencia material y un alivio para no trabajar; no ve lo espiritual.

Vs. 16-18: Queda expuesta con la realidad de su vida.

Vs. 19: no se da por aludida por la mala vida que estaba llevando. No tuvo convicción de pecado, ni aun frente al mismo Jesús. A veces nos desanimamos con alguien a quien le estamos hablando, porque no responde al mensaje, pero Jesús no se dio por vencido con ella, sólo que le buscó por otro lado.

Vs. 20: ella hábilmente trata de cambiar la conversación con Jesús hacia otro lado (espiritual-teológico). Salió de lo personal hacia lo público.

Vs. 25: algo de la Palabra ella sabía (en teoría); dice: “Yo sé que…”

Vs. 26: como le sucede a todo el que de verdad habla con Jesús, llega un momento en que él se manifiesta.

Vs. 27: y como suele pasar cuando estamos en lo mejor de la conversación con él, aparecen personas que parece vinieran en mal momento.

Vs. 28, 29: la mujer entendió que tenía que irse, pero no sin llevar esta revelación a su gente, impactada por lo que había oído. Jesús no la retuvo, ni tampoco le dijo a sus discípulos que lo dejaran terminar la conversación. La dejó ir, sabiendo que la palabra que había soltado sobre ella era suficiente, y haría su trabajo en la ciudad.

Vs. 35-38: Jesús aprovecha para enseñar algo a sus discípulos que tampoco entendían mucho lo que él estaba haciendo. No desperdició ningún tiempo, mientras esperaba para ver qué sucedía con la mujer.

Vs. 39-42: y aquí se ve el propósito superior de Jesús al declarar en el vs. 4 la necesidad de pasar por ese lugar. No tuvo necesidad de predicar a toda la ciudad, sólo le pidió un poco de agua a una mujer. Esto muestra que toda conversación con Jesús deja un resultado directo. Y cuando él quiere hablar algo contigo, para que hagas algo que te cambiará en grande a vos y a todo lo que rodea (familia, barrio, ciudad), te va a salir al encuentro, te va a esperar, y hará un impacto en ti, como en esta hora.

Como pasó con ella, ya no serás el mismo, ni lo que te rodea tampoco.

 

Pr. Jorge Rosanova