Propósitos de Dios

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entro del propósito mayor de Dios -que es glorificarle- están los propósitos puntuales que nos conducen a ello.

Ya hemos visto el primer propósito: nos planeó para agradarle.

El propósito dos: nos hizo para ser parte de su familia.

Y el tres: nos creó para ser como Cristo.

 Romanos 8:29: “Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.”

Al crearnos a su imagen y semejanza queda claro que somos seres espirituales: nuestro espíritu es inmortal.

Somos intelectuales: podemos pensar, razonar y resolver asuntos, al igual que Dios.

Nos relacionamos: podemos dar y recibir amor.

Tenemos una conciencia moral: nos hace responsables ante Dios.

Pero por el pecado, la imagen de Dios en nosotros estaba distorsionada; y Jesús vino para restaurarla.

Colosenses 1:15: “Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación.”

Eso dice que la imagen a restaurar será semejante a Cristo. Así que la meta final aquí en la tierra no es la comodidad, sino el desarrollo de nuestro carácter, no de la personalidad. Y cuando olvidamos esto como uno de los propósitos puntuales de Dios en nuestras vidas, nos sentimos frustrados. ¿Por qué? Porque las circunstancias no son como queríamos.

Esto es lo que el Espíritu Santo trabaja en nosotros: Gálatas 5:22, 23; 1ª Corintios 13; y 2ª Pedro 1:5-8.

Así que muchos no entienden que la tierra no es el cielo cuando vienen las situaciones a nuestras vidas, y nos preguntamos por qué sucede esto o aquello. Y olvidamos que cada una de estas situaciones funciona como una herramienta para crecimiento del carácter en nosotros. La vida abundante de la que habló Jesús no es comodidades, salud perfecta, realización de sueños, alivio instantáneo a través de la fe y oración. Eso haría que Dios fuera para nosotros “el genio de la lámpara”. Y debemos entender que Dios no es nuestro “sirviente”. Así que si esperábamos  vida cristiana fácil, nos desilusionaremos. Porque eso no haría nunca crecer ni madurar nuestro carácter en Dios.

La vida no gira alrededor de nosotros; existimos para los propósitos de Dios.

El trabajo del Espíritu Santo en nosotros: producir el carácter de Cristo (2ª Corintios 3:18). Esto se llama santificación.

Nada que no salga del Espíritu Santo tiene el poder para hacer cambios permanentes en nosotros. Eso lo aclara Filipenses 2:13, Ezequiel 11:19 y Hebreos 13:20, 21.

Mucho de este proceso sucede en forma casi silenciosa en nosotros. No porque hablemos del poder del Espíritu Santo, tiene que ser algo ruidoso y llamativo. El crecimiento espiritual es un secreto, algo oculto. La escritura lo compara al crecimiento invisible de las flores y los árboles (Oseas 14:5, 6). Dios nos está diciendo: "¡Vayan a los lirios! Sólo traten de verlos crecer. Les digo que al final del día no verán cambio alguno. Pero sepan esto: Yo riego al lirio cada mañana con el rocío que envío, y va a crecer". Es lo mismo en el crecimiento espiritual. ¡Es imperceptible al ojo humano! O sea que a veces crecemos y no nos damos cuenta. Uno crece a causa de las luchas, donde es formado nuestro carácter, y no por la comodidad. El Espíritu siempre opera en cooperación con nosotros. ¿Cómo es esto? En fe y obediencia, a pesar de las circunstancias, con debilidades, temores y sentimientos contrarios. Esta actitud libera el poder de Dios.

 Efesios 4:22-24 nos muestra tres responsabilidades directas de nuestra parte:

1)   Deshacernos del viejo estilo de vida.

2)   Cambiar la manera de pensar.

3)   Vestirnos del carácter de Cristo.

Nuestro carácter es la suma de nuestros hábitos. Es la manera usual de cómo vivimos.

Las herramientas de Dios para nuestro carácter

La Palabra de Dios: nos da la verdad para crecer.

El pueblo de Dios: el apoyo.

Las circunstancias: el ambiente para vivir la semejanza a Cristo.

Como todo crecimiento, es largo y progresivo. Y se completará cuando estemos para siempre con el Señor (Juan 3:2).

Así que, para parecernos más a Él, nos lleva a tomar muchas desiciones que van contra la cultura del momento, porque sino ella nos guiará a la imagen del mundo. Y la finalidad es parecernos lo más posible al Maestro, antes de su venida.

¿A qué nos parecemos más hoy? ¿A Cristo? ¿O al mundo?

 Pr. Jorge Rosanova