Los pastores y el consejo

 

Hebreos 13:17: “Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras alm as, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso.”

No habrá un verdadero comienzo de algo nuevo si no nos proponemos desarrollar, de verdad, una verdadera relación con nuestro Señor. La intimidad es el desarrollo de mi comunión con Cristo.

1ª Corintios 1:9: “Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor.”

Tú y yo fuimos llamados a la comunión con Jesucristo, por causa de la fidelidad de Dios.          ¿Cuántas veces te has propuesto empezar a tener un devocional y comunión con Dios y, como las dietas, duró algunos días y después lo abandonaste? ¿Por qué? No tendrás éxito en la vida de comunión con Dios, sin disciplina personal. La disciplina es perseverancia, que es con o sin ganas, sintamos emocionalmente o no, hacerlo. Pero lo hacemos igual porque entendemos que es fundamental para nuestra vida. En la intimidad descubro principios básicos, elementales sobre los que ordenar y ajustar mi vida. La intimidad no debe de ser una carga como lo es para muchos hoy, sino transformarse en un placer. Ya vivimos tiempos muy difíciles y cada vez se hará más necesario conocer la Palabra y al Dios de la Palabra, porque solamente ella nos podrá sostener para los tiempos que vienen. No habrá otra cosa que nos ayudará; y la mayoría de los creyentes actuales no la conoce como debe.

Intimidad con Dios, tiene como inicio pasar un tiempo de verdad y de calidad con Él cada día. Muchos de los cristianos no lo tienen. Y te lo pregunto a ti: ¿cómo está tu vida devocional? Sin esto no hay crecimiento, ni en nuestra vida ni en la iglesia. La iglesia es la extensión de nuestra vida devocional en mi casa. Porque si no tienes tiempo para estar con la Palabra, es que quizás estás demasiado ocupado con otras cosas, más de lo que Dios quiere que estés; o la indiferencia te ha ganado.

Josué 1:8: “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien.”

El principio para Josué es el mismo para nosotros hoy. Y en esto entendemos por qué muchos no reciben las manifestaciones de Jesús en sus vidas o en sus cosas: porque no obedecen, y esto es resultado de no tener disciplina de un devocional verdadero con Jesús.

Cuanto menos estemos en comunión verdadera, más vulnerables estaremos al enemigo y sus trampas y maquinaciones. El permanecer y aplicar en su vida la Palabra y no otra cosa, hace que un cristiano sea libre de verdad. El mismo principio está en el Salmo 1:1-3: “Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado; sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará.”

Aquí dice qué es lo que causa placer en la relación, y por tanto una vida de prosperidad en toda área. Si no recorremos el camino de la disciplina, enfrentaremos una serie de barreras, tropiezos, desánimo, frustraciones, y no conseguiremos desarrollar una vida de intimidad. El camino de la disciplina es un camino de renuncias, de sacrificio, de consagración, de perseverancia y, por encima de todo, un camino de amor. ¿Por qué? Porque está hecho por dos personas que se aman: tú y Dios. Es placer para ti, y para Dios también. Vivimos en un tiempo en el que queremos todo rápido. Y pensamos que en la comunión con Dios es lo mismo, pero no es así.

Intimidad es sanidad

Para profundizar nuestra vida de intimidad con Dios, tenemos que ser sanados de nuestros traumas de la infancia, las heridas de nuestro relacionamiento paternal, o ausencia de la figura paternal,  relaciones mal construidas, relaciones interrumpidas. Sanidad de heridas emocionales que alimentan la amargura, y se transforman en instrumento de destrucción de vidas y ministerios en las manos del diablo. La sanidad está relacionada con la intimidad con Dios. En cuanto vamos abriendo el alma y el espíritu en la presencia de Dios, el Espíritu Santo va actuando, en un proceso de santificación, de sanidad, restauración. Eso es igual a un nuevo estilo de vida. Mira la similitud entre las dos palabras: santidad y sanidad. Toda la obra de salvación y santificación es una obra de sanidad divina. En cuanto vamos desarrollando intimidad, vamos quedando vulnerables, expuestos, nos vamos desarmando, y comenzamos a salir de la cáscara de protección, nos vamos descascarando, nos vamos sensibilizando emocionalmente. En la intimidad con Dios, yo descanso, soy yo mismo en mis debilidades, me torno totalmente dependiente. ¿Sabes por qué no nos podemos abrir los unos con los otros? Porque no hay comunión con Dios y por tanto no hay sanidad completa en nosotros. Vivimos a la defensiva.

Estos principios de la Palabra de Dios sólo los podemos desarrollar cuando de verdad tenemos intimidad con Él, de lo contrario es imposible.

Cuando hay intimidad de verdad, eso se ve; el Espíritu de Dios habla a tu espíritu y luego expresas en el día a día aquella convicción que nació de esa intimidad con Él. Y cuando eso sucede, el Espíritu Santo te anima, te consuela, te fortalece, te saca de la depresión. ¿Sabes lo que dijo David en el Salmo 119? “Levántame del polvo de la desesperación”. ¿Sabes por qué andamos más por el suelo que de pie? Porque no vamos a la intimidad con Él, para que Su Palabra y presencia obren en nuestros corazones. El asunto es que delante de Dios no necesitamos la máscara que muchas veces nos ponemos delante de las personas. Allí no hay hipocresía, ni nada oculto de mí; no hay falsedad, allí soy lo que soy, porque Él lo sabe todo. Allí estoy con mis dolores, mis traumas, heridas del alma, y le pido que obre en mí.

En la intimidad, mis sentimientos son desbloqueados, (muchas personas no experimentan sanidad, ni crecen espiritualmente porque están bloqueadas emocionalmente y han parado de crecer). En la intimidad los resentimientos son  revelados, los pecados son confesados y abandonados (Proverbios 28:13).

En la intimidad, el Espíritu Santo va ungiendo mis heridas, las va tratando, desinfectándolas y cicatrizándolas a través del proceso de santificación. Cuando ves la cicatriz, ya no sientes el dolor que te causó la herida, cuando ves la cicatriz ves la misericordia de Dios en tu vida. En la intimidad, experimento un corazón libre para perdonar y amar, y libero así a otros de sus pecados: Juan 20:23. Y en la misma medida que yo, por mi intimidad con Dios, experimento sanidad y libertad, así hago lo mismo con los demás.

Intimidad y sanidad no suceden en un momento, pero sí en un camino a recorrer con perseverancia, para llegar a la madurez. Un camino de santificación, hasta encontrarnos con el Señor. En este proceso de intimidad descubro la razón por la cual vivir, el sentido para la vida, el propósito y objetivo para mi vida (Colosenses 1:28, 29).

En la intimidad, encuentro definición ministerial, por descubrir Su voluntad para mi vida y mi función dentro del cuerpo de Cristo (Efesios 4:11-13).

En la intimidad, mi esperanza es renovada, mi vida es avivada. Sanidad en mis emociones trae madurez en la relación y en mi vida diaria, en donde no necesito estar ofendiendo ni agrediendo a los demás para sobrevivir o para que me respeten, ni para entender que valgo algo en esta vida.

En la intimidad, comienzo a experimentar en la práctica Efesios 3:20. ¿Cómo este texto se va a cumplir, si no voy a la intimidad con Él? Cuando lo hago, entonces comienzo a convivir con el Dios de los imposibles, conforme a Su poder que opera en mí. Voy a experimentar la realidad de ser conservado íntegro en cuerpo, alma y espíritu, aguardando mi encuentro con el Señor en gloria, y vivir en el presente una sanidad integral. Sanidad en relación con las tres dimensiones básicas del ser: física, emocional y espiritual.

1ª Tesalonicenses 5:23: “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.”

Así que meditando en esto por varios días, me pregunté por qué tanta palabra de poder y bendición que ha llegado a nuestras vidas, no ha producido un resultado acorde a esa palabra de Dios. Y la respuesta fue: “Porque no vienen a mí y por tanto no hay sanidad en sus vidas”.

Es tiempo de buscar a Dios.

Pr. Jorge Rosanova