Libertad

 

Mateo 15:21-28

¿Cuánto de verdad quieres tu libertad de lo que te oprime o te atormenta?

Vs. 21: Esta mujer que no era del pueblo de Dios, sino de uno pagano, ¿de dónde sacó que Jesús era el Mesías? Respuesta: Cuando hay necesidad, se sale a buscar a Jesús.

Miremos a esta mujer, que vino a pelear a favor de la vida de su hija, y a la que Jesús puso a prueba con situaciones públicas muy duras para esos tiempos. Hasta palabras ofensivas.

Perrito: la mujer tenía que entender el sentido de lo que Jesús quiso decirle al probarle, y lo entendió; los discípulos no. Ella le dijo: “Sí, Señor” (vs. 27).

“Te llamé, Hijo de David, y no me hiciste caso”. Parecía un rechazo, pero no lo era en sí mismo. Ella dice: “Te pedí: Socórreme; y me lo negaste con un desaire, haciendo silencio” (vs .23 a). Hasta los discípulos intercedieron, le rogaron a favor de ella (vs 23 b). Aunque no era por amor a esa alma, sino porque les era molesta, por el gran clamor e insistencia de esta mujer que sabía lo que quería, y no se iba a ir a su casa sin conseguirlo.

Despídela: significa aquí “que le concediera lo que pedía”. Aun ante la aparente negativa de concederle lo que pedía y el silencio de Jesús, para no hablar.

Vs. 24: la contestación de Jesús tiene que ver con el llamado, a lo que Jesús había venido: Juan 1:11. Jesús no tenía doble discurso, su misión principal era al pueblo de Israel. Sin embargo, Él no le niega nada a los que vienen a Él.  Pero si no iba a hacer nada en un  pueblo al que Él no había sido enviado, ¿a qué fue allí? Porque como esta mujer, hay personas que de verdad quieren la liberación para ellos o sus familias.

Lo mismo con la mujer samaritana. ¿Por qué Jesús fue por allí, cuando los judíos no debían ir por ese camino? Por la misma razón.

Hasta “Señor, socórreme”, ella aun no estaba reconociendo su estado de pecado, sino solo intercedía por su hija. Jesús, en su silencio, estaba esperando esa confesión, antes de actuar. Pero cuando ella reconoció su condición y  también reconoció el señorío de Cristo, cuando le contesta: “Sí, Señor; reconozco que no merezco nada, pero vengo a tomarme de tu favor” (vs.27), entonces sí, Jesús ahora va a actuar. Esto es lo que Jesús valora y espera de alguien que no se rinde cuando de verdad quiere su libertad de la opresión demoníaca en cualquiera de sus formas. Esa declaración de la boca de esta mujer conmovió a Jesús y Él le concedió lo que pedía.

Muchas veces la Escritura nos dice que Jesús encontró una gran fe en aquellos que no eran del pueblo de Dios, que  la tendrían que tener los mismos hijos que le conocían. Al probarla Jesús, activó la fe de la mujer, y le hizo mostrar la paciencia y la perseverancia que se necesita para obtener de Dios lo que de verdad necesitamos.

 

Hay liberación para ti ahora, en este momento, en este lugar. Esta mujer no reparó en ningún impedimento humano, tuvo valor para tragarse todo lo que Jesús le dijo y lo que no le dijo, y aun permanecer expectante hasta que Jesús le concedió lo que ella había ido a buscar. Pero, para recibir, tuvo primero que reconocer su condición y reconocer el señorío de Jesús.

 

¿Estás dispuesto a bancarte todo, como esta mujer, para recibir tu bendición o la de tu familia y ser libre para siempre? Ella dijo: “Es tiempo de libertad, estén o no las condiciones dadas”. Ella no se quedó ni se volvió atrás ante la primer negativa de Jesús, o cuando había silencio. Lo mismo pasa hoy aquí.

Quizá hace tiempo que lo buscas, que se lo pedias a Jesús y hay silencio o la respuesta parece no ser la que querías oír, o hasta pudieron resultar hirientes algunas respuestas; pero Él está viendo si tu fe está puesta en Él por encima de lo que estás viviendo. Esperanza humana de sanidad o libertad para su hija, no había, y salió en busca de la única esperanza que había; la misma que hay aquí hoy para ti. Cuando esa fe se activó, ocurrió la liberación (Vs. 28 c): ella regresó a su casa y su hija fue sanada desde aquella hora.

Si lo que estás pidiendo hoy no es para ti, sino un milagro en alguno de los tuyos, pues desde este momento empieza a pelear por lo que es tuyo, para que al llegar a tu casa encuentres tu milagro.

Pero si la liberación la necesitas tú, es tu momento; Jesús regresaba, y la mujer se tenía que quedar con el sufrimiento y el tormento, pero se aferró a Jesús, porque sabía su esperanza.

 

Pr. Jorge Rosanova