La Palabra de Dios es viva y eficaz

Sea que no le creamos, que seamos indiferentes a ella, que nos moleste leerla u oírla, o que la tomemos livianamente; por esa o cualquier otra razón, ella no dejará de ser lo que es ni de hacer lo que hace. ¿Por qué? Porque es Dios el que la escribió. ¿Qué hace ella? Produce vida, genera fe, realiza cambios, el diablo le teme y ella te ayuda a hacerle huir, cambia las circunstancias, consuela, trae alegría, da esperanza, libera poder sobrenatural, limpia nuestras mentes, hace que las cosas que no son, sean. No la menosprecies, es la carta de amor del Padre. No existe otra fuente de energía, alimento y fortaleza espiritual (1ª Pedro 1:23- 2:3; Santiago 1:21-25). Alguien que se considera discípulo de Jesús y no está permanentemente conectado a esta fuente de alimento, no podrá seguir siéndolo por mucho tiempo.

Juan 8:31: Jesús lo impuso como condición inamovible. No por capricho, sino porque es imprescindible para la vida. Juan 6:63. La Palabra ha de ser deseada con apetito como la causa de la vida, ser tragada en el oído, masticada con el entendimiento, y digerida por la fe.”

¿Qué envuelve la palabra permanecer en la práctica?

      1)      Aceptar su autoridad

Cuando no tomamos Su Palabra como fuente inicial y final de autoridad sobre nosotros, muchas situaciones no deseadas ni buscadas llegan a nuestras vidas por causa de tomar decisiones basadas en cuatro factores de autoridad que no son confiables, antes que confiar en la seguridad de la Palabra del Padre:

A. La cultura (sociedad): “Todos lo hacen; yo también”.

B. La tradición (familiar o personal): “Siempre lo hemos hecho así”.

C. La razón: “Bueno, me parecía lo más lógico”.

D. La emoción: “Sentimos” que era lo correcto.

Proverbios 30:5 nos dice que es pura, transparente, confiable. 2ª Timoteo 3:16, 17: útil (que sirve), es lo opuesto a inútil. ¿Y por qué útil? Porque viene directamente de la boca de Dios y porque tiene un cumplimiento (produce un resultado): enseña (te saca de la ignorancia espiritual), convence (del error), disciplina (como el padre al hijo, mediante instrucción, advertencia, ejemplo, bondades, promesas y castigos).

Y el vs. 17 reúne la finalidad completa de la obra que hace la Palabra. Un creyente (perfecto), es uno completamente equipado. Pero,  ¿quién? Al hombre/ mujer de Dios: es de propiedad de Dios, ya no se pertenece a sí mismo. En ése o ésa, la Palabra tiene el efecto. Dice: “Preparado para toda buena obra”. ¿Cuál? Toda la que Dios quiere hacer a través de él/ ella. Entonces la obra de Cristo es su obra también.

Por eso, el  no recibir la Palabra es negarle a tu vida la posibilidad de sacar todo lo mejor que Dios puso en ti.

Y, a su vez, impedirte ser una persona de valor (cosa en la que el diablo está empeñado que no conozcas, porque si lo haces él pierde poder sobre tu vida; por eso trata de mantenerte en ignorancia).

Aceptar la autoridad de la Palabra sobre mí, implicará primero decidir que la pongo sobre mí en toda situación; que cuando Dios me pida algo, confiaré, lo haré sin preguntar nada, tenga sentido o no, tenga ganas de hacerlo o no. Pablo hizo esta declaración: Hechos 24:14.

      2)      Debo asimilar su verdad

Así que la manera es llenando mi mente de ella. Y hay 5 maneras de hacerlo en la práctica: recibirla, leerla, investigarla, recordarla y reflexionarla.

A.     Recibirla: ¿Cuál es la actitud que tienes al escucharla? En la parábola del sembrador, Jesús dice que vio tres actitudes de rechazo: una mente cerrada (la tierra dura), una mente superficial (la tierra poco profunda), y una mente distraída (la tierra con hierbas malas).

Así que cuando veas que no estás aprendiendo nada de un mensaje o de tu maestro que te discipula, será mejor que revises qué actitud tienes hacia la Palabra. Santiago 1:21. Y  mira que Dios puede hablar a través del más aburrido maestro, si eres receptivo y humilde.

B. Leerla: Deuteronomio 17:18-20: hay creyentes que leen tres minutos la Palabra, pero miran tres horas de televisión sin quejarse; imposible hablar de crecer, de tener revelación, de conocer al Padre o saber tomar decisiones correctas.

C. Investigar: Santiago 1:25 dice: mira atentamente. Y además dice: bienaventurado en lo que hace, no en lo que dice. Te he enseñado acerca de hacerle preguntas a la Palabra (o sea al Espíritu Santo), tomar notas de lo que vas descubriendo. Parece que no entendemos que cuando nos ponemos frente a este Libro, es el mismo Padre que nos está hablando, el mismo Padre al que le oramos. Toma nota de lo que tu Padre te diga.

D. Recordar (memorizar): la capacidad de recordar es algo hermoso que Dios nos ha dado. Pero a veces es tan mal usada, y no es buena excusa eso de “tengo memoria pobre”. Porque fácilmente recordamos todo lo malo, lo negativo, lo que no edifica, pero no lo hacemos de igual manera con lo bueno, con los regalos de Dios, con la bendición. Esta Palabra que hoy tienes en tus manos tan fácilmente, fue conservada intacta por generaciones, pero les costó la vida a miles para que esto sucediese. Hay enormes beneficios en la vida diaria por memorizar la Palabra de nuestro Padre.

E. Reflexionarla (meditarla): concentrar los pensamientos; demanda un esfuerzo serio. Ah, pastor, no sé meditar; no puedo. ¿Estás seguro? Si sabes preocuparte, entonces sabes meditar, porque preocuparse es esforzar el pensamiento en algo negativo. Meditar es lo mismo pero enfocado en lo poderoso que es tu Padre, más que en el problema. Más tiempo dedicamos a meditar en Él, más revelación vendrá seguramente a nuestras vidas. ¿Por qué? Josué 1:8; Salmo 1:2, 3.

      3)      Debo vivir por sus principios (reglas de la casa)

Aquello que un padre establece en una casa y da seguridad a la familia. El Padre, por Su Palabra, saca a luz nuestros verdaderos motivos, señala los defectos, reprocha el pecado y nos pone frente a la decisión de cambiar. Por eso esta es la parte más difícil de todo lo que hemos visto. Por esta razón no es suficiente hacer todos los pasos anteriores, si no practico este.

Y es por esto que el enemigo lucha con tanta fuerza para que no vivas los principios de Dios. La verdadera bendición viene por obedecer a la verdad, no por conocerla. Conocimiento que no llevo a la práctica, no me pertenece.

Y en este punto cobra fuerza el discipulado: 1ª Tesalonicenses 4:18; 5:11, 14.

Vivir entonces así en la práctica incluye cambios en tu relación con Dios, tu relación con otros y tu carácter.

 

 

Pr. Jorge Rosanova