La mochila

¿Cuánto pesa tu vida? Imagina una persona con una mochila vacía en su espalda. Le vamos a ir agregando las cosas que tenemos en los estantes de la vida diaria (actividades, situaciones, cosas menores, trabajos amontonados sin hacerse, etc.). Fíjate cómo el peso comienza a sentirse. Ahora agrégale las cosas de la casa (las de cada día: comprar, pagar, decidir, salir, tareas, estudio, hijos, el trabajo, etc.). Ahora las más grandes: familia, dinero, deudas,  problemas, hijos, ministerio, etc.

¿Piensas que la mochila le es pesada a esta persona? ¿Podrá caminar y correr con libertad, rápido? ¿Cuánto tiempo podrá caminar a paso normal con esta carga encima?

Enseñanza:

Todo lo que está en esta mochila que nos hemos puesto, es lo que está haciendo que nuestra vida personal, familiar y espiritual esté a punto de aplastarnos. Ahora vamos a prenderle fuego a esa mochila.

¿Qué cosas intentarías sacar antes que se queme? Eso que intentarás “salvar”  son  las cargas que Dios nunca te pidió que llevases, por más que puedan resultar “lógicas” y atendibles. Pero queremos hacerle un favor a Dios cargando con todo ese peso, tratando de ayudarle a resolver esos “pesados” problemas de las personas y las situaciones que pusimos en la mochila. El resultado es que andamos la mayor parte del tiempo “bajoneados”, casi sin fuerzas, boqueando, arrastrando los pies debajo de tan pesada carga y nos decimos con bronca: “¿Cómo es posible que yo, mi matrimonio, mi casa y mi vida espiritual estemos así? ¿Cómo es posible, si Jesús dice que su carga es liviana? ¡¡¡No lo entiendooooooo!!!”

Jesús dijo cómo era y de quién era el tipo de carga que podríamos llevar: Mateo 11:30. Y si Él dice que podemos, es que podemos. Y claro que la carga que Él da es liviana; el problema es que vos -y nadie más- decidiste cargar en esa mochila todo lo que Dios no te pidió. Pero además con esa carga te es imposible disfrutar de las cosas buenas que Dios te ha preparado para tu vida espiritual y familiar. Así que, además de no poder ayudar a nadie -ni a ti mismo- pierdes las bendiciones concretas que Dios te ha querido dar, porque te son imposibles de recibir, ya que tu mochila está tan cargada que ni las bendiciones le entran.

Y eso produce amargura, bronca, debilidad espiritual y aun física. Lógicamente al tener toda esta carga sobre ti, lo que Dios desea que hagas para Él, es imposible hacerlo (eso incluye tu vida de oración, estudio de la Palabra, intimidad con Él, etc.). Y así que ahora para no quedar mal, porque te estás quedando atrás más y más, y te cuesta avanzar, comienzas a dar lástima, para que te miren y digan “Pobrecito, mira la carga que lleva”. Estás más concentrado en lo que llevas en la mochila, que en el camino; y mucho menos puedes concentrarte en una meta. Entonces te enojas porque ves que otros pasan corriendo a tu lado y te dejan como poste. “¿Y éstos?” Es que “éstos”, aprendieron y viven el Salmo 55:22. Sustentar es mantener, contener, llevar a upa; por eso andan tan livianos.

 

1.     Cuando una carga es demasiado pesada no debes continuar llevándola: Números 11:10, 11. Tú oras y Dios reparte la carga (Números 11:12-17). Y a veces, como en una segunda ocasión con Moisés, Dios tiene que usar a otra persona con palabra de sabiduría para que entendamos que nos vamos a liquidar si seguimos con esa carga: Éxodo 18:13-27. La clave era que Moisés fuese obediente y dócil al consejo: vs. 23 y 24.

2.     Cuando la carga la pone Dios, el resultado -a pesar de lo que tengamos que pasar- es abundancia (Salmo 66:8-12).

3.     Y aun cuando la carga viene de fuera de nosotros, por el enemigo, el opresor, Dios le pone fin a la carga y el yugo por la unción que viene sobre nosotros: Isaías 10:27. Y la unción transforma la carga en liviana y fácil: Mateo 11:30.

 

Pr. Jorge Rosanova