La Casa

 

Hebreos 3:5, 6- “Y Moisés a la verdad fue fiel en toda la casa de Dios, como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir; pero Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza.”

1ª Pedro 4:17- “Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si primero comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios?”

         El estado de la casa habla de la clase de padre que está en ella, como Moisés o Jesús, que han sido fieles (v.5); y como tal, ese padre es un proveedor. La casa dice si es un padre que honra  a Dios por la forma en que está cuidada y administrada tanto interior como exteriormente; o si es un flojo haragán que no se esfuerza en proveer para su casa (1ª Timoteo 5:8).

Hombre: ¿das el dinero necesario a tu esposa para lo que después exiges de ella para la casa y la comida?

Padres: exigimos a nuestros hijos las mejores notas y el mejor comportamiento pero, ¿qué le brinda la casa a ese joven o adolescente? ¿Es un lugar acogedor, atractivo y deseable para que, al salir de su centro de estudios, desee llegar a su casa y pueda decir “No” a los ofrecimientos que recibe afuera?

Esposa: ¿Está la casa, el hogar donde vives (y tu cuerpo: la casa), en condiciones atractivas para que el esposo desee llegar a ella y encontrar allí paz y descanso, y tener allí en buena manera lo que el mundo le ofrece afuera, pero a un precio muy alto?

Recuerda que el vecino, el familiar no creyente mira el estado de nuestras casas tanto como nos mira a nosotros como personas. Y por el estado de la casa es que sabe que hay algo deferente allí, o detecta que todo está igual y que sólo tengo una religión o vida religiosa con la cual no quieren saber nada.

Asombrosamente, el triunfo de Cristo en el calvario nos dio más que la victoria sobre la muerte. Obtuvo para nosotros despojos increíbles en esta vida: gracia, misericordia, paz, perdón, fuerza, fe. Todo lo que necesitamos para llevar una vida victoriosa y diferente en nuestras casas. Él nos ha dado toda provisión para el mantenimiento de su templo (su casa). Y no habla de “si se gana mucho” o “si se gana poco” (que es la excusa que ponemos para no mejorar nada en nuestra casa ni en nuestras vidas), porque todo lo relacionamos con dinero, pero para limpiar, barrer y adornar la mayoría de las veces no se necesita dinero, sino el saber para quién lo estoy haciendo.

Hebreos 3:6- ¿Qué deseos tendrá el Señor de venir a su casa –que somos nosotros- si está oscura, con olor a humedad, sin ventilar y con las cosas fuera de lugar? Cosas que no sirven para nada pero que guardamos como si fuesen tesoros porque “así aprendí” o “así me dijeron”. ¿Te gustaría venir a una casa así? ¿Pondrías ahí lo mejor que tuvieses? ¿Pondrá el Señor su unción y visión en una casa así? He visto a muchos cristianos conservar dentro y fuera de sus casas cosas que ni siquiera se podrían vender en una feria. Pero también se les ve conservar cosas en sus vidas, que hacen que los demás los rechacen: mal carácter, celos, envidias… pero allí están.

Y lo mismo sucede con el edificio material donde nos congregamos: ¿Qué ven los que no conocen a Cristo de este lugar que nosotros llamamos “casa de Dios”? ¿Su aspecto les atrae, les llama la atención? ¿Honra esta casa al Dios que les predicamos? Y en lo espiritual, cuando entran, ¿qué crees que perciben? ¿Salvación, limpieza, gracia, paz, convicción de pecados, liberación… o celos, envidias, murmuración, críticas y desconfianzas?

¿Te das cuenta entonces por qué aun no has recibido lo mejor de Cristo? El Espíritu Santo nos está mostrando una maravillosa verdad aquí: Jesús nos ha suplido de todos los recursos que necesitamos, en su Espíritu Santo; pero nosotros somos responsables de mantener la casa limpia y adornada llenándola de su presencia.

Así lo dice en Mateo 12:43-45: “Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo, y no lo halla. Entonces dice: Volveré a mi casa de donde salí; y cuando llega, la halla desocupada, barrida y adornada. Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero. Así también acontecerá a esta mala generación.”

Presta atención al v.44: dice que el espíritu inmundo considera al hombre “su casa”, ¿por qué? Porque estaba sucia, desordenada, y ocupada con miles de descartes. Y ahora, ¿cómo la encuentra?

Cristo ha limpiado la casa entera y nos ha dado acceso al lugar santísimo. Así que, por fe, ahora somos un templo plenamente establecido y completo. Jesús no edificó una casa a medias; su templo está acabado.

Desde Génesis hasta Apocalipsis Dios habla de que Él ama lo limpio. En Apocalipsis 19:7, 8, 14 dice que la esposa (la iglesia), estará vestida de ropas limpias. ¿Qué son las ropas limpias? Las acciones justas de los santos. O sea que en este momento, de la manera en que vivimos y cuidamos el templo (la casa), estamos haciéndonos el vestido que vestiremos en la boda. Y si el vestido no es el adecuado, no se nos permitirá entrar (Mateo 22:11, 12). En otras palabras, una casa (una vida), que fue limpia, ahora debe ser llena del Espíritu Santo, porque el espíritu inmundo regresa a ver si puede entrar, y esta vez no volverá sólo.

Así que la casa está ligada a nuestro testimonio con los de afuera (familia, vecinos, compañeros), que no conocen al Señor como su Salvador. Ellos no escucharán tanto si los atomizas con el evangelio, sino que más bien miran qué tipo de vida vivís tú y haces vivir a tu familia en la casa en la que viven. Si te ganas el respeto de ellos por la forma en que tienes la casa por el cuidado que le das, te ganas el poder ser escuchado cuando testifiques del poder de Dios para bendecir.

En otras palabras: las casas hablan.

¿Está tu casa limpia, barrida y adornada? ¿La has vaciado de inmundicia y llenado con el Espíritu Santo? Porque ese es el lugar que Dios eligió para habitar, para que el espíritu inmundo no tenga más lugar.

Varón: si la gente te reconoce como alguien que administra bien su casa, que paga sus cuentas, que eres respetuoso en tu trato con ellos…

Mujer: si eres una buena ama de casa o excelente empleada…

…entonces entenderás que has estado haciendo guerra en el mundo espiritual sin saberlo; y eso abre los oídos de la gente para que te escuches cuando les presentes a Cristo Jesús.

 

Pr. Jorge Rosanova