Intercambio De Cargas

 

Mateo 11:28-30: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.”

Venid: Es similar a otra invitación hecha por Dios:

Isaías 55:1-3:A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche. ¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan, y vuestro trabajo en lo que no sacia? Oídme atentamente, y comed del bien, y se deleitará vuestra alma con grosura. Inclinad vuestro oído, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma; y haré con vosotros pacto eterno, las misericordias firmes a David.”

 

Es otro intercambio, el de comprar sin dinero, pero en el vs. 2 dice: “¿Por qué gastáis vuestro dinero?” ¿Lo tenían o no? Antes tenían que dejar aquello en lo que lo habían malgastado y los había dejado sedientos (expresa profundo sentido de necesidad), y les impedía ser útiles para sí mismos y para el reino, para luego poder tomar lo que Dios les ofrecía. ¿Qué era lo que iba a vivir y deleitarse en lo que Dios les daría? El alma (vs. 2, 3).

 

Mateo 11:28 habla de los trabajos y cargas humanas que afectan el cuerpo. Proverbios 15:13, 17:22 y 18:14.

¿A dónde viene el descanso? al alma (ánimo). ¿Y por qué no directamente al cuerpo, que es donde parece que sentimos el peso? Porque es en el alma donde se sienten todos los efectos demoledores de las cargas.

Muchas veces se le dice a la gente “¿Para qué vas a la iglesia? Solo vas cuando estás cargado, cansado.” Y cuando estamos así es cuando vamos con más ganas. Al final, ¿a quiénes les extendió la invitación Jesús? a los que están cansados y cargados. ¿Cuántos están de verdad cargados hoy y dicen: “Me siento cansado y quisiera que ore por mí”?

 

Hay en la Escritura, en casi todos los mandamientos, una ley de intercambio, de reciprocidad. Había un error que veníamos cometiendo al venir al altar y decirles que traigan sus cargas al Señor, que Él se las llevaría. Y eso era todo y nos íbamos a casa pensando que así era, pero en la práctica no resultaba. ¿Por qué? Dejábamos las cargas, pero no nos llevábamos nada. El tema está en que cada vez que venimos delante de Dios, dejamos algo; y Su deseo es que nos llevemos algo; así es como debería funcionar. ¿Qué dice aquí? “Tráeme tus cargas, está bien, pero llévate las mías.” Hay un intercambio de cargas. Habla de dos tipos de cargas: una super pesada, agobiante, de opresión; y otra ligera, super liviana. El secreto para llevar Su carga está en que Él nos da Sus fuerzas, pero para nuestras cargas no tenemos más fuerzas que las nuestras para aguantarlas, y lógicamente caemos bajo el peso de ellas. Así que no nos queda otra más que darle nuestras cargas a Él, si no queremos morir aplastados bajo el peso de ellas. ¿No hemos pensado que si eso es lo que nos está pasando, es mejor traer de una vez por todas nuestras cargas a Él? Las de nuestra casa, matrimonio, trabajo, economía, salud; en vez de seguir quejándonos, enojándonos, murmurando, criticando y aun así no logramos más que empeorar nuestra situación, haciéndola más pesada.

Cuando hagamos hoy el intercambio de cargas una cosa va a suceder; el problema quizás aun no desaparezca del todo, pero la carga que trae el problema, sí.

 

Bueno, ¿cuál es entonces la carga que Jesús quiere que me lleve en el intercambio? Isaías 43:24; 53:6, 11, 12: Las almas. El Señor dice: “¿Qué fue lo que cargué en la cruz?” Los perdidos, orar por los enfermos, testificar (ser ministro del mercado, ¿recuerdas?)

 

¿Cuántas personas asisten a cada reunión? ¿Cuántos asientos vacíos hay aun? ¿Cuántas personas nuevas asisten? ¿Nos damos cuenta? No puede ser un porcentaje mínimo de personas nuevas que no conocen al Señor, entre esta cantidad de hijos de Dios. Ahí está el asunto. Eso significa que no estamos llevando Su carga, pero queremos venir a dejarle las nuestras. Por eso es que estamos cargados aun. En el intercambio, Él no nos dará lo nuestro hasta que no tomemos lo de Él. Entonces seguirá la carga hasta que nos dediquemos a hablarle más a otros del Señor, hasta que ayudemos a otros a llevar sus cargas a Jesús, hasta que veamos la necesidad y oremos por los enfermos, ayudemos al que se arrepiente de sus pecados; entonces cuando estamos llevando las cargas de Él, Él toma las nuestras y nos dice: “Ya no te preocupes, no sentirás más el peso”.

 

Cuando comenzamos a cargar las cargas celestiales, o sea por las que Él murió en la cruz (que por eso son ligeras), el peso de nuestras cargas comienza a desaparecer. En mi caso particular, muchas veces he estado cansado y cargado por pasar malos ratos, traiciones, opresiones diabólicas, fuertes tentaciones; pero al poco tiempo, otra vez me siento con fuerzas para seguir. Y a veces no tengo tiempo para mis cargas, porque en un momento ya estoy pensando en Sus cosas, en Él, qué será de aquel, del otro, pienso en el reino. Cuando mi mente se llena de las cargas de Jesús, se vacía de las otras cargas. Y te pones a orar y de repente te olvidas de orar por tu problema. Una voz del cielo dice: “Calma, yo tengo tu problema”.

 

¿Saben por qué en algunos casos tienen que poner siempre tanta música en donde estén? No es por la música en sí, o por ser espiritual, sino porque como Saúl, si no escuchan música no se les va la opresión de las cargas que tienen; o sea que tienen el espíritu de Saúl, que no quería llevar las cargas del reino, pero David sí las llevó. Y David era el que tocaba para Saúl. Así que si se detiene la música, aparece la opresión. Entonces proponte tomar las cargas del reino comenzando por hablar de Jesús a las personas y traerlas a Su casa. No importa cuántos sean, aun si los tengamos que colgar del techo, por tanta cantidad.

 

Cambia las cargas; toma la de Él, es lo justo. Pero salimos ganando enormemente; Su carga es fácil, ligera, liviana. Cuando nos cansamos de nuestro trabajo en nuestro grupo, en la cárcel, en nuestra tarea en la iglesia con los niños, jóvenes, adultos… no dejemos de hacerlo; si lo dejamos de hacer, nuestras cargas van a volverse más pesadas. Sirvamos a la gente, presentémosles a Jesús, mantengámonos en santidad, porque si de problemas se trata y por los problemas de la vida, ya entonces no podemos servir al Señor.

Sólo un ser humano tuvo el honor de llevar la cruz de Jesús: Simón de Cirene. Muchos la ven pesada y por eso no la quieren cargar, pero nosotros lo vemos como un honor. Para nosotros la verdad es que ya no hay cómo volver atrás, Él nos ha cautivado en Su reino.

Si de verdad quieres hacer un intercambio de cargas hoy, y ponerte a trabajar para Él, entonces ora. Y si aun dijeras hoy que no estás cargado, no esperes a estarlo para orar así.

 

“Señor Jesús, en este momento te entrego mis cargas pero tomo las tuyas; cuidaré de alguien más, le hablaré de ti a alguien más, oraré por los demás. Gracias Jesús; yo sé que mis cargas ahora sí, están en tus manos.


Pr. Jorge Rosanova