El yugo de Cristo

Isaías 9:1-7: “Mas no habrá siempre oscuridad para la que está ahora en angustia, tal como la aflicción que le vino en el tiempo que livianamente tocaron la primera vez a la tierra de Zabulón y a la tierra de Neftalí; pues al fin llenará de gloria el camino del mar, de aquel lado del jordán, en Galilea de los gentiles. El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos. Multiplicaste la gente, y aumentaste la alegría. Se alegrarán delante de ti como se alegran en la siega, como se gozan cuando reparten despojos. Porque tú quebraste su pesado yugo, y la vara de su hombro, y el cetro de su opresor, como en el día de Madián. Porque todo calzado que lleva el guerrero en el tumulto de la batalla, y todo manto revolcado en sangre serán quemados, pasto del fuego. Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto.”

El verso 1 dice que todo mal tiene un fin, no siempre estaremos en oscuridad y angustia en nuestra vida o familia.

El verso 2 dice que es tiempo de la luz; y no es una luz común, es gran luz. ¿A quiénes? A los que tienen sombra de muerte sobre sus vidas (simbolizado por el yugo opresor que mantiene nuestras vidas cautivas y no nos permite ver lo que tenemos delante); el yugo hace que la cabeza esté sólo mirando hacia abajo. Y el cuerpo responde sólo al golpe de la vara que causa dolor; que a su vez camina guiado por los gritos del que lo tiene con el yugo, y no por la dulce voz del amado Señor Jesús.

El verso 3 dice que no hay verdadera liberación, sin que exista alegría, gozo y paz.

El verso 4, (con el 10:27), están en abierta oposición al yugo que oprime y a la vara que golpea los hombros humillando a sometimiento.

Dios, en Su Palabra, siempre muestra que, aunque Él ha castigado y el instrumento fue el yugo, su deseo es de quitar yugos de sobre sus hijos, y en su lugar nos pide que tomemos el de Él. El otro fue un yugo impuesto; el de Él, pide que lo llevemos (Mateo 11:29, 30). Hay una diferencia grande entre imponer y pedir. Hay una diferencia grande entre cargar un peso insostenible y llevar una carga fácil y liviana. Porque hay un descanso que experimenta el alma que está bajo la autoridad de Cristo, que es la que hace posible el llevar su yugo, su carga. El yugo enemigo es para oprimir, tener bajo autoridad en forma obligada, es para maldición, es insostenible, pesado, agobiante; el de Jesús es fácil de llevar, y liviana su carga.

Según Isaías 22:22 y Job 12:13, hay una autoridad total, completa en Jesús. Tiene todo el gobierno. Apocalipsis 7:3 dice que la llave de abrir y cerrar los cielos, a quien debe o no ser admitido, la tiene Él; al igual que Él por su poder abre las puertas de las prisiones en las que muchos se encuentran, y cuando eso sucede, el diablo con todo su infierno no podrá volver a cerrarlas. No podrá llevar de nuevo cautivos a los que Dios libera (Apocalipsis 1:18).

Apocalipsis 3:8 y 2:9, 10 (esos son los falsos que pretender destruir y parar una obra que es de Dios): Aquí dice que cuando Dios abre una puerta para su obra, nadie la puede cerrar. Y así como es en una congregación, es en nuestra vida: La buena obra que Dios comenzó nadie la va a parar.

El cetro opresor simboliza el bastón de mando del gobierno del enemigo, en Hebreos 1:8 dice que el cetro de Jesús es de equidad, rectitud, honradez.

Algunos nombres y atributos de nuestro Señor, que enaltecen su reinado:

ü    El principado: Isaías 9:6- la señal de ejercer el gobierno y que descansa sobre Él.

ü    Consejero: Salmo 16:7;  Romanos 11:33, 34; 1ª Corintios 1:24; Colosenses 2:3.

ü    Dios fuerte: Salmo 24:8; Deuteronomio 5:9.

ü    Padre eterno: esto lo muestra como Admirable, que siendo niño, sea a la vez eterno Padre: Juan 10:30; 14:9.

ü    Príncipe de paz: Efesios 2:14.

 

Pr. Jorge Rosanova