El maná

Éxodo 16:1-4: Partió luego de Elim toda la congregación de los hijos de Israel, y vino al desierto de Sin, que está entre Elim y Sinaí, a los quince días del segundo mes después que salieron de la tierra de Egipto. Y toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón en el desierto; y les decían los hijos de Israel: Ojalá hubiéramos muerto por mano de Jehová en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos; pues nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud. Y Jehová dijo a Moisés: He aquí yo os haré llover pan del cielo; y el pueblo saldrá, y recogerá diariamente la porción de un día, para que yo lo pruebe si anda en mi ley, o no.”

Números 11:6-8: imaginemos cada día, durante 40 años, desayuno, almuerzo, merienda y cena la misma comida, mismo sabor e igual preparación.

Esa misma actitud hacia la Palabra de Dios tienen tantos, que ya ni comen. Están “aburridos”, cansados del mismo alimento. Salen a pedir al líder que recuerde que lo que comían como esclavos en Egipto, era mejor (o sea que estaban comiendo mejor que ahora, desde que están en Cristo).

Números 11:4; Éxodo 17:2; “A ver, alguien que nos dé lo que queremos; estamos cansados de lo mismo”.

Éxodo 15:24 y 16:2: la primer puerta abierta ocurrió tres días después de un milagro, sin igual hasta hoy; y ahí ellos dejaron para que luego entrara el “espíritu de murmuración y queja”.

Éxodo 16:7, 8: la murmuración contra los siervos, en realidad es contra Dios. Éxodo 16.9-11: cuando esta actitud persiste Dios -que ve y oye- mostrará su gloria y el respaldo a sus siervos; Dios no deja las cosas así no más.

La segunda puerta abierta esta relatada en Números 11:4-6: había egipcios mezclados (gente sin visión del plan de Dios, pero con visión de mundo). Les hicieron soñar con banquetes y abundancia de carne en el desierto; eso era enfermar  la mente. A esta excitación del apetito, ningún pueblo era más propenso que el de Egipto. Pero los israelitas participaron del mismo sentir, y expresaban descontento por el maná con el cual se habían alimentado hasta ahora, en oposición con la abundancia de vegetales con los cuales se alimentaban en Egipto.

Éxodo 16:3: cuántas veces las quejas de unos por la Palabra, trayendo a memoria lo pasado, inyectan veneno y descontento a su familia y la iglesia.

Números 11:10: cuando permitimos que “hermanos” con mente de mundo nos inunden diariamente con sus quejas, nos harán llorar a nosotros también con sus lamentos del pasado quitando valor a la sustancia de la Palabra (el maná).

Éxodo 16:15c: pero para nuestra información, este es el pan que Dios eligió para que nos alimente en nuestro tránsito por esta vida. Tanto es así que cuando les llega este pan preguntan: ¿y esto qué es?

Juan 6:31-35; 63: Él y Su Palabra son alimento (maná) que sustenta la vida espiritual.

Vs.35: ¿por qué te sientes siempre insatisfecho, como que algo te falta? Porque lo único que puede saciarte es aquello de lo que estás “aburrido” de comer. Así que empiezas a delirar sobre lo que podrías hacer si no estuvieras en la casa de Dios.

¡Y eso que tenían de antemano palabra profética de aviso de que Dios les alimentaría de esa manera! (vs.8)

Éxodo 16:19: lo que Dios nos manda hoy es para hoy, no para mañana. Éxodo 16:24: hay cosas que nos son mandadas hacer hoy, y cuando las hacemos como corresponde y en el tiempo de Dios, producen el efecto deseado por Él, y es que nos mantiene alimentados y fuertes, pero al contrario: vs.20; cuando lo hacemos como nos parece, resulta una pudrición y da mal olor (pero para justificar decimos que eso era algo espiritual). Y produce el enojo del Padre. ¿Era tan difícil obedecer algo tan sencillo?

Éxodo 16:25: Cuando Su Palabra dice hoy, es hoy; cuando Dios dice que hoy vamos a encontrar lo que necesitamos, es hoy. Pero como muchos están “aburridos” de escuchar la Palabra, van a buscar alimento el día y la hora que les viene en ganas, y no lo encuentran. Vs.26, 27: siempre hay algunos que no entienden que cuando Dios dice no, es no; y si ahora, es ahora.

Éxodo 16:28, 29: Dios dice: “¿Hasta cuando? Y lo describe como insistente desobediencia y rebeldía. Esa actitud provoca el enojo de Dios, y algo que debiese ser tan bueno como alimentarse, termina siendo de dolor y sufrimiento, aun causando muchas pérdidas.

Yo he recibido la Palabra de Dios en la iglesia; no tengo otra costumbre que venir a la iglesia cada día de reunión, y no me molesta hacerlo, como no me molesta respirar. ¿A ti te da bronca respirar? ¡Todos los días lo mismo! ¿Te aburre tomar agua todos los días? La iglesia y Su Palabra para mí son como el aire que respiro, son como el agua que bebo.

Éxodo 16:35; Deuteronomio 8:3; sustentar: dar banquete. Ese alimento “repetido” tuvo la virtud increíble de fortalecerlos sin que se debilitaran  durante el peor tiempo de sus vidas (la soledad del desierto), donde no se encontraba todo lo que encontrarían en otro lugar. Tenía todos los nutrientes necesarios para la vida, además de serles un banquete continuo. ¿Cuántos ya miran el alimento que Dios ofrece en Su Palabra como algo insulso, sin sabor, y se fastidian cada vez que tienen que comer de él?

Josué 5:12: cuando llegaron al nuevo nivel el maná cesó, y comieron otra sustancia que estaba preparada. ¿Cuando será que la Palabra se te volverá como a este hombre? Salmo 119:103. ¿Cómo era el sabor del maná? Dulce (Éxodo 16:31c).

Iglesia: ¿cuándo te darás cuenta de este portento: Salmo 19:7-14 y 119:104 a?

La Palabra (el maná) es clara y cierta, digna de confianza, justa, pura, santa y verdadera. Por tanto reanima a los deprimidos por las dudas, hace sabios a los sencillos, regocija al que ama la verdad, fortalece a los desanimados, provee principios permanentes de conducta, y por la gracia de Dios trae rica recompensa.

Salmo 119:98, 99 y 105: Son otros beneficios. ¿Dónde recibirás bendición de Dios si no es en Su iglesia y Su Palabra? La Palabra de Dios que te puede dar aliento, esperanza, vida eterna, que puede darte fuerzas contra la adversidad, que puede sanar tu enfermedad y las dolencias de tu corazón, vienen de lo que Él manda para Su iglesia.

El salmista conocía el poder de la Palabra de Dios; todo el Salmo 119 es un poema a la Palabra de Dios, a sus pensamientos, a sus mandamientos, a sus estatutos, a la ley de Dios que es, nada más ni nada menos, que su Palabra (el maná de vida).

¿Te aburre comer para vivir? ¿Te seguirás quejando y contaminando a los demás? ¿O pasarás a ser un agradecido de la esclavitud de donde Dios te libró? Sólo Él puede saciarte. Para ir adelante a la conquista de un nuevo nivel como iba este pueblo, hay que desprenderse de todo espíritu que te ata al pasado, y contentarte con el maná del cielo, que es Jesús.

 

Pr. Jorge Rosanova