El fruto del Espíritu

 

Gálatas 5:16-25: “Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley. Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a éstas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre. Templanza; contra tales cosas no hay ley. Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu.”

El apóstol Pablo, al exponer en su epístola a los gálatas la temática de la libertad del cristiano y la naturaleza de su nueva vida, usa la expresión “fruto del Espíritu” (en singular), en contraposición a “las obras de la carne”, que está en plural.

Para el apóstol “el fruto del Espíritu es...”, aplicando así el principio de que el árbol bueno produce buen fruto. El Espíritu Santo es la energía personal en el cristiano que activa su nueva vida por la que puede producir el fruto multiforme de Gálatas 5:22, 23.

Hay una relación bien directa entre andar y vivir en el Espíritu de Dios, y producir fruto del Espíritu (vs.16 y 25).

Amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza”. Este fruto viene todo del mismo árbol y raíz y pone de manifiesto la abundancia, la savia que pone el Espíritu de Dios en la vida regenerada. La fe es la sustancia que hace que se arraigue firmemente la nueva planta en el terreno abonado y sembrado por la Palabra, (Efesios 5:7- 11: hay un marcado contraste aquí entre el verso 9 y el verso 11: fruto del Espíritu versus obras infructuosas de las tinieblas).

Verso 8: la bondad, justicia y verdad son lo opuesto a lo que había antes en nosotros: malicia, avaricia y mentira.

Amor: Gálatas 5:14 y 1ª Corintios 13.

Afable: agradable, dulce, suave en la conversación y el trato.

Piadoso: templado, suave, apacible.

Benevolente: que tiene simpatía y buena voluntad hacia las personas.  

Gozo: es un deleite calmo; alegría del ánimo. No es algo que cambia según las circunstancias. Hay diferencia entre gozo y alegría. Gozo está relacionado con seguridad en las promesas incambiables de Dios.

Paz: 1ª Corintios 7:15. El llamado de Dios a nosotros es a paz, no a continuas discordias y conflictos (Romanos 15:13). Santiago 3:18: los verdaderamente sabios para con Dios, al ser pacíficos y tolerantes hacia su prójimo, tienen como primera preocupación el sembrar la justicia, no disimulando los pecados de los hombres, sino reprendiéndolos con tal moderación apacible, que son  médicos  antes que verdugos. Se siembra en paz; su cosecha será paz.

Paciencia: capacidad de padecer o soportar algo sin alterarse. Capacidad para hacer cosas pesadas o minuciosas. Facultad de saber esperar cuando algo se desea mucho. Implica sufrir circunstancias adversas esperando en Dios de una manera voluntaria, y no “porque no hay mas remedio” (Santiago 1:3, 4).

Benignidad: es lo que ayuda a arreglar y ajustar los ánimos de quienes estaban opuestos entre sí. Benigno es alguien que no es severo o duro con las faltas de los demás. Afable, benévolo, piadoso, templado, suave, apacible.

Bondad: cualidad de bueno. Natural inclinación a hacer el bien. Acción buena. Genio blando y apacible. Amabilidad de una persona respecto a otra.

Fe: “fidelidad”; que es contraria a las “herejías”. 1ª Corintios 13:7: “cree todas las cosas”; fe en el sentido más amplio, para con Dios y el hombre. Fe siempre está relacionada con el creer, no de una manera simple, sino profunda.

Mansedumbre: de condición benigna y suave. Apacible, sosegada, tranquila (1ª Timoteo 6:11). Es aquella serenidad de espíritu, pacífica y humilde, en virtud de la cual el hombre no se deja arrebatar fácilmente de la ira con motivo de las faltas o el enojo de los demás.

Templanza: Moderación, sobriedad y continencia. Una virtud que consiste en moderar los apetitos y el uso excesivo de los sentidos, sujetándolos a la razón. Temple (el punto de dureza o elasticidad). La raíz griega da a entender: refrenamiento de sí mismo en cuanto a deseos y concupiscencias, que es codicia ilegítima y desordenada.

Humildad: virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento. Sumisión, rendición.

Debemos vestirnos del fruto del Espíritu.

         Colosenses 3:12-15- “Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto. Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que así mismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos.”

 

Pr. Jorge Rosanova