El espíritu de Caleb

 

Números 13:30; 14:24- “Entonces Caleb hizo callar al pueblo delante de Moisés, y dijo: Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos.”

“Pero a mi siervo Caleb, por cuanto hubo en él otro espíritu, y decidió ir en pos de mí, yo le meteré en la tierra donde entró, y su descendencia la tendrá en posesión.”

        Veremos cómo el tener la actitud y el espíritu de Caleb y de Josué frente a lo que Dios ha dicho y prometido, no te van a hacer muy popular frente a la mayoría de los hermanos, y menos con el enemigo de nuestras almas (Números 13:17-27).

Deuteronomio 1:19-46: Donde Moisés aclara que el envío de los espías fue el deseo del pueblo y no el deseo de Dios. Él permitió que se usara este plan para revelar al pueblo cómo estaban en realidad sus corazones. Dios les había dicho muchas veces cómo era Canaán, las naciones que allí habían, cómo los derrotarían y que les daría la herencia prometida. Por tanto, ¿qué necesidad había para ir a espiar la tierra? Triste es decirlo, pero la naturaleza humana prefiere andar por vista y no por fe.

Los espías observaron la tierra e incluso volvieron con un poco del maravilloso fruto, pero también trajeron un informe negativo y desalentaron al corazón del pueblo. Salvo Moisés, Caleb y Josué, nadie del pueblo creyó que Dios podía cumplir sus promesas -¿crees que al día de hoy esto ha cambiado en algo con la iglesia de Cristo?-

Los diez espías incrédulos ilustran a los cristianos de hoy. Han espiado su herencia en Cristo y hasta han probado algo del fruto de su bendición, pero su incredulidad les impide entrar en ella. Es interesante notar cómo Josué fue promovido.

En Números 11:28 se le llama “el siervo de Moisés”: a la larga él sería su sucesor. Lo vemos como soldado en Éxodo 17:8-16; Éxodo 24:13 lo muestra con Moisés en el Sinaí; en Éxodo 33:11 está a cargo del tabernáculo; y en Números 13 lo vemos como uno de los espías. Como fue fiel en cada tarea que Dios le dio, fue promovido. En Deuteronomio 1:38 es declarado por Dios “sucesor de Moisés”. Números 13:30 muestra en qué se basaba la actitud de Caleb. Por lo general, no se escucha a la minoría; pero la verdad no puede ser medida en números. Por el contrario: a menudo se levanta en contra de la mayoría. Aunque, como en este caso, la minoría tenga la verdad. La verdad permanece inalterable debido a que es garantía por el carácter de Dios. Dios es verdad y lo que Él dice es la última palabra. En ocasiones, cuando alguno de sus hijos tiene esa palabra especial de Dios para conquistar lo que Él le ha dado, esa persona debe estar dispuesta a quedar sola, incomprendida y hasta mal vista por sus hermanos.

Caleb no era tanto un hombre de una gran fe, sino un hombre de fe en un gran Dios. Su valentía descansaba en su conocimiento de Dios, no en la confianza de Israel para conquistar la tierra.

Nosotros a menudo basamos nuestras decisiones en lo que los demás están haciendo. En realidad tenemos la actitud de los diez espías, y se la pasamos al resto del pueblo. Frente a las circunstancias la mayoría de las veces preguntamos a expertos en el tema, a amigos; pero evitamos por completo preguntar qué dice Dios sobre el mismo asunto. El tema central es que el mismo Dios que guió y dio seguridad extrema a Caleb, con la que nutrió su espíritu, es el mismo que anhela darnos a nosotros lo mismo. Lo que los diez espías habían considerado como rechaza divino para no entrar a poseer la tierra, Caleb lo vio como una invitación a una nueva vida. ¡Qué diferencia de actitud! ¿Verdad?

Josué 14:6-14; 15:13, 14 dice que recibió la promesa 45 años después con el mismo espíritu y ánimo que antes, sin amarguras contra sus hermanos, que por su espíritu contrario se lo habían postergado tanto.

Números 13:25-29: Dios les había dicho todo lo que la tierra tenía y ellos lo comprobaron, pero aun así no dejaron de hablar de las cosas malas que podrían suceder (gigantes, ciudades amuralladas). Esa actitud facilita que olvidemos la promesa de Dios.

Cuando enfrentamos la decisión difícil, no debemos permitir que lo negativo haga perder de vista lo positivo.

Números 13:28- 14:37 (Hebreos 3:7): el v32 del cap. 13 dice que hablaron mal de aquello de lo que Dios habló bien. ¿Cuál fue el resultado? Números 14:37. Esto nos enseña que no es bueno para la salud ponerse a hablar mal de las cosas de las que Dios ha hablado bien en la congregación (llámese promesas que Él ha dado, llamamientos que Él ha hecho a alguien, visiones que Él ha mostrado, estrategias que Él ha dicho que sigamos, etc.); así que no nos conviene hablar mal de la bendición que no queremos tomar. Es meterse en un terreno muy delicado. Aprendemos de Caleb que él nunca utilizó su verdad para crear divisiones; permaneció junto a los que no querían la bendición por otros 40 años. ¡Cuánta paciencia y cuánta fe! ¿Nosotros lo soportaríamos? Hay quienes, en situaciones similares, se niegan a seguir junto a aquellos que no se atreven a creerle a Dios, y aprovechan para hacer su vida (los Caleb y Josués no lo hicieron así).

Vieron los gigantes y se vieron a sí mismos como langostas, pero nunca vieron a Dios. Sus ojos estaban puestos en los obstáculos, y no en Dios que los condujo hasta allí. Caleb marcó la diferencia; él dijo: “Más podremos nosotros que ellos”. ¿Por qué lo dijo? Dios da la respuesta en Números 14:24. El pueblo, ¿qué dijo? “No podremos”.

Números 14:28, 29: las quejas y las murmuraciones contra los siervos de Dios, como en este caso (Moisés, Josué, Caleb), no son pasadas por alto por Dios. Él dice que lo que se habló por la espalda del siervo, se habló a los oídos de Dios. La incredulidad ve los obstáculos; la fe, las oportunidades.

Hebreos 3:4- En vez de entrar en el pleno reposo de Cristo y confiar en él para cada necesidad, los cristianos dudamos, vemos los problemas y comenzamos a andar sin rumbo y sin descanso, ciegos a las bendiciones.

Hebreos 3:12- Esto tiene aplicación práctica también para cada creyente de hoy. La incredulidad es un pecado que acosa a todos por igual y viene de un corazón que ha descuidado su confianza en Dios.

V.16- Muchos fueron sacados del desierto de la derrota y nunca entraron a poseer lo que les pertenece; andan dando vueltas.

V.17- ¿Qué causó el corazón malo de incredulidad? No oír la voz de Dios (y sí otras voces). Dejarse engañar por el pecado.

Hebreos 3:13- Por otra parte, rehusamos las exhortaciones de quienes quieren ayudarnos.

Hebreos 5:11- 6:20

 

Pr. Jorge Rosanova