El corazón de la adoración

  R omanos 6:13_ “… ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia.”

 

En la sociedad y cultura en que vivimos, rendirse, o sea, reconocer la derrota frente a alguien más fuerte, no es una palabra ni una acción agradable para nadie. Eso es en el plano natural, y ahí nació la película: Rendirse nunca, retroceder jamás.”

Pero en el plano de nuestra relación con Dios, rendirse a Él es el centro de la adoración y también la llave de la victoria en la vida.

Y cuando podemos entender esta verdad central ya no nos rendimos por temor u obligación, sino por amor; pues Él nos amó y se entregó primero por nosotros.

¿Cómo lo hace?

Oseas 11:4_ “Con cuerdas humanas los atraje, con cuerdas de amor; y fui para ellos como los que alzan el yugo de sobre su cerviz, y puse delante de ellos la comida.”

¿Cómo es la acción de entrega?

Romanos 12:1_ “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.”

La palabra presentar (ofrecer) es la esencia de la adoración.

A este acto se le da diferentes nombres: consagración, llevar la cruz, morir al yo.

Lo importante es que se haga y no cómo se llame.

Hay tres obstáculos que bloquean esa entrega: temor – orgullo – confusión.

·     Como no nos damos cuenta de cuánto Dios nos ama, pretendemos seguir teniendo el control de nuestra vida, y eso hace que nos cueste -y mucho- rendirnos a Dios.

¿Puedo confiar de verdad en Dios?

Sino confiamos no podemos entregarle nada. Pero tampoco podemos confiar plenamente en Él, hasta que no le conozcamos mejor.

El temor (falta de confianza) impide la entrega, porque no hemos comprendido que el perfecto amor echa fuera el temor. Y entonces dudamos y no le damos el control.

¿Cómo sabes que Dios te ama?

Porque te lo dice incontables veces, nunca te pierde de vista, cuida de cada detalle de tu vida. Te dio la capacidad de disfrutar de su creación, te perdona, es cariñoso y paciente contigo, tiene un propósito grande…

Su mayor expresión de amor fue en la cruz; tanto te amó que dijo: “Prefiero morir, a vivir sin ti.”

Él no intenta doblegar nuestra voluntad, sino que nos atrae hacia sí, como vimos en Oseas, para que podamos ofrecer voluntariamente nuestra vida. Y sólo cuando de verdad nos entregamos a Él, descubrimos quién es. Y también quiénes somos nosotros en verdad. Reconozcamos nuestras limitaciones.

·     El segundo obstáculo es el orgullo.

Nos cuesta admitir que somos seres limitados y que no tenemos el control de todo.

Mucho de nuestro “stress” tiene que ver con querer tener el control total. Hay muchos que jugamos a ser Dios y eso es muy negativo en todo sentido. Y cuando eso sucede estamos más cerca de parecernos al enemigo, porque fue eso lo que él pretendía.

Cuando nos enfrentamos a nuestras propias limitaciones reaccionamos con enojo, resentimiento, irritación. Queremos ser de tal o cual forma y cuando esto no sucede nos disgustamos. Y cuando vemos que Dios le da a otro lo que yo le pedía, reaccionamos con celos, envidia y lástima de nosotros mismos.

¿Qué significa rendirse?

Entrega. Rendirse son actos que traen confusión a mi vida, porque estaba acostumbrado a tener el control y manejarme como quería, sin dar cuentas a nadie.

Así que la entrega no es para cobardes ni para gente que no piensa. Ni tampoco para anular nuestra personalidad, porque Dios quiere usar la mente que nos dio, no que la desperdiciemos.

Rendirse a Dios entonces no es resignación pasiva, excusa para la pereza, ni tampoco aceptar el estado actual de cosas sin más. Ni tampoco quedar en confusión. Así que cuando más dejamos que Dios tome nuestras vidas por completo, más nos convertiremos en lo que de verdad tenemos que ser, y no en malas copias de lo que no somos.

Mi verdadera personalidad, nace de la de Él.

Así que entrega se demuestra con:

Obediencia y confianza a lo dicho por su boca. El que se ha rendido a Dios, obedece a Su Palabra aunque piense que lo que Dios dice no tiene sentido.

4 ejemplos de esto:

·       Abraham salió sin saber a dónde iba.

·       Ana esperó el tiempo de Dios sin saber cuándo sería.

·       María esperó un milagro sin saber cómo.

·       José confió en el propósito de Dios sin saber por qué le pasaban las cosas.

¿Cómo saber que nos hemos entregado a Dios?

ü    Cuando dependemos de Él para todas las cosas, en lugar de manipular a los demás o de tratar de imponer mis ideas o querer controlar la situación. No necesitamos estar siempre al control.

Salmo 37:3-8_ Confía en Jehová, y haz el bien; y habitarás en la tierra, y te apacentarás de la verdad. Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón. Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y él hará. Exhibirá tu justicia como la luz, y tu derecho como el mediodía. Guarda silencio ante Jehová, y espera en él. No te alteres con motivo del que prospera en su camino, por el hombre que hace maldades. Deja la ira, y desecha el enojo; no te excites en manera alguna a hacer lo malo.”

En lugar de esfuerzo humano se trata de más confianza.

ü    Cuando no reaccionamos ante la crítica, ni nos apuramos para defendernos.

O sea, no nos dedicamos a descalificar a los demás para sacar luz a nuestros propios derechos. Y también antes de complacerte con aquellas cosas en que tú sobresales, fija los ojos en aquellas en las que tu prójimo te aventaja a ti: esto es la verdadera “humildad” (Filipenses 2:3).

ü    Una de las cosas más difíciles en la entrega, es el dinero. Lo cual también indica si hay confianza en que Jehová proveerá o no.

ü    Finalmente, la entrega auténtica es aquella que exige un grado de madurez alto, y es la que puede decir: “Si este problema, situación, o lo que sea, son necesarios para cumplir tu propósito para tu gloria en mi vida o en la de otro, entonces pasaré por ahí.”

Jesús lo vivió:

Marcos 14:36_ “Y decía: Abba, Padre, todas las cosas son posibles para ti; aparta de mí esta copa; mas no lo que yo quiero, sino lo que tú.”

Las bendiciones de rendirnos

Ø    Paz (Job 22:21).

Ø    Josué 5:12- 6:5- la victoria de rendirse trae poder de Dios para vencer. Parece una contradicción. Aquí vemos que la entrega no nos debilita, nos fortalece. Dios usa gente consagrada, dispuesta a hacer lo que no tiene sentido, fuera de lo común. Es que si quieres ver cosas que nunca viste, tienes que hacer cosas que nunca hiciste.

Ø    La mejor manera de vivir. De una o de otra manera todos terminamos rindiéndonos a algo o a  alguien. O a Dios, o a las opiniones y expectativas de otros (quienquiera  sea), o al dinero, al temor, al resentimiento o a nuestro propio orgullo.

Vimos que Dios nos creó para adorarlo, y cuando no lo adoramos a Él crearemos otras cosas (ídolos) a las que nos entregaremos. Y Jesús dijo sobre eso: “No puedes servir a dos señores, porque amarás a uno y aborrecerás al otro.”

Entregarse no es la mejor manera de vivir: es la única. Es lo más racional, sensato y responsable que podemos hacer con nuestra vida hoy. nuestros momentos más sabios serán cuando le digamos a Dios: “Sí, Señor”.

Puede ser que tardemos algún tiempo, pero al fin vamos a descubrir que el mayor estorbo para la bendición de Dios en nuestra vida no son los demás, sino nuestra  propia voluntad, nuestro orgullo obstinado y nuestra ambición personal.

Sería mejor descubrirlo y remediarlo hoy mismo. Porque no podrás cumplir los propósitos de Dios, mientras vivas concentrado en tus propios planes y estos estén bajo tu control. Cuando Dios comienza a trabajar a fondo con nuestra vida, comienza con esto.

Así que hay un instante para consagrarnos, y una vida de práctica.

El problema de los sacrificios vivos sobre el altar es que se pueden escapar: Romanos 12:2_ “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.”

Así que es necesaria la re consagración.

Advertencia: cuando tomamos la decisión de consagrarnos totalmente, eso será puesto a prueba. Y no de la forma que quisiéramos. ¿Todavía estás luchando con Dios acerca de si Él tiene o no derechos de hacer con tu vida lo que le plazca? Como he visto los resultados de lo que Dios puede hacer con un hombre que se consagra totalmente al Señor, yo personalmente estoy abocado a esa tarea con mi vida, peleándole al enemigo y a mi carne palmo a palmo cada parte de mi vida. La lucha es furiosa, pero sé que los resultados serán maravillosos.

A mi parecer, lo que Pablo describe en Romanos 8 es algo muy vivo en este tiempo.

Y como vimos lo que puede hacer un sacrificio vivo (bajarse del altar de la entrega), yo lucho con eso. Y el Espíritu Santo es el único que me puede ayudar a consolidar la entrega de esa parte de mi vida que se niega a morir.

estoy seguro que a ti también.

 

 Pr. Jorge Rosanova