El buen alumno aprende

         En otras ocasiones hemos dicho que Jesús es la solución completa y total a todas nuestras situaciones. Ahora es necesario que aprendamos a vivir.

Podemos orar para sacar todo demonio fuera y se tendrán que ir por el poder de la oración, en el nombre de Jesús, pero si no aprendemos por la Palabra a cerrar la puerta por la cual entraron, volverán y serán 7 veces más que antes. En otras palabras, si no aprendemos a vivir, no hay liberación, sanidad, prosperidad o  restauración que pueda valer.

Y de aprender a vivir habla el apóstol Pablo en Filipenses 4:11-13. Pablo, con su experiencia en diferentes circunstancias, nos da palabras claves para aprender a vivir: “he aprendido”, “sé vivir”, “estoy enseñado”. Lo mejor es que “todo lo puedo en Cristo, que me fortalece”. ¿Cómo? A causa de lo que aprendi. La vida cristiana consiste en eso.

Oremos por una sumisión paciente y por esperanza cuando estemos derribados; por humildad y una mente celestial cuando estemos jubilosos. Es gracia especial tener siempre un temperamento mental sereno. Cuando estemos humillados no perdamos nuestro consuelo en Dios ni desconfiemos de Su providencia, ni tomemos un camino malo para nuestra satisfacción. En estado próspero no seamos orgullosos ni nos sintamos seguros ni mundanos. Esta es una lección mucho más difícil que la otra, porque las tentaciones de la plenitud y de la prosperidad son más que las de la aflicción y la necesidad.

El mensaje es: “a vivir se aprende, siempre hay algo y alguien que me enseña”. Si somos buenos alumnos, el maestro aparecerá. Una vez, como hombre casado, intenté aconsejar a un joven soltero sobre su noviazgo; pero comenzó a rebatirme. Entonces desistí, porque cuando el alumno no quiere aprender no hay maestro que pueda enseñarle. Es como si Pelé quisiera enseñarme a jugar fútbol y yo intente darle consejos. Algunos somos mejores para aprender que otros, pero al final todos terminamos aprendiendo, a la buena o a la mala. Lo mejor es que te dejes guiar y aconsejar para afrontar las dificultades que sean necesarias. Todos debemos madurar, nadie puede vivir sin crecer emocional y espiritualmente.

Es cierto que después de la vida hay algo más: la eternidad; pero el Señor nos dio esta vida para que la aprovechemos aprendiendo a vivirla, no solo a pasarla. Dios tiene que ver con ambas vidas, Su plan se cumplirá aquí en la tierra, así que Su plan con nosotros se completará cuando hayamos aprendido a vivir de acuerdo a como Él quiere enseñarnos.

                   

2ª Timoteo 3:14, 15: “Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido; y que desde la niñez has aprendido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la feque es en Cristo Jesús.”

Cuando hemos aprendido a vivir por la Palabra y estamos convencidos (persuadidos) de que es algo de gran valor, no dejemos ese estilo de vida, ni lo cambiemos por nada que nos ofrezcan.

Persiste: es mantenerse firme, constante en algo. Es el consejo de Pablo a Timoteo. Es el mismo consejo de Dios a nuestras vidas ahora. Las dificultades que he afrontado como líder del ministerio me han enseñado a dominar mi carácter y ser fuerte. Es imposible aprender sin pasar por malos momentos; debemos sacarles provecho para aprender a pensar, resistir y ser sólidos en Cristo.

 Hay tres claves para ser mejores y aprender a vivir:

  Orar

Filipenses 4:6, 7: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.”

De nuevo el Señor nos insiste en la necesidad de orar y pedir. Ahora hace énfasis en que nuestra petición debe ser notoria. No me cansaré de decir que Dios quiere escuchar nuestras peticiones. Otro mensaje claro es no afanarnos por nada. La oración se lleva el afán y produce una paz que da descanso. Cuando oramos pidiendo resolver lo que nos afana, estamos demostrando nuestra fe y nace la confianza. Repítelo hasta que lo entiendas, hay que orar por todo y no afanarse por nada. Por ejemplo, ante un problema económico, primero debemos orar para que el Señor nos ayude a administrar nuestros ingresos y seamos más ordenados. La sensatez y el aprender buena administración será el primer milagro. Dios nos hará ver que tal vez no es el momento de comprar algunas cosas que nos habíamos propuesto. En el momento que seamos más ordenados con nuestras finanzas, podremos pedir que se incrementen nuestros ingresos. Cuando dejemos de ser inmaduros pidiendo milagros, recibiremos lo que necesitamos.

Cree y deja de afanarte. Haz la petición correcta para que se vaya el afán.

Santiago 4:1-4: “¿De dónde vienen las guerras y lo pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, porque no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites. ¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad con el mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios.”

Un ejemplo de pedir mal y aprender peor. Si estamos enfermos, pidamos sanidad; pero antes roguemos por un cambio de hábitos que nos ayuden a vivir mejor. El primer milagro será comprender que debemos comer sano y cuidarnos, luego vendrá la obra poderosa del Señor. Si padecemos de presión alta, oremos por salud, pero también dejemos de comer cosas que nos hacen daño.

Notemos que la Palabra también habla de acción de gracias. El agradecido tiene menos afán, obtiene más bendiciones y favor que el orgulloso que cree que todo lo merece. Dios aprecia la gratitud. Él sabe lo que necesitamos antes que se lo pidamos, pero pidámoslo. Todo está conectado, primero aprender a orar para que el resto venga por añadidura. Afrontemos con sabiduría el afán porque las dificultades nos enseñan a no afanarnos. Todo se aprende con experiencia. Nadie aprende a nadar sino se mete al agua. Por lo tanto, bienvenidas sean las situaciones que afanan y nos enseñan. No huyas, enfréntalas porque te hacen crecer en fe y carácter.

   Pensar

Filipenses  4:8: “Por lo demás, hermanos, todo lo verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.”

Nos habla sobre pensar. Lo primero es orar. Luego viene lo realmente difícil: hay que pensar. Es muy importante aprender a pensar, porque lo hacemos siempre. El problema es que pensamos una cosa y oramos por otra. No es posible que pensemos que moriremos y oremos por salud; debemos cambiar una de las dos. Lo mejor es siempre orar y pensar en lo bueno, puro y honesto. Aquellos de doble ánimo (doble mente), que piensan y oran diferente, no pueden recibir de Dios porque lo confunden. Explica en Santiago 1:6-8. Él no sabe si debe responder al pensamiento o a la oración de la persona. Dios nos pregunta: “¿Hasta cuándo claudicarás entre dos pensamientos?”. Decídete, piensa y ora de la misma forma para lograr el objetivo que tienes en mente. Orar es una cosa y pensar otra, pero están relacionadas. Si piensas que puedes lograr algo, ora pidiendo las fuerzas para hacerlo. Cuando todo va mal, piensa que es momentáneo y que es posible salir adelante si tienes a Cristo Jesús a tu lado. No te equivoques, la actitud de un campeón es pensar bien.

  Hacer

Filipenses  4:9: “Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros.”

Concluye diciendo sobre la acción. Orar, pensar y hacer es el proceso correcto para vivir. Lo que haces, evidencia lo que piensas y oras. Dime cómo procedes y te diré cómo piensas; dime lo que piensas y te diré quién eres. Porque haces lo que piensas. Entonces, para lograr una vida mejor, es importante aprender a pensar en grande. La Palabra nos dice: “Puestos los ojos en el autor y consumador de la fe”.  Y también dice: “Moisés se sostuvo como viendo al invisible”. Sin sueños no tienes con qué balancear tu mente, emociones y propósitos, ni tampoco cómo sostenerte. El apóstol nos aconseja que hagamos conforme a lo que vemos, escuchamos y recibimos. Aprendamos a vivir imitando el ejemplo de quienes  tienen experiencia. Tengamos la humildad de aprender de alguien. Para avanzar, pregúntale al que va adelante; para obtener algo, consulta con quien ya lo tiene; para lograr más, pregunta al que ya lo logró. Sobre todo, entrégale tu vida al Señor que te la ha dado.

¿Has aprendido algo este año que ha producido una transformación en tu vida? ¿O sigues igual que en enero? ¿Te preguntaste hacia dónde vas en el próximo año con tu vida si sigues pensando de la manera que piensas y vives hoy? ¿Podrás decir como Pablo: “He aprendido, estoy enseñado, sé vivir, sé tener.”?

 

Pr. Jorge Rosanova