Dos… ¿o uno?

 

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arcos 10:8, 9- “…y los dos serán una sola carne; así que no son ya más dos, sino uno. Por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre.”

¿De acuerdo o separados?

Amós 3:3-“¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?”

En muchas facetas del matrimonio es así como están sentados ahora; juntos de acuerdo pero a través de quien ? Vs. 9: “No lo separe el hombre”.Y ese acuerdo no debe destruirlo el hombre por medio de divorcios sin causas que no se puedan arreglar.

Pero en otras areas el diablo ha logrado colocarlos en desascuerdo y separación severas.

Estudiando Mateo 18:19, ¿cómo llegarán las respuestas de Dios a la vida matrimonial y, por tanto, cómo serán satisfechas las necesidades de la familia? Si no hay acuerdo, si somos dos cuando conviene y cuando no, uno solo.

La Biblia es cortante en cuanto a la práctica de fingir o simular que todo está bien, en lugar de encarar honestamente las grietas de las relaciones. Desde que soy pastor, nunca se me apersonó una pareja para pedir ayuda en sus conflictos; siempre han venido por separado para tratar de hacer valer sus razones sobre el otro, buscando salvar su prestigio y buen nombre acusando al otro, sin asumir su propia cuota de responsabilidad.

Como a veces se enfatiza que cuando aparecen los conflictos, son el resultado de que estamos haciendo guerra espiritual; esto no es cierto, no todos los casos son así. Pues no podemos dejar fuera de los conflictos la parte humana (nuestra voluntad, el ego), o sea que no se puede ignorar y pretender que no existe, pues ello va a traer mayores problemas.

Es cierto, sí, que en el medio de los conflictos, cuando la brecha se ha abierto en el muro de nuestro relacionamiento, aparecen los poderes espirituales causando estragos; pero ellos utilizan las armas que nosotros les damos en ese momento, que son las cosas a las que  les damos valor y nuestra pareja no; lo que nosotros creemos y nuestra pareja no.

Ahora, sería bueno recordar ciertas cosas: el problema no está en alguno en particular; nosotros estamos juntos en esto. No es lo correcto decir “Arreglá vos este problema”, como si yo no fuese parte del otro.

Recordar cuántos conflictos anteriores resolvimos juntos con éxito, y cuál fue la estrategia que utilizamos; y cómo al resolverlos nos fortalecimos en nuestra intimidad y se hizo más profunda, pues eso nos llevará a ver lo que nos separa hoy y poder reenfocarlo.

Gastamos mucho de nuestro tiempo:

·    Procurando entender por qué nos pasan estas cosas, pero sin mucho ánimo de resolverlas de fondo.

·    Buscando la solución en la superficie, hablando del problema  del momento y sus consecuencias, y no yendo al fondo, en el pasado, donde comenzó todo. Sólo poniendo parches para que al poco tiempo revienten con más fuerza.

·    Apareciendo como víctima.

·    Tratando de culpar al otro por lo que pasa; hiriendo, más que sanando.

·    Actuando como si Dios no supiera la verdad.

·    Tratando, también, de presionar al otro para que cambie, porque “ya no aguanto más”; pero de cambiar yo, mejor ni hablar. Por lo tanto es algo imposible, destinado al fracaso (Eclesiastés 4:9-12).

Brechas

Se abren por las actitudes y hechos exteriores que tienen que ver con la voluntad. Cosas que tienen solución en la palabra de autoridad de Dios, pero en las que se usa la sabiduría humana para resolverlas.

                   Desórdenes:       Financiero- económico: por administración equivocada, fuera de la economía de Dios.

Varón: por no cumplir su rol y su papel de proveedor en el área de trabajo, proveyendo para las necesidades básicas; en el rol y papel de protector, brindando seguridad y confianza a su esposa, como cabeza y líder.

Mujer: por no funcionar como la ayuda idónea para lo que fue creada por Dios, y tomar papeles que no le corresponden -aunque sean justificados- sabiendo que lo único que podrá cambiar esa situación es la oración de clamor y descanso en la justicia de Dios, que sabe que ella se quiere ajustar a su Palabra (Lucas 18:1).Cuando como mujer pasa por alto Proverbios 31:10.no se esta dando su lugar como tal en la pareja.

Higiene: cuando la higiene personal y de la casa distan mucho de ser algo digno de una hija de Dios, (aun cuando el varón tiene también su parte en la ayuda de la higiene de la casa). La falta constante –y es a eso a lo que me refiero- de arreglo y atractivo personal, tanto del uno como del otro, va a traer como consecuencia varios peligros, en especial para el que trabaja afuera. La tentación de verse a diario con mujeres y hombres bien arreglados y presentables con los cuales se convive más horas que con la pareja, es algo digno de atenderse por parte del otro cónyuge. Lo mismo sucede con la casa y su arreglo y decoración, haciéndola agradable y disfrutable y no deprimente para el que llega después de un día de trabajo agotador y lleno de presiones humanas y espirituales. Para no encontrarse con su pareja que le reciba con todos los pelos parados, desalineado, mal vestido y que cuando entra en la casa no encuentra dónde sentarse. Y de los niños ni hablar. Entonces ese hombre o esa mujer querrán cada vez menos estar en familia. Si se persiste en esta actitud, luego que pasen cosas serias, “la iglesia, Dios y los hermanos” tendrán la culpa.

Intimidad: falta de intimidad afectiva y sexual. Esto puede ser causado por lo que ya hablamos: falta de motivación a causa de las continuas discusiones por la irresponsabilidad, la falta de atractivo por el desaseo, la higiene. Pero también lo causa el hecho de no buscarse un tiempo y espacio para estar solos, hablarse, mimarse, tocarse, decirse cosas que sólo se puede decir cada pareja, que los motive a compartir lo afectivo y también busque la excitación sexual. Cuando una pareja carece casi por completo de este espacio (y digo “casi” por completo, porque cuando lo hacen es a escondidas, allá por las 3 ó 4 de la madrugada), tarde o temprano llegará el reproche mutuo, manifestado en muchas maneras que no son sólo las sexuales.

Los hijos: la educación. El hombre descarga la mayoría de las veces sobre la esposa la educación de los hijos, olvidando que es algo compartido. En otros casos existe el extremo de la sobreprotección, que casi siempre es por una de las partes, que trae a diario conflictos de pareja y a la larga, muchas lágrimas a ambos y la acusación severa del “¿Te diste cuenta ? ¡Te dije hace tiempo que esto iba a pasar! En el otro extremo, hijos sin atención ni corrección, con la excusa de que “no tengo tiempo para mí, menos para ellos”. O que lo haga el otro porque “yo ya tengo bastante con trabajar”.

Una más: celos. Que es en el fondo falta de confianza y seguridad del amor del otro, y que en poco tiempo si no se le pone límites, se vuelven celos enfermizos, que es un espíritu destructor de matrimonios.

De seguro hay más brechas en los matrimonios, pero creo que estas son las más reiteradas y las que causan más estragos a las parejas y también al pueblo de Dios, y enlentecen la marcha hacia la tierra prometida. Con todo, muchas parejas viviendo en estos desórdenes sin solucionar, pretenden que Dios igual obre, y si no lo hace entonces se enojan, y dicen que la iglesia y los hermanos no hacen nada por ayudarlos.

Ciertamente Dios quiere y está deseoso de bendecir cada pareja, pero no hará la parte que le corresponde a cada uno. Es tiempo de dejarnos de acusaciones mutuas y de pretender  que cambie el otro primero, sin yo hacer ni siquiera el intento de reconocer que tengo que cambiar también aun si el otro no lo hace, y vivir el evangelio por obediencia y amor a Dios y dejar el milagro de cambiar al otro, al Espíritu Santo.

Somos dos que el Señor amó e hizo uno para Él. Somos dos que el Señor hizo uno para fortalecerse, amarse, sostenerse, levantarse, animarse, defenderse (Eclesiastés 4:9- 12). Y no para vivir haciendo todo lo contrario a esto: debilitarse, odiarse, empujarse, hacerse caer, desanimarse, acusarse. Haciendo esto estamos de acuerdo sí, pero con el espíritu del diablo, que es el acusador.

Pr. Jorge Rosanova