Crecimiento y madurez

 

No hay cortadas en el camino hacia la madurez. En el plano natural, ser adulto, ver crecer un fruto, requiere tiempo. En el plano espiritual es lo mismo; el desarrollo del carácter para parecernos a Jesús requiere de tiempo. Todo lo que se acelere para madurar, perderá el sabor.

Nosotros estamos preocupados de cuán rápido crecemos, pero Dios está más interesado en ver cuán fuertes crecemos. Antes de que Jesús pueda tomar el completo control de nuestras vidas, tiene que “ablandarnos”, permitiendo algunas cosas que no podemos resolver. En ese período hay algunos que abren su vida de manera completa al Señor, pero la mayoría resistimos y estamos a la defensiva.

Así que discipulado es el proceso de parecernos al Maestro (Efesios 4:13, 14). Madurar es dejar de ser niño.

Semejante a Cristo: destino final; el viaje dura toda la vida. El viaje involucra: *Creer (mediante la adoración) *Pertenecer (en la comunión) *Hacer (mediante el discipulado) *Llegar a ser más como Él cada día (Colosenses 3:10).

Vivimos en el mundo de lo instantáneo, en comida, tecnología, reparaciones, etc. Y eso lo traspasamos a la vida espiritual, pensando que un seminario, conferencia, o experiencia espiritual, cambie de un plumazo la situación, saque las tentaciones, y nos libre de los dolores del crecimiento. La madurez nunca llega por que hayas tenido la más grande experiencia espiritual; es gradual.

 

¿Por qué toma tanto tiempo madurar?

Dios podría transformarnos en un momento, pero decidió hacerlo de a poco. ¿Por qué?

1)      Somos lentos para aprender. Fácilmente olvidamos lecciones que Dios nos enseña y volvemos a cosas del pasado. Así que necesitamos volver a repetir la clase.

2)      Porque tenemos muchas cosas que desaprender. Muchos arrastran problemas “históricos” de su vida, y pretenden que en una hora de consejería y ministración se le quite de repente. Esos problemas relacionados con malas costumbres, hábitos dañinos y maneras de pensar erradas no llegaron en dos días a nosotros. No es correcto pensar de que se irán en dos días tampoco. Claro que tenemos la nueva naturaleza, pero hay que desaprender lo mal aprendido. No hay oración, ungimiento o algo que lo cambie en un día. Eso es lo que Dios llama: sacar el viejo hombre y vestirse del nuevo (Efesios 4:22-25 y Colosenses 3:10-17).

3)      Tenemos que enfrentar con humildad la verdad acerca de nosotros mismos. El temor de descubrir quiénes somos en verdad nos tiene paralizados negándolo. Enfrentar con sinceridad los defectos de carácter, es cosa de valientes. Y solo en la medida que permitamos que Dios pueda tratar con todas esas cosas, podremos trabajar en ellas. No es posible crecer sin una actitud humilde y una buena disposición a aprender.

4)      El crecimiento es doloroso y asusta. Y por tanto el temor frena el crecimiento. No hay crecimiento sin cambio, no hay cambio sin temor o pérdida y no hay pérdida sin dolor. Todo cambio trae siempre algo de pérdida (como en una mudanza). Los malos hábitos y costumbres han hecho pedazos nuestras vidas, pero son pocos los que se arriesgan a dejarlos de verdad. Es como un par de zapatos gastados (nos resultan familiares y cómodos). Muchos construyen su identidad sobre sus defectos. “Soy así, qué voy a hacer; no puedo cambiar, estoy viejo o demasiado joven para eso”. Como un psiquiatra amigo me enseñó: “Si dejo esto que conozco, aunque es malo, dejo de ser, no existo; entonces, ¿quién seré?”

5)      Desarrollar hábitos buenos lleva tiempo. Tu carácter es la suma de todos tus hábitos. No es instantáneo: 1ª Timoteo 4:15. La práctica lleva a la perfección. Repetición trae carácter y habilidad. Eso es disciplina espiritual.

 

No te apures

Crecer espiritualmente requiere que yo coopere con el Espíritu Santo. Él no lo hará sin mí.

1)      Dios está trabajando contigo aun cuando no lo sientas. Crecer es un trabajo tedioso, va un paso por vez, gradual. Así como en el año hay estaciones también las hay en la vida espiritual. Hay tiempos de rápido crecimiento en corto tiempo (como en primavera), y le sigue un período de aparente prueba y estancamiento (otoño e invierno), donde hábitos y heridas no terminan de irse. Es parte del proceso. En Dios no hay duro que no se ablande.

2)      Toma nota del proceso. Somos de muy mala memoria para recordar lo que Dios ha estado haciendo con nuestras vidas; hay lecciones que Dios tiene que repetirlas porque las olvidamos. Repasar entonces lo que Dios ha estado haciendo en nosotros evitará dolor y sufrimiento innecesarios (Hebreos 2:1).

3)      Sé paciente con Dios y contigo mismo. A veces sentimos que el programa que Dios tiene nos hace sentir frustrados, pues nunca es igual al nuestro porque Él va más lento de lo que esperábamos. Nosotros siempre estamos apurados, pero Dios no. Él nunca está apurado, ni nunca llega tarde. En la Palabra hay muchos ejemplos donde Dios se tomó tiempos largos en preparar a los hombres que Él iba a usar. Moisés: 80 años=29.200 días de espera, la mitad de ellos en el desierto, donde Moisés se preguntó una y otra vez: “¿Ya es la hora?” Dios le contestaba: “Aun no”. Así que en este mundo de lo instantáneo, la madurez lleva tiempo. Dios se toma 100 años para que un roble crezca, pero una sola noche para un hongo. Hombres y mujeres que marcaran vidas en esta generación y harán historia para la próxima, son personas que han crecido en Dios a través de dificultades, luchas, tiempos de sufrimiento y de cosas no entendidas (Santiago 1:4).

4)      No te desanimes. Habacuc 2:1-4: él se había estado quejando delante de Dios al molestarle la demora de Dios ante la grave situación que vivía (1:2-4). ¿Qué le responde Dios? 2:2, 3: ¿Te parece demora? Él dice que viene en camino. Vendrá y no tardará. Lo que Dios está haciendo en tu vida, llegará a verse en el momento justo, aunque hoy te sea demora a ti y los demás impacientes que desean verte “santo”. Vs. 4: dice que hay un trabajo activo de la fe, en esperar mientras dura el proceso. El que cree de verdad, esperará; el que no, no aguantará el proceso y se volverá atrás. A los que se impacientan contigo porque no ven nada en ti, y tú mismo si te sientes ansioso y molesto como Habacuc porque rengueas de algún mal todavía, y parece que Dios no hace nada, Él dice lo mismo aquí: Vendrá y no tardará y el justo por la fe vivirá (la de él, no la de los demás). Así que un retraso en los planes no quiere decir que Dios paró de obrar.

 

Recuerda cuánto has progresado, no cuánto te falta aun. No estás donde quieres, pero tampoco donde estabas ayer. Así que puedes ponerte un cartel que diga:Ten paciencia, Dios no ha terminado conmigo aun”. Y agrégale: “Contigo tampoco”. Y tú lees lo mismo en el que va caminando en frente de ti. Así que tenemos que seguir adelante. ¿Cuánto le habrá costado a la pareja de caracoles subir al arca desde que fueron llamados a subir? Perseveraron y subieron.