Comunión

Salmo 133:1- “¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!”

El verdadero significado de la vida es compartir. En muchas iglesias el significado de comunión unos con otros es comer, jugar, divertirse, sociabilizar. Pero no es ese el verdadero significado de la comunión cristiana. Es amar desinteresadamente, servir, sacrificar tiempo, consolar, ser solidario con el que sufre, interesarse por el estado del hermano y compartir con corazón sincero: esta es una receta anti-egoísmo. En la comunión unos con otros, los detalles más pequeños son los más importantes.

      1)   La comunión auténtica no es superficial.

Es allí donde se expresa lo más profundo de la persona. Es un ámbito de mutua confianza que no se da en grandes grupos; por eso existen diferentes grupos de discipulado. Allí se da la honestidad, la mutua confianza; no hay fingimiento, amistad superficial, ni traidores y entonces comparte penas, fracasos, dolores, admite sus debilidades y pide ayuda en oración a sus hermanos en la tranquilidad de que su asunto no será ventilado en forma hiriente. Eso es verdadera autenticidad. No hay máscaras. Nadie está a la defensiva, porque no es necesario.

Pero mucha gente prefiere la cantidad (en iglesias grandes, donde nadie o muy pocos le conocen), para no ser descubiertos o sanados, porque no están dispuestos a ser auténticos.

En la comunión de los grupos de discipulado no tiene espacio el chisme, la crítica ácida ni la murmuración. Sólo se puede vivir la verdadera comunión cristiana cuando se es transparente.

Juan 1:7, 8- Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él. No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz.”

En el mundo se piensa que para tener comunión, tiene que haber oscuridad (secreto); pero Dios dice que la comunión necesita de luz. En la oscuridad (del ser), se esconden con facilidad dudas, temores, fracasos, dolores, culpas, etc; pero al sacarlas a la luz en el ámbito de la verdadera comunión, mostramos realmente quiénes somos en verdad. Claro que para vivir esta comunión y ser auténtico, tiene que haber una gran cuota de valentía y humildad, porque significa enfrentarnos a ser expuestos, rechazados e incluso ser heridos otra vez. ¿Por qué entonces correr semejante riesgo?

Santiago 5:16- “Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho.”

Porque es la única forma de crecer espiritualmente y conservar la salud emocional. Porque al no hacer claros nuestros sentimientos, eso producirá mucho enojo y dolor. Esta forma de comunión es el antídoto contra el desequilibrio. ¿Sabes qué es el antídoto contra un veneno? Ser expuesto al propio veneno.

     2)   La comunión auténtica trae reciprocidad.

Es el arte de dar y recibir. Toda relación de servicio, amistad, etc, es un camino de ida y vuelta. Hay hermanos que viven reclamando que no se les visita, no se les llama, que estuvieron enfermos o en situaciones duras y nadie los llamó, visitó, ni se interesó. Pero la pregunta es: ¿qué sembramos para cosechar eso? Ser recíproco, vivir en comunión es eso: construír relacionamientos, compartir responsabilidades  y ayudarse mutuamente.

Romanos 1:12- “…esto es, para ser mutuamente confortados por la fe que nos es común a vosotros y a mí.”

La mutua fe nos ayuda unos a otros en fortaleza. Porque no hay ninguno en la iglesia de Cristo que sea tan pobre que no nos pueda impartir algo de valor; es sólo nuestra malignidad y nuestro orgullo lo que nos impide sacar algún fruto de cualquier fuente.

Romanos 12:9-18; 14:19- “El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno. Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros. En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor; gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración; compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad. Bendecid a los que os persiguen; bendecid, y no maldigáis. Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran. Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los humildes, no seáis sabios en nuestra propia opinión. No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres.”

“Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación.

Es bien explícito en la reciprocidad. No somos responsables por cada persona en el cuerpo de Cristo, pero sí de hacer lo que podemos por ayudar.

     3)   En la comunión verdadera, experimentamos compasión.

La compasión llena dos necesidades básicas humanas: el ser entendidos y el ser apreciados como somos. Compasión no es dar un consejo o parche a la pasada, sino comprender el dolor del otro (empatía).

La comunión tiene diferentes niveles:

ü   Compartir y estudiar la Palabra juntos.

ü   En el sufrimiento (ayudamos a sobrellevar las cargas- Gálatas 6:2).

ü   En el servicio a los demás.

ü   En un grupo más pequeño se experimenta más profundamente la presencia de Cristo.

     4)  Se experimenta misericordia

Es un ambiente de gracia donde no se resaltan los errores sino donde se trabaja para resolverlos.

2ª Corintios 2:5-8- “Pero si alguno me ha causado tristeza, no me la ha causado a mí solo, sino en cierto modo (por no exagerar) a todos vosotros. Le basta a tal persona esta reprensión hecha por muchos; así que, al contrario, vosotros más bien debéis perdonarle y consolarle, para que no sea consumido de demasiada tristeza. Por lo cual os ruego que confirméis el amor para con él.”

Nadie está libre de tropiezos y caidas; así que todos necesitamos de misericordia y de estar dispuestos a recibirla. De alguien que nos ayude a levantarnos. Al ser tan imperfectos de seguro alguna vez -con o sin intención- ocasionamos daños a nuestros hermanos.

Colosenses 3:12, 13- “Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia;  soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.”

 

Pr. Jorge Rosanova