Cómo Dios actúa

 

Dios responde a nuestros errores de una manera totalmente opuesta a lo que pensamos, merecemos o lo que los demás dicen que tendría que pasarnos.

 Miremos cómo funciona la misericordia de Dios:

 

Ejemplo 1) En Hechos 9 se nos enseña acerca de un hombre llamado Saulo de Tarso, uno de los hombres más religiosos de todos los tiempos. Saulo de Tarso pudo jactarse de lo siguiente: "He vivido en toda buena conciencia delante de Dios hasta el día de hoy". Pero, ¿qué hacía este hombre piadoso?
Saulo estaba tan lleno de odio hacia Jesús que con determinación persiguió a la iglesia de Dios, incluso fuera del territorio judío. Hechos 9 narra cuando Saulo está en camino a Damasco, tratando de destruir al pueblo del Señor.

Considere la acción de Dios hacia este hombre que se convirtió en el evangelista cristiano más grande que jamás haya existido. Repentinamente, una luz del cielo resplandece a su alrededor, ¿con qué objetivo? ¿Para confundirle o ponerlo bajo culpa y condenación? ¿Para destruirlo o para pronunciar ira y juicio sobre él? No. Esta luz resplandeció para anunciarle a Saulo que su iniquidad había sido perdonada y su pecado cubierto. Imagine a Saulo postrado ante la luz brillante y escuchando la voz de Jesús. Saulo, que había asesinado, enviado a la cárcel a hijos de Dios, y en lugar de escuchar acusaciones, enojo y juicio de parte de Jesús, las palabras que escucha son: "¡Yo soy Jesús!" En ningún momento Jesús  hizo mención de la impiedad de sus acciones. ¿Por qué? Porque Saulo estaba persiguiendo a su mejor amigo. Y él no lo sabía.

Amados, este mismo Jesús nos ofrece la misma misericordia. Aunque merecedores de juicio y reproche, le oímos decir: "Yo soy Jesús, tu Salvador." Agradécele este día por la misericordia que él ha mostrado.

 

Ejemplo 2) Lo  mismo aconteció con la mujer encontrada en el acto mismo de adulterio. La pusieron en medio de todos (Juan 8:3). Imaginen el estado emocional de la mujer, más allá de ser encontrada infraganti, las consecuencias de su acto: vs. 4, frente a esa escena donde todos los ojos estaban fijos en ella. ¿Qué le dijo Jesús? “Ni yo te condeno…”

Esta es la fe de la que ahora estoy hablando: Cuando todos nuestros recursos fallan y yacen muertos frente a nosotros y nos sentimos lo peor creyendo que no honramos a Dios, esta es la fe que salva al alma de todo.

 

Ejemplo 3) Lucas 7:36: el vs. 49 señala: "Pero Jesús dijo a la mujer: tu fe te ha salvado, vete en paz”. Como puede ver, aquí no hay ninguna mención de la fe anterior de esta mujer. Pero, sí habla de su amor en el vs. 47: “Por lo cual te digo que sus pecados, que son muchos, han sido perdonados, porque amó mucho”.
Aquí se habla de sus lágrimas; se reconoce su gran liberalidad, su generosidad espléndida y amor a Jesucristo. Y él no dice: “Mujer, tus lágrimas te han salvado, vete en paz”. Tampoco dice: “Mujer, tu arrepentimiento y humillación te han salvado, vete en paz”. Ni tampoco: “Tu amor por mí y tu generosidad para conmigo te han salvado, vete en paz”. En algún momento del camino de Jesús, entre la multitud, estaba esta mujer despreciada por la mayoría, que escuchó algunos de los mensajes del Maestro; allí fue tocada, la fe fue movida, quedó convencida de pecado, y decidió abandonar su triste vida, y el amor de Dios la invadió y esperó la oportunidad de demostrárselo aun en contra de lo que se esperaba por ser quien era.
Esperó a Jesús en la puerta y entró donde no fue invitada, pero no le importó. Vs. 45: entró junto con él. Sin embargo, Jesús vio la obra del Espíritu Santo en ella, que había decidido confiar en él dado que era una gran pecadora. Según las costumbres de la época (apedreada) ella se arriesgó mucho en ir a esa casa. Y él le dice: “Mujer, tu fe te ha salvado, vete en paz”. No hubo ninguna palabra de condenación ni le refregó por la cara frente a todos allí su condición de mujer pública.

 

Ejemplo 4) Marcos 2:3: ¿Qué hay en nosotros que atrae la maravillosa gracia, misericordia y perdón de nuestro Salvador? ¿Es que hay alguna clase de belleza, bondad, o fortaleza  en nosotros? ¿Tenemos algún potencial? ¡No! Es nuestra gran necesidad y absoluta impotencia lo que atrae su gracia. Es nuestra debilidad la que atrae su fuerza. Nuestra condición de impotencia se encuentra ilustrada en este  hombre paralítico. “Entonces vinieron a él unos trayendo a un paralítico…”.  Este es un cuadro de absoluta impotencia, de un hombre sin ninguna gota de fuerza ni poder. Es más, este hombre ni siquiera podía ir ante Cristo por sí mismo. Mira nuevamente a esta persona impotente, débil y temblorosa, prisionero de su propio lecho. Ese somos tú y yo antes de conocer el poder de Cristo. Al estar Jesús ante este hombre discapacitado y a quien habían bajado por el techo, Jesús no hace mención alguna de su condición física. El señor eligió traerlo a la presencia del Padre, limpio y sin faltas. Él sería aceptado antes de ser sanado. Y vemos otra vez fe en acción, y Jesús respondiendo a esa fe. “Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados” (Marcos 2:5). ¡Qué hermoso cuadro del amor de Dios en Jesucristo! Aquí observamos a un hombre discapacitado y tan abrumado por su enfermedad que no puede murmurar un quejido o proferir una débil confesión. El fariseo dueño de casa, con todas sus buenas obras, sus alardes, nunca atrajo la gracia del Señor. Porque no es por obras, para que nadie se gloríe. Muéstrenme un hijo de Dios que batalla contra un pecado que lo acosa, o alguien que se encuentra abatido por el peso de su culpa y desesperación, alguien que se siente impotente y débil, y yo les mostraré aquél que es el objeto de la gracia abundante. Donde el pecado abunda, sobreabunda la gracia.

Cuando tú te  hayas  arrepentido, ¡apóyate con fe en el trabajo finalizado en la cruz! A través de la fe en él, tus pecados están cubiertos por la sangre.
Ahora tú vives en el otro lado del velo, sentado con Cristo en los lugares celestiales, acepto en el Amado, ¡uno con Cristo y el Padre! La ira de Dios por tus pecados ya ha sido pagada. Ahora eres  más que vencedor, moviéndote y viviendo en el espíritu. Tú estás lleno de la plenitud y del poder de Cristo para enfrentar todas las cosas que pertenecen a la vida y a la santidad. ¡Tú eres la niña del ojo de Dios, y hecho heredero de todo lo que le pertenece a Cristo el Señor! Él no tiene una palabra de juicio, la que esperaríamos por nuestras malas acciones. Todo lo contrario, él nos dice: “Nunca dejé de amarte; no te condeno, tengo perdón y compresión para ti. Vete en paz.”

 

Pr. Jorge Rosanova