Parábola de las Diez Minas

Mensaje dado en el día del Señor en la mañana de Abril 6  del 2008

En la Congregación Hispana de Ladysmith

Por Eduardo Negrón - Pastor

 Lc.19:11-13

11Oyendo ellos estas cosas, prosiguió Jesús y dijo una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalén, y ellos pensaban que el reino de Dios se manifestaría inmediatamente. 12Dijo, pues: Un hombre noble se fue a un país lejano, para recibir un reino y volver.

 13Y llamando a diez siervos suyos, les dio diez minas, y les dijo:

Negociad entre tanto que vengo.

     El capítulo 19 de Lucas comienza con el encuentro de Zaqueo con Jesús.   Zaqueo, como Mateo, era publicano, cobrador de impuestos.    La Biblia hace el señalamiento de que era rico.    Esto se debe a que Zaqueo no era un mero cobrador de impuestos, sino el jefe de ellos.   Por esta causa su riqueza era mayor.   Esta riqueza estaba obtenida por el robo que hacían sus cobradores al cobrar impuestos de forma abusiva y excesiva.   Es por esta causa que los cobradores de impuestos eran tan odiados en todo Israel.    ¡Cuanto más lo serían los jefes que eran dos veces más ladrones!   El pueblo judío no solo era oprimido por los romanos, sino también por estos cobradores de impuestos, que para peor mal eran judíos.    No gozaban de muchas amistades, aunque posiblemente todos ellos, los cobradores de impuestos, eran conocidos entre sí.    De ser esto cierto, posiblemente Mateo y Zaqueo eran amigos o a lo mejor Mateo trabajaba para Zaqueo. 

     Había en Zaqueo un deseo de ver a Jesús.    Pudiera ser que la salida de Mateo del negocio le impresionó mucho.   A lo mejor fue todo lo que oía decir de él.   Recordemos que Israel está en espera del Mesías y piensa que vendrá en forma de gobernante.  Posiblemente Zaqueo deseaba poder ver de cerca al futuro Rey de Israel, hablando en términos políticos.   Lo cierto es que siendo Zaqueo un hombre de negocios, auque fueran negocios turbios, posiblemente veía en Jesús una buena fuente de ganancia.  No sabemos con certeza cual haya sido la razón primordial por la cual Zaqueo deseaba ver a Jesús, pero el deseo era tal que lo llevó a vencer los obstáculos.

     Vemos en Zaqueo un hombre decidido a conseguir lo que quiere.   Al no poder ver a Jesús por causa de los obstáculos de la multitud y su estatura, la cual no le ayudaba, pues era bajito, opto por adelantarse y subirse a un árbol.    ¡Determinación gigante en un hombre bajito!

     La sorpresa de Zaqueo fue mayor, pues a quien él tanto deseaba ver lo llamaba, y no solo lo llamaba, sino que le dijo que le era necesario posar en su casa.     Un hombre sin muchos amigos, sin popularidad, al menos popularidad buena, ahora se encontraba siendo llamado por uno sumamente popular.    Cuantas cosas habrán pasado por la cabeza de Zaqueo en esos momentos.   El futuro Rey me llama, y no solo me llama, sino que lo hace por mi nombre.    El me conoce y quiere posar en mi casa.   A lo mejor no sabe quien soy y lo que hago, pero me ha llamado.   A lo mejor Zaqueo pensó en su negocio, cuanto más podría prosperar.   Teniendo de mi lado al Rey no habrá obstáculos en mi negocio.   Ahora sí seré rico de verdad.   Como vemos en las caricaturas, a lo mejor en los ojos de Zaqueo se formaron como dos grandes signos de dólares.    No olvidemos que sigue siendo un comerciante y al momento de Jesús llamarlo sigue siendo un pecador, tramposo, codicioso de ganancias deshonestas, etc. 

     La necesidad de Jesús posar en la casa de Zaqueo no era por no tener donde dormir.    Lugar le sobraría para dormir, y si no hubiera lugar se iba al monte a orar.    La necesidad era por causa de Zaqueo.    La Biblia no nos da detalles de la conversación entre Zaqueo y Jesús, pero si nos muestra cual fue la reacción de Zaqueo ante la visita de Jesús.    Antes de ver esta reacción miremos la reacción de los santurrones.    Nos dice la Biblia que todos murmuraron.     Podríamos pensar que esto incluía a los propios discípulos de Jesús.   No olvidemos que Zaqueo es odiado por todos, y los discípulos de Jesús también pagaban estos impuestos ficticios o fraudulentos.   Los judíos no entraban en la casa de un publicano porque, en su pensar, se ensuciaban y contaminaban.  Eran inmundos para ellos.  Ahora tenemos a Jesús entrando en esta casa.    La casa de un pecador, y de los peores.   Jesús nunca dejaba que las masas lo dirigieran.    Él tomaba sus propias decisiones y actuaba por encima de lo que pudiera pensar el hombre, pues él es El Hombre.   

    Miremos ahora la reacción de Zaqueo.    Las palabras de él nos dicen mucho de la conversación que pudo haber tenido con Jesús.    Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado (Lc.19:8).   

    Estando ya en la casa de Zaqueo a lo mejor él hizo alarde de todo lo que poseía.    En ese momento Jesús lo enfrentó con la realidad de su pecado.    Dejándole ver que todo eso era producto de los robos y fraudes.     Este encuentro de Zaqueo y Jesús pudiera ser uno similar al de Jesús con la mujer samaritana (Jn.4:16-18; 28-29) donde Jesús le declaró todo cuanto había hecho llevándola a un arrepentimiento.    Al Zaqueo darse cuenta de su pecado, lo confesó y acordó en restituir lo robado con un aumento de cuatro.    Pero no solo hizo eso, sino que también dio la mitad de sus vienes a los pobres.   Este es el fruto del verdadero arrepentimiento.   Jesús dijo: Por sus frutos los conoceréis (Mt.7:16-20).

     Una persona que nace de nuevo debe dar frutos de arrepentimientos cambiando su manera de pensar, ver y actuar.    No que va ha ser perfecto o que no va a fallar más, sino que se dejarán ver los frutos de ese proceso.  Esa es la verdadera señal del nuevo nacimiento.

     Jesús concluye su visita con las palabras: Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.    De esta forma dejó ver que la razón por la cual fue a la casa de Zaqueo era porque él necesitaba salvación.    ¿Por qué Zaqueo?    Recordemos que Zaqueo tuvo un deseo de ver a Jesús y por encima de los obstáculos se abrió camino.  Toda persona que vence los obstáculos que le impiden llegar a Jesús, cuando llega tiene un encuentro personal con él.   Miremos los cuatro amigos cargando al paralítico.   Encontraron obstáculos para entrar, pero no se desanimaron.   Por el contrario esto fue una prueba de perseverancia y determinación.    Optaron por lo que otros no hubieran hecho, romper el techo (Mt.9:1-8).    ¿Cuál fue el resultado?   Un encuentro personal con Jesús, no solo para traer salvación, sino para traer sanidad física.    Otro ejemplo es el de la mujer del flujo de sangre.   La multitud no le dejaba llegar a Jesús, pero ella fue persistente por que decía: Si tocare tan solamente su manto, seré salva (Mr.5:8). 

      De esta manera podríamos ver un gran número de ejemplos en la Biblia.   Estas acciones están respaldadas por las palabras dichas por Jesús en Jn.6:37 Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera.  Cuando venimos a Jesús la garantía es una, nos va a recibir.   ¿Estamos dispuestos a vencer los obstáculos para recibir lo deseado por parte del Señor?    Zaqueo lo hizo, al igual que la mujer del flujo de sangre.    Dios está en espera de que nosotros lo hagamos también.

    Ahora estamos listos para disertar en nuestra porción bíblica para este día.   En esta oportunidad estaremos viendo la parábola de las diez minas.   Jesús sabe que el pueblo le está esperando para hacerle Rey.   Así que decide dejarles saber la realidad de su reinado el cual será en el futuro.   Es por eso que el verso dice: por cuanto estaba cerca de Jerusalén, y ellos pensaban que el reino de Dios se manifestaría inmediatamente.    La mentalidad de los hombres era que su Rey había llegado y todo sería resuelto.   Veamos pues la forma en que Jesús les deja ver cómo serán las cosas.

 12Dijo, pues: Un hombre noble se fue a un país lejano, para recibir un reino y volver.  Vemos que este hombre, el de la parábola, no es rey todavía.   El está partiendo para un país lejano donde se le va a dar un reino.    Una vez obtenga el reino retornará al lugar donde va a reinar.    13Y llamando a diez siervos suyos, les dio diez minas, y les dijo: Negociad entre tanto que vengo.    Siendo que parte para recibir el cargo de rey podemos suponer que es ya un príncipe.   Por esta causa tiene siervos a su servicio.    De entre sus siervos llamó a diez y le entregó a cada uno una mina.   La mina representaba el salario de tres meses de trabajo.  La orden dada fue: Negociad entre tanto que vengo.  No se le está entregando para que lo disfruten, sino para que negocien. Una buena administración es aquella que logra multiplicar lo recibido. Hay tres elementos claves para lograr hacer que la mina se multiplique.   La persona debe ser responsable con lo que se le ha dado, debe tener fe en que puede hacer multiplicar lo recibido y por sobre todo tiene que accionar, tiene que hacer mover el dinero para que se multiplique.    Debemos fijarnos en las últimas palabras de este hombre.   Luego de darles las minas y de invitarlos a negociar con ellas les dice: entre tanto que vengo.    Recordemos que retornará como rey y viene a buscar dividendos.  

     Salido el príncipe en dirección del lugar donde sería coronado rey, otro grupo salió para oponerse a dicho asunto.    No lo querían a él como rey.   Esto no impidió que sea realizado lo ya establecido, lo cual era hacerlo rey.   Una vez realizada la ceremonia y la instalación en el cargo de rey llegó el tiempo de retornar a su territorio de jurisdicción.   Dos asuntos ocuparían sus primeros días en el trono.    El primero fue llamar a los diez hombres, aquellos que les dio las diez minas y les dijo: Negociad entre tanto que vengo. 

      Había un tiempo señalado para negociar, y el tiempo había acabado.   El primero le dijo que la mina había ganado otras diez minas.   Esta ganancia era el 1000% de lo originalmente dado.    De igual forma ocurrió con el otro que vino.   Había ganado cinco minas, 500% de ganancias.     Conforme la ganancia fue la recompensa del rey.    Al primero le otorgo diez ciudades y al segundo cinco.   La fidelidad en lo poco produce fruto de gran abundancia en el futuro.

     Luego llego un tercero trayendo la mina envuelta en un pañuelo.    Este hombre pensó que si la traía intacta estaría bien porque no hubo pérdida.    Pero si la hubo porque esa mina en manos del primero pudo haber generado otras diez.    La razón de la inactividad de este hombre fue el miedo al rey.

      Veamos ahora como esta parábola nos toca a nosotros los hermanos de la Congregación Hispana.   Estaremos viendo tres puntos cruciales en nuestra vida como cristianos.    En los mismos veremos lo que Dios nos ha dado, lo que él espera de nosotros y lo que recibiremos al final de la jornada.

 I)                  Lo que Dios nos ha dado

    Todos nosotros estamos en este lugar por diversas razones.   Algunos pueden estar aquí porque esta es la única iglesia hispana en el Condado.   Otros pueden estar aquí porque saben que es el lugar donde Dios los quiere.   Un tercer grupo podría pensar que está aquí porque sabe que debe ir a la iglesia y como no sabe ingles y esta es la única iglesia hispana no le queda de otra.    En lo personal yo puedo decir que estoy aquí porque el Señor me trajo. Sea cual sea la razón o causa por la cual usted está aquí el denominador común es que estamos donde Dios quiere que estemos en este preciso momento y día.   Lo que hagamos o como actuemos hará la diferencia.   

    La parábola de las diez minas tiene una gran similitud con la parábola de los talentos narrada en Mt.25:14-30.   Miremos las similitudes de estas dos parábolas para poder ver con claridad el mensaje de Dios a nosotros hoy.    En ambas el hombre se va lejos y encarga a sus siervos algo para que negocien.   En ambas encontramos dos siervos siendo diligentes y uno siendo negligente.   En ambas retorna el hombre a rendir cuentas.   En ambas premia a los diligentes y condena a los negligentes.    Estos son todos los puntos en común que encontramos en estas dos parábolas.    Da la impresión de ser la misma con muy pocas variantes.    Sin embargo hay algo que diferencia a una de la otra.    En la parábola de los talentos podemos ver que hace referencia a lo que recibimos del Señor para administrar.    Son los talentos y dones entregados para hacer la obra de Dios.   En cambio en la parábola de las diez minas hace referencia a lo que necesitamos para poder hacer uso de los dones y talentos recibidos. 

     Tomemos por ejemplo a un cantante.   El cantante recibe como don o talento la habilidad de cantar con gracia y armonía.    Si esa persona desea llevar ese talento a un nivel más alto y así obtener dividendos deberá tener un promotor, un escenario donde cantar, publicidad, etc.   Tener el talento es bueno, pero requiere de las minas para poder ser verdaderamente productivo.    Así es en cada área de la vida.   De igual forma es en el área de la vida de iglesia.   

     Siendo que Dios nos ha llevado a disertar sobre la parábola de las minas debemos entender que ya los dones y talentos nos han sido dados.   Algo interesante en la parábola de los talentos es la palabra dicha por Jesús en Mt.25:23 Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.   

    Hablando de los talentos y dones Dios nos ha dado dones de sanidades, milagros, lenguas, ciencia y sabiduría, entre otros.   También nos ha dado administración, servir, etc.   Ahora Dios quiere hablarnos de minas.   Las minas son las cosas que Dios nos da para poder ejercer en forma más específica y con mayor alcance los dones y talentos que ya tenemos.   Pienso que Dios nos está diciendo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.    Hemos permanecido fieles al Señor en medio de tormentas de diversas clases.   El enemigo en varias ocasiones nos ha tratado de detener, pero con la gracia y favor de nuestro Señor hemos podido seguir a delante.

    Miremos entonces lo que el Señor nos ha dado, las minas, para que nosotros las administremos y las multipliquemos.

    Como iglesia Dios nos ha dado el edificio donde nos congregamos.   Sabemos que son muy, pero muy pocas las iglesias hispanas que poseen su propio templo.    Nosotros, por la gracia de nuestro Dios, tenemos uno desde nuestros propios comienzos.    Este templo es una mina que Dios nos ha dado.  Él nos ha dicho que negociemos con ella.    Otra mina recibida por el Señor es la van.    Otra mina es la asociación Bautista de Hermon la cual está deseosa de recibirnos como parte de ellos haciendo un total de quince iglesias.

    Todo lo mencionado es parte de la mina que Dios nos ha dado.   Él, en su infinita misericordia y bondad nos ha otorgado todo a nosotros.     Esa mina ha sido surtida por un grupo de hermanos y hermanas, ustedes y yo, con un solo propósito.    Ahora miraremos ese propósito por el cual el Señor nos ha otorgado un templo, van, asociación, hermanos y hermanas.   

 II)              Lo que Dios espera

     ¿Qué persigue Dios al darnos todo lo que tenemos?    Debemos entender algo del carácter de Dios para así poder comprender el objetivo de Dios.    En esta parábola así como en la parábola de los talentos podemos ver algo importante en el plan de Dios.    Cuando Jesús tenía doce años se quedó en el templo por tres días.   Cuando María y José lo encontraron hablando con los fariseos y saduceos le dijeron: Hijo, ¿por qué nos has hecho así? He aquí, tu padre y yo te hemos buscado con angustia (Lc.2:48).   La respuesta que le dio Jesús fue una llena de una gran revelación.   Él contestó: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?   Jesús estaba en los negocios del Padre.    Dios llama al evangelio negocio.    Esto nos deja ver que Dios es un negociante.    Cuando leemos la Biblia pensando en el evangelio como un negocio encontraremos que son muchos los relatos que dejan ver esta verdad.   En las dos parábolas mencionadas hoy podemos ver esta verdad presente.    En ambas el hombre, luego de darles los talentos y las minas se fue lejos.   A su retorno esperaba recibir dividendos de su inversión.

     Todo buen comerciante invierte con el propósito de obtener ganancias.    Nadie invierte para perder, eso seria absurdo y poco sabio.    ¿Qué podríamos esperar del comerciante más grande e inteligente del mundo?    Pensamos que Dios da sin esperar nada a cambio.    Aun la salvación, la que nos da gratuitamente, él espera recibir ganancias de la misma.    ¿Cual sería la ganancia de Dios por la salvación del hombre?    Nuestro amor a él por tanta misericordia y gracia para con nosotros los pecadores.  

      No hay nada de malo en esperar ganancias de un negocio.   Y siendo que Jesús dijo que le era necesario estar en los negocios de su Padre, no debemos pensar que Dios no espera ganancias del mismo.  

     Dios, siendo un gran comerciante, sabe donde invierte lo de él para así poder obtener el mayor beneficio de su inversión.    Recordemos que en ambas parábolas él dio a unos talentos y a otros minas y se fue lejos.    No con la intención de no regresar, sino con la intención de que cuando regresara obtuviera mayor ganancia de su inversión. 

     Analicemos con calma a nuestros amigos, los que recibieron las minas, para poder comprender mejor lo que Dios espera de nosotros.

     En primer lugar encontramos al hombre llamando a diez de sus siervos.    A cada uno le dio la misma cantidad, una mina.    Esto nos muestra que Dios no hace acepción de personas.    Recordemos que las minas son las cosas que necesitamos para ejercer los talentos.    Por esta razón la repartición de minas fue igual para todos, mostrando que todos tenemos los mismos medios para negociar y hacer multiplicar los resultados.    En la parábola de los talentos encontramos que se nos dice que a cada uno de los siervos se les dio talentos conforme a la capacidad de ellos (Mt.25:15).   No todos tenemos las mismas capacidades, pero todos tenemos capacidades variadas.     Por eso la Biblia habla de un Cuerpo, pero muchos miembros donde cada uno ejerce una función distinta formando el Cuerpo. 

     Debemos recordar que cuando Dios nos da algo está esperando algo a cambio.    Es ley natural, pero también es ley divina.   En una ocasión los discípulos le dijeron a Jesús que ellos lo habían dejado todo y preguntaron ¿qué, pues tendremos? (Mt.19:17).   Como dijimos, esto es ley natural, nadie da nada por nada.   Los discípulos no eran la acepción.  Lo sorprendente es que esta pregunta a Jesús no le molestó.   Por el contrario, la respuesta en cierta forma es chocante.   Él le contestó que ellos recibirían cien veces más lo que habían dejado (Mt.19:29).    Y si leemos ese mismo relato narrado por Marcos nos sorprendemos aun más por que en Mr.10:30 Jesús dice “ahora en este tiempo” dando a entender que no solo recibiremos gran recompensa en el futuro, sino que ahora empezaremos a disfrutar del fruto. 

      Viéndolo desde ese punto de vista debemos entonces saber que Dios nos ha dado unas cosas esperando recibir a cambio dividendos.   Nos ha dado el lugar para reunirnos, la van para transportarnos, etc.   ¿Qué espera Dios de nosotros? Del edificio, que lo cuidemos, mantengamos y usemos.    Debemos darle el mayor uso posible para la gloria de Dios.    Debemos celebrar cultos, oraciones, estudios bíblicos, etc. para demostrar nuestro aprecio.  ¿Cuántas iglesias querrían tener las facilidades de un templo donde pudieran celebrar servicios en la mañana?    Dios nos ha dado ese privilegio, ¿qué estamos haciendo con él?   Tenemos una van que acomoda a doce pasajeros.    Debemos hacer lo posible para que esa van venga siempre llena de personas hambrientas y deseosas de recibir del Señor.    Dios nos ha dado dinero.   Debemos administrar ese dinero para ganar almas para el Señor proveyendo los materiales y recursos necesarios.

     Cuando el hombre retornó a su lugar de reinado, esta vez como rey, lo primero que hizo fue llamar a los siervos para que le rindieran cuenta de sus minas.    El primero trajo  diez minas dándole al nuevo rey una ganancia de 1000%.     Otro trajo cinco minas dándole al rey una ganancia de 500%.    Pero vino un tercero trayendo la mina envuelta en un pañuelo.    Este hombre trajo al rey exactamente lo que había recibido dejando ver que no hubo pérdida.    Si hubiera traído menos del valor de la mina entonces podríamos decir que hubo pérdida.    Sin embargo el rey no lo ve desde ese punto de vista.     Es aquí donde debemos prestar mucha atención por que como a este hombre, Dios nos va a llamar para que rindamos cuenta de nuestra administración.     Este último no trajo ganancias, pero tampoco trajo perdida.   ¿Será esto cierto?    En cierta forma sí lo es porque trajo la mina intacta.    Pero en realidad hubo pérdida porque esa mina en manos del primero hubiera sido diez minas más en las arcas del rey, no que ahora era una sola.   ¿Qué impidió a este hombre negociar la mina?   Lc.19:21 nos dice que la razón fue el miedo.   Tuvo miedo del rey sabiendo que era exigente.    El miedo o temor es la actitud más paralizante y perjudicial que cualquier persona puede tener, porque impide la correcta administración de lo recibido.    Muchos no arriesgan su capital por miedo a perderlo y finalmente lo pierden todo.

    Debemos invertir lo que hemos recibido del Señor para que cuando venga a buscar las ganancias pueda recibir los dividendos en gran abundancia.    El enemigo de las almas tratará de infundir temor para inactivarnos y de esa forma que el reino de Dios no se expanda, pero Dios nos ha plantado aquí con el propósito de extender su reino.   Dios hace provisión de todo para que la obra sea un éxito.   Nosotros debemos poner todo nuestro esfuerzo, destreza y habilidades para lograr el objetivo de Dios.   De esa forma trabajamos en conjunto con Dios siendo colaboradores con él.

     El resultado de esta diligencia es una gran cosecha.    No debemos pensar que si Dios espera recibir dividendo de lo invertido no nos recompensará por el trabajo realizado. Dios es Justo y sabe recompensar ampliamente.    Eso nos lleva a ver nuestro último punto de esta disertación el cual es “lo que Dios nos dará”.    Aquí veremos la amplitud de la recompensa de Dios para nosotros, si somos diligentes, perseverantes y fieles.

III)           Lo que Dios nos dará

 

    Cuando el hombre trabaja para otro hombre siempre hay desacuerdos, frustraciones y peleas, sin dejar de mencionar quien trata de aprovecharse de quien.    No es así con Dios.   El hombre que trabaja para Dios no debe preocuparse por lo que el otro hombre pueda decir, hacer o planear.    Dios cuida a los suyos y como decimos en Puerto Rico, Dios no se queda con nada de nadie.    Cuando Dios paga, la paga es la correcta.   En la parábola de los obreros de la viña (Mt.20:13) Jesús dice que no le hace ningún agravio.  Dios es justo y generoso y le gusta dar mucho más abundantemente de lo que pedimos o necesitamos (Ef.3:20).

     A los siervos fieles Dios los recompensa muy bien.   En la parábola de los talentos la recompensa fue la promesa de ponerlo a cargo de cosas más grandes y las palabras: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor (Mt.25:21) lo confirman.   A los siervos que recibieron las minas la recompensa fue proporcional a lo traído.   Se les concedió el privilegio de gobernar sobre diez ciudades.  

     ¿Qué recibiremos nosotros por nuestra fidelidad y trabajo?   Como dijimos antes, el Condado de Caroline cuenta con diez pueblos.   Dios nos quiere otorgar esos diez pueblos.  Nos ha dado las facilidades y los talentos, ahora nos corresponde a nosotros negociar con esas minas para poder obtener la gobernación de esos pueblos.