La comida que a vida eterna permanece

 

Mensaje dado en el día del Señor en la mañana de

Junio 29  del 2008

En la Congregación Hispana de Ladysmith

Por Eduardo Negrón - Pastor

31Entre tanto, los discípulos le rogaban, diciendo: Rabí, come. 32El les dijo: Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis. 33Entonces los discípulos decían unos a otros: ¿Le habrá traído alguien de comer? 34Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra.

Jn.4:31-34

    Un padre le dijo uno de sus hijos que fuera a ayudarle en el campo.   El joven le dijo que no iría, pero fue.  El padre hablándole a su segundo hijo le dijo de igual forma y este le dijo que iría, pero fue.    (Mt.21:28-31).   Al Jesús terminar este relato hizo una pregunta muy sencilla, pero cargada de un gran significado: 31¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre?    Podríamos nosotros añadir otra pregunta: ¿cuál de los dos complació al padre?    De eso es que se trata todo, de complacer al Padre.    De hacer las cosas para que él esté satisfecho.   Si logramos satisfacer al Padre habremos avanzado y crecido en el plano espiritual.

 

    La Biblia nos enseña claramente las diferentes cosas que Jesús vino a hacer en la tierra siendo la primera y más importante la salvación del hombre.    Ese era, es y siempre será el objetivo principal por el cual Cristo vino a este mundo.   Sin embargo junto a ese propósito encontramos otros, aunque de menor grado, pero de gran importancia.    Uno de ellos, y el cual consideramos muy valioso, fue el de enseñarnos a vivir como hijos de Dios aquí en la tierra.   Si el único objetivo de Dios para con nosotros fuera el salvarnos, pienso que en el momento de recibir a Cristo nos llevaría al cielo.    Pero no es así.    Dios nos deja en la tierra: Uno, para que vivamos como hijos de él dándole gloria aquí en la tierra.  Y dos, para que por medio de nosotros otros puedan venir a ser hijos de Dios y le continúen dando gloria.

 

    En una ocasión Jesús, cuando les lavaba los pies a sus discípulos, les dijo:  Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis (Jn.13:15).    Ejemplo para que le imitásemos porque él vino para enseñarnos a vivir como hijos de Dios.    Veamos otro pasaje, pero en esta ocasión es Pedro el que escribe y nos dice: Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; (1 Pedro 2:21).    Vemos en este pasaje que Pedro había entendido bien el mensaje de Jesús y seguía sus pisadas, pero no solo las seguía, sino que lo enseñaba.

    Cuando Jesús llamó a Saulo para ser su discípulo le dijo a Ananías: Ve... porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre (Hch.9:15-16).     Estas palabras no son muy alentadoras, pero es una invitación a seguir las pisadas de Cristo, a cargar la cruz, a estar dispuestos a pagar el precio.   ¿Cuánto estamos dispuestos a pagar por seguir al Señor? 

    Hoy día no son muchos los que están dispuestos a pagar un precio de sacrificio y dolor.  Han cambiado el evangelio de Cristo por otro más placentero y fácil de llevar.   Sí, Jesús dijo que su carga era ligera y fácil de llevar (Mt.11:30), pero no deja de ser dolorosa, sino preguntémosle a Esteba, a Jacobo, a Pablo, a Silas, Bernabés, Timoteo, etc.   Y qué diremos de los mártires del pasado, aquellos que sufrieron el ser quemado, torturados, echados a los leones, viendo a sus esposas e hijos torturados y abusados.    Como nos dice el libro de Hebreos: de los cuales el mundo no era digno… (He.11:38).

    Cristo vino para enseñarnos que hay un precio que pagar para poder dar un verdadero ejemplo como hijos de Dios, hijos que llevan gloria al Padre por medio de sus testimonios.    El evangelio de la prosperidad ha arropado las iglesias hoy día.    Todos quieren ser prósperos y vivir bien al punto que no quiere salir de este mundo.   Se han olvidado de Cristo y su segunda venida.    Están tan cómodos que no pueden pensar ni siquiera en el tormento que ofrece el infierno, si es que aun creen que hay infierno.

    Jesús hizo bien claro lo que costaba ser un hijo de Dios.    Él dijo: Porque si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el seco, qué no se hará? (Lc.23:31).     Si lo que le estaban haciendo a Jesús, el árbol verde, era tan doloroso y espantoso ¿cuánto más a nosotros?    En otra ocasión les dijo a sus discípulos: ...A la verdad, del vaso que yo bebo, beberéis, y con el bautismo con que yo soy bautizado, seréis bautizados; (Mr.10:39).    Como este pasaje y los ya citados hay muchos más donde nos dejan ver que Jesús vino para enseñarnos a vivir como hijos de Dios.    No solo para salvarnos, sino para darle gloria a Dios por medio de nuestras vidas. 

    Un predicador una vez decía que si un hermano estaba enfermo en el hospital, por causa de su enfermedad, no le daba gloria a Dios.    Que la única forma de darle gloria a Dios era estando completamente sano porque Cristo llevó todas nuestras enfermedades en la cruz.     No vamos a desmentir que la Biblia dice que él mismo cargo nuestras enfermedades, pero ¿cómo estamos interpretando este pasaje?

    En una ocasión este mismo predicador predicó una serie de mensajes sobre sanidad divina.   Hizo mención de muchos pasajes donde nos dejaba ver las sanidades traídas por Jesús y las promesas de sanidad.    Fueron seis mensajes en este mismo tema, pero nunca hizo mención de Timoteo y sus continuas enfermedades (1 Tim.5:23).    Sabemos que Dios usó de forma poderosa a Pablo en el ministerio de sanidad, al punto que aun los pañitos que él tocaba llevaban sanidad  a muchos que los tocaban (Hch.19:11-12).    ¿Por qué Pablo no sanó a Timoteo?   ¿Por qué Dios no sanó a Timoteo?    Yo estoy seguro que si la razón de su enfermedad hubiese sido algún pecado Pablo se lo hubiera dicho.   Pero no, Pablo le aconsejó que hiciera uso de un remedio para sus frecuentes enfermedades. 

    ¿Quiere decir, de acuerdo a este predicador, que Timoteo no le estaba dando gloria a Dios?    ¿Que solo los sanos son los que le dan gloria a Dios?    Tendríamos que pensar también que solo los que salen airosos de dificultades grandes son los que le dan gloria a  Dios.    Sadac, Mesac, y Abegnego salieron airosos del horno de fuego, ellos le dieron gloria a Dios.    Daniel salió airoso de la fosa de los leones, él le dio gloria a Dios.    Pedro fue sacado de la cárcel por un ángel, le dio gloria a Dios.    ¿Esteban le habrá dado gloria a Dios?    Que pensamos de Jacobo que fue matado a espada, ¿le habrá dado gloria a Dios?   Unos fueron librados y otros no, pero todos le dieron gloria a Dios.    Para una lista más amplia de esto que estamos hablando les invitamos a ver Hebreos capítulo 11.   Ahí se nos dice los que le dieron gloria a Dios conquistando reinos, tapando boca de leones, etc, pero también se mencionan aquellos que fueron aserrados, perseguidos, torturados, etc.    Todos le dieron gloria a Dios.   Entonces, debemos preguntarnos ¿qué es darle gloria a  Dios?    ¿Cómo unos salieron airosos y le dieron gloria a Dios y otros no salieron tan airosos, pero también le dieron gloria a Dios? 

    Darle gloria a Dios no consiste en estar sanos o salir airosos en todas las pruebas.   Consiste en la clase de testimonio que damos en la prueba.    Si estoy enfermo, pero continuo alabando y glorificando a Dios, eso le da gloria a Dios.    Si estoy en medio de una dificultad grandísima, pero continuo alabando a Dios, eso es darle gloria a él.    Pablo y Silas cayeron presos en Filipos.    ¿Dios pudo abrir la celda como hizo con Pedro y sacarlos de la cárcel?    Dios pudo hacerlo, pero no quiso, sino que los dejó adentro y no solo adentro, sino que los metió en la celda de más adentro.     Los azotaron, los pusieron en la celda de más adentro y aseguraron sus pies al cepo.     Pero estando allí, a los ojos del hombre ellos eran unos perdedores, pero a los ojos de Dios ellos eran unos vencedores.  No solo a los ojos de Dios, sino a sus propios ojos.    Alabanzas salían de sus bocas.   Esta es la verdadera victoria y el verdadero modo de darle gloria a Dios.

     ¿Puedes seguir cantando en medio de la dificultad?    O eres de los que comienzan a cuestionarle a  Dios por qué ha permitido eso, después de tanto trabajar para él.    Pablo y Silas estaban en Filipos por mandato de Dios.    Estaban allí porque Dios los envió.    Tenían, según los hombres, el derecho de reclamarle a Dios, pero ellos sabían que estaban allí porque Dios los quería allí y por eso podían alabar a Dios en lugar de quejarse.

     Jesús vino para enseñarnos a vivir como hijos de Dios dándole gloria y honra siempre a Dios.   Hoy estaremos viendo como podemos darle gloria a Dios siempre.    Les invito a que juntos exploremos estos cuatro versos que tenemos delante de nosotros.    Dios quiere glorificarse en nuestras vidas y desea enseñarnos como hacerlo. 

I)                   31Entre tanto, los discípulos le rogaban, diciendo: Rabí, come.

    En una ocasión Jesús dijo que las palabras que él hablaba eran espíritu y vida (Jn.6:63).     Jesús estaba siempre en comunión con el Padre y hablaba lo que oía del Padre.    Por lo tanto sus palabras siempre estaban cargadas del espíritu.    Por otro lado, sus discípulos siempre estaban pensando en las cosas del mundo.    Así lo podemos ver en este primer versículo.    El relato nos dice que todos, sin quedarse ninguno con Jesús, se fueron a buscar comida.    ¿Cuál sería la insistencia de que Jesús comiera?    ¿Estarían realmente preocupados por la salud del Maestro?  ¿O sería que ellos no podían comenzar a comer hasta que Jesús no comenzara?    No podemos especular en cuanto a eso, pero si podemos ver que ellos tenían un deseo grande de que Jesús comiera. 

 

    Jesús estaba completamente entregado a su misión, a tal punto que no pensaba en lo terrenal.   Cuando estaba siendo tentado por Satanás, este le dijo que comiera pan.   Recordemos que había estado cuarenta días en ayuno.    La respuesta de Jesús fue: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra de Dios (Lc.4:4). 

    Volviendo a las posibilidades de por qué los discípulos insistían en que Jesús comiera podríamos pensar en otra cosa.   La Biblia nos dice lo siguiente en Mr.6:31 Él les dijo: Venid vosotros aparte a un lugar desierto, y descansad un poco. Porque eran muchos los que iban y venían, de manera que ni aun tenían tiempo para comer.   No tenían tiempo ni para comer.   Ahora ellos llegan con comida, la mujer se va y ellos insisten para que Jesús coma.    La Biblia nos dice que ellos se maravillaron de ver a Jesús hablando con una mujer, pero no le preguntaron nada.    Su enfoque estaba en comer y hacerlo ahora que no había nadie.   La experiencia les decía que cuando había personas cerca Jesús no se detenía ha hacer otras cosas, sino solo hablar la palabra de Dios.    El hambre no lo controlaba, ni el crujir de sus tripas.   Jesús tenía todo su cuerpo bajo control haciendo lo que él quería que hiciera y no lo que su cuerpo o voluntad deseaban.

    ¿Por qué se habrán maravillado los discípulos de ver a Jesús hablando con una mujer?  La razón era porque no era la costumbre hacerlo.   Ellos conocían la costumbre y por eso se maravillaron, pero el hambre que tenían era más fuerte que su asombro, al punto que no le preguntaron nada.  Por el contrario, solo salió de sus bocas “Rabí, come”.

    Debe haber sido una gran experiencia estar junto a Jesús viendo los milagros grandiosos que hacía, la forma en que les hablaba a los fariseos y saduceos, etc.    Pero también era duro andar con él cuando había hambre porque Jesús no se detenía por el hambre, él solo decía “yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis”.  

   Miremos esta respuesta de Jesús a la súplica de los discípulos.

II)         32Él les dijo: Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis.

    Podríamos pensar que Jesús no necesitaba comer, pero eso no es lo que él nos está diciendo aquí.   Comer es fundamental en el crecimiento y desarrollo del hombre.    Hay momentos en que nos sentimos enfermos y se nos va el apetito, pero sabemos que tenemos que comer y así lo hacemos aun cuando no lo deseamos.    No es asunto de quiero o no quiero, es asunto de vida o muerte.     Pero debemos tener cuidado que no hagamos de la comida nuestro dios.    La comida es lo que Satanás usó para hacer caer a Adán y Eva.    Es lo que usó para que Esaú vendiera su primogenitura.  Es lo que trató de usar para hacer caer a Jesús en el desierto.    Es lo que va a usar para hacernos caer.     El hombre se ha acostumbrado a vivir para comer en lugar de comer para vivir.   Es por eso que tenemos tantos problemas de obesidad y las enfermedades relacionadas a eso.

 

    Los discípulos constantemente estaban comiendo.    Ellos vivían para comer y asi lo demostraban.    Jesús también comía, lo vemos claramente cuando fue a buscar higos en la higuera, pero esta estaba bacía (Mr.11:12).   Jesús era tan humano como usted y yo.   Tenía las mismas necesidades, y me atrevería decir que tenía también nuestras mismas limitaciones.   Eso lo vemos en el hecho que desconocía el que la higuera tuviera frutos.  Sin embargo él no estaba controlado por la comida. (Para una mejor comprensión de Jesús como Hombre les invitamos a leer el tema “Jesús El Hombre”).  ¿Cuántos de nosotros dejamos pasar oportunidades grandes en la obra del Señor por la comida?    Surge una necesidad, hay que actuar rápidamente, pero como no hemos comido o en ese momento llegó la comida, dejamos pasar ese momento de Dios.   Decimos: no puedo pensar bien porque tengo el estómago vacío.    Es mejor que coma ahora antes que me comience un dolor de cabeza o me debilite tanto que ya no pueda hacer nada más.   Todo esto son excusas de debilidad.   Señales que dejan ver claramente que la comida tiene un lugar extra primordial en nuestras vidas.

     Jesús comía, pero la comida no era factor determinante para él.    Él tenía bien claro que no solo de pan vivía el hombre. 

     ¿Qué principio aprendemos de esta primera respuesta de Jesús?    Varias cosas podemos aprender de esta respuesta.  En primer lugar podemos aprender que el hombre espiritual muy pocas veces es comprendido por el hombre terrenal.    El enfoque primordial del hombre espiritual es Dios y su obra.     Lo terrenal ya no le atrae, no le domina ni controla.     El hombre espiritual no es usado por las cosas, sino que él usa las cosas para la gloria de Dios.

    En segundo lugar podemos ver que el objetivo principal del hombre espiritual es hacer la voluntad del Señor.    Esa voluntad en ocasiones nos llevará a través de situaciones no muy agradables para nosotros.  Deseo citar al apóstol Pablo, pues él nos da una lista de lo que cuesta, en muchas ocasiones, hacer la voluntad de Dios.  Veamos 2 Co.11:23-27  23¿Son ministros de Cristo? (Como si estuviera loco hablo.) Yo más; en trabajos más abundante; en azotes sin número; en cárceles más; en peligros de muerte muchas veces 24De los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno. 25Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar; 26en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; 27en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez;

    En tercer lugar podemos ver que los carnales o niños en la fe (1 Co.3:1) no pueden entender las cosas espirituales.    Ellos siempre estaban pensando en lo natural, Jesús en lo espiritual.   ¿Queremos saber si somos espirituales o si alguien a quien vemos es espiritual?   La espiritualidad no se mido por los años en la iglesia, ni por el conocimiento bíblico.     El hombre espiritual es conocido porque: 1. Lo que hace muchas veces no es comprendido por los otros.  Y 2. Vive para hacer la voluntad de Dios.

    ¿Queremos hacer la voluntad de Dios?    Hay un precio a pagar.    Si los discípulos estaban asombrados por haber visto a Jesús hablando con una mujer, ahora su asombro era mayor, pues no entendían la respuesta de Jesús.    Veamos sus palabras en nuestro próximo punto.

III)       33Entonces los discípulos decían unos a otros: ¿Le habrá traído alguien de comer?

   Era ya costumbre de los discípulos de Jesús el ponerse ha hablar entre ellos para tratar de entender las palabras de Jesús.    Recordemos que Jesús estaba en un nivel espiritual que ellos no podían, por lo menos hasta esos momentos, alcanzar.    Luego ellos lograron llegar a ese nivel, es por eso que todos fueron muertos en forma desgarrante como mártires.   Pablo en varias ocasiones nos exhorta a que le imitemos a él porque él imitaba a Cristo (1 Co.11:1, Fil.3:17, 1 Ts.1:6).    Esto nos deja ver que nosotros podemos llegar a imitar a Cristo, después de todo él vino para enseñarnos a vivir como hijos de Dios.   Recordemos cuando los discípulos Juan y Jacobo se acercaron a Jesús para pedirles que les concediera el derecho de sentarse uno a su derecha y el otro a su izquierda en su reino,   la respuesta de Jesús fue: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del vaso que yo he de beber, y ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado? (Mt.20:22).   Sin embargo vemos luego a Jesús diciéndoles que verdaderamente ellos van a beber ese vaso y van a pasar por el mismo bautismo.    Ellos van ha ser imitadores de Cristo dándole gloria a Dios por medio de Él.

 

    La Biblia nos muestra a los discípulos teniendo una conversación privada donde comienzan a sacar sus conclusiones.   Una conclusión es: ¿le habrá traído alguien de comer?   En sus cabezas lo único que está es la comida, por lo tanto todo lo que ellos pueden pensar es en comida.   No hay lugar para más.    Ellos posiblemente venían de regreso planeando como iban a disfrutar de dicha comida y al llegar se encuentran a Jesús hablando con una mujer.    Jesús bien pudo decir: ya le hablé ha esta mujer, ya me puedo sentar a comer.    Estar conectados con Dios es ir por encima de nuestros deseos.    No es que ya Jesús no tuviera hambre física, sino que había algo que hacer para Dios y todavía no estaba concluido. 

    Los discípulos no podían comprender las palabras de Jesús porque estas eran espirituales y ellos todavía estaban cargados con las cosas del mundo.   En una ocasión, cuando Jesús alimentó a la multitud de cuatro mil con  siete peses y  unos pocos panes (Mt.15:32-38), luego de salir de ese lugar tuvieron un encuentro con los judíos.   Ellos le pedían señal a Jesús, pero él no les dio ninguna.   Salidos de allí Jesús le dijo a sus discípulos: Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos y de los saduceos (Mt.16:6).   Una vez más la Biblia nos dice que los discípulos no entendieron las palabras de Jesús y que pensaban que les hablaba de la comida natural.     Ellos pensaban dentro de sí: Esto dice porque no trajimos pan (Mt.16:7).   Sin embargo Jesús hablaba de la enseñanza de los fariseos, enseñanza que contaminaba y echaba a perder la maza entera. 

    Muchas veces nosotros perdemos lo que Dios nos quiere enseñar por causa de nuestros pensamientos, muy en especial la comida.   Debemos cuidarnos de no darle más importancia a la comida que la debida.   No que debemos dejar de comer, pero que no vivamos para comer.  

    Esa es la trampa principal de Satanás y por ella muchos estamos perdiendo grandes bendiciones de parte de Dios.    Muchos estamos sordos a las palabras de Dios porque nuestros oídos están cargados con cosas del mundo y no nos permiten oír su voz.    Todo lo llevamos al plano natural y nada al plano espiritual.   ¡Cuidado!

   Entremos ahora a la parte final de esta disertación, la que consideramos más importante.   En ella descubriremos la forma de crecer espiritualmente para ser hombres y mujeres llenos de Dios y dándole gloria a él siempre.

IV)              34Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra.

    La comida que traían los discípulos satisfacía el cuerpo físico, pero la comida que Jesús estaba comiendo satisfacía el espíritu, el hombre interior.    Tres cosas podemos mirar de este verso.   Tres cosas donde podemos aprender a caminar en el espíritu como Jesús lo hacía.

 

    En primer lugar debemos ver qué estamos comiendo.   En Jn.6:27 se nos exhorta de la siguiente manera: Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre.   En este pasaje se nos señala las dos clases de comidas que hay.   La que perece y la que permanece.   La que perece es aquella que alimenta el cuerpo físico y natural.    La que permanece es la que alimenta al espíritu.   La exhortación es a trabajar por la comida que a vida eterna permanece.     ¿Cómo podemos trabajar para esa comida?    Muchos piensan que la comida espiritual del cristiano es leer la Biblia y orar.   Dicen: haciendo eso seremos cristianos fuertes y robustos.    Lo cierto es que hay personas que son una Biblia andante y no tienen ni una pizca de espiritualidad en sus vidas.    El conocimiento no nos hace más espirituales.    Jesús dijo que su comida era hacer la voluntad del que le envió.   Hacer la voluntad, obediencia.    Ese es el verdadero alimento del cristiano, obedecer a la palabra de Dios.    Debemos entender que para conocer la voluntad de Dios debemos leer Su palabra.   Al recibir su palabra, si la obedecemos es que empezamos a crecer espiritualmente y a desarrollarnos saludablemente.  

    Jesús solo tenía dos cosas en mente: 1. Hacer la voluntad del que lo envió.  Y 2. Acabar la obra que se le había encomendado.    Nada más ocupaba su mente.    Es por eso que la comida no lo distraía ni le preocupaba.  Sus ojos estaban puestos en acabar su misión.   En Lc.9:51 se nos dice: Cuando se cumplió el tiempo en que él había de ser recibido arriba, afirmó su rostro para ir a Jerusalén.    Jesús solo quería hacer la voluntad del que lo envió.   La voluntad de Dios para Jesús era la cruz, y aun cuando Jesús no quería ir, sometió su voluntad y fue.    Esta fue, por mucho, la prueba más difícil en la vida de Jesús.   ¿Qué le hace pensar a usted que no va a ser la suya?   La voluntad humana es lo único que no le pertenece a Dios.   Voluntariamente nosotros debemos someterla a él, si es que realmente deseamos hacer Su voluntad.

    Hacer la voluntad de Dios no es tarea fácil, pero tampoco es tarea imposible.   Dios está en espera de hombres y mujeres decididos ha hacer la voluntad de él.   En una ocasión el evangelista Moody dijo que alguien le dijo a él que “todavía no se había levantado el hombre por quien Dios pudiera ejecutar su voluntad.”  El día que dicho hombre surgiera se vería a Dios obrar como nunca antes.   Desde ese momento Moody se propuso ser ese hombre.   La historia nos dice cuanto Dios hizo con un hombre sin letra y del burgo. 

    Miremos más de cerca el asunto de hacer la voluntad de Dios.    Jesús nos exhorta repetidas veces a que hagamos la voluntad de él así como él hace la voluntad del Padre.   Pasajes tales como: Jn.14:15 Si me amáis, guardad mis mandamientos.   Esto es obediencia.  Jn.14:21  El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él.  Eso es obediencia.   Jn.14:23  El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.    Eso es obediencia. 

   Tres veces en este capitulo vemos a Jesús llamándonos a la obediencia.   Es la única forma en que podemos crecer en forma saludable en nuestra vida espiritual.    Debemos notar que la Biblia nos habla de dones espirituales, fruto del Espíritu, guerra espiritual, armadura espiritual, armamento espiritual, etc.   ¿Podemos ver ahora porqué hay tantos cristianos derrotados?    Cristianos que no hacen ningún esfuerzo por hacer la voluntad de Dios.   Vimos que en Jn.6:27 la exhortación de Jesús a nosotros es a trabajar por la comida que a vida eterna permanece.    Vimos en Jn.4:34 que la comida que hacía a Jesús ser un vencedor era hacer la voluntad del Padre.    ¿Habrá alguna oportunidad de fracasar si nosotros nos alimentamos como Jesús lo hacía? 

   La voluntad de Dios en su vida es aquí y ahora.    No es mañana, no es en otro lugar, es aquí.  ¿Cómo hemos de saber su voluntad si no estamos dispuestos a comérnosla?  ¿Porqué hay desanimo? ¿Porque estamos débiles en nuestro hombre interior? Porque no comemos la voluntad del que nos envió, de Cristo.    Al leer la palabra de Dios Su voluntad nos es revelada.    Cuando obedecemos esa voluntad crecemos espiritualmente, nuestra fe se fortalece, nuestro hombre interior se rejuvenece como el águila.   Pablo decía: Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día (2 Co.4:16).   ¿Cómo es renovado?   Haciendo la voluntad de Dios.

   Cada uno de nosotros tiene una obra por delante para hacer.   Para algunos a lo mejor será llevar el evangelio al resto de sus familiares.    Otros a lo mejor será visitando enfermos.  Algunos, como yo, será el pastorado.    Otros posiblemente sean evangelistas.    Aun habrán otros que su misión será financiar la misión de otros.   Sea cual sea la misión de usted Dios lo está llamando a ser obediente a él.    La obediencia es un camino que va en progreso.   Dios no te va a dar algo grande de entrada.   Siempre te dará algo pequeño para probar tu fidelidad a él.    Si eres obediente entonces te dará algo mayor.   Esa es la forma en que Dios trabaja.    Aun cuando puedas pensar que lo que Dios te está pidiendo es muy grande para ti, entiende que es pequeño porque Dios no te va a confiar nada grande antes de que seas fiel en algo pequeño.

    ¿A donde nos quiere llevar Dios con esta disertación?   Al camino de la obediencia a él.   Hay mucho cristiano atados por el diablo por causa de la desobediencia.    Dios nos dice que perdonemos, nosotros escogemos no hacerlo.   Decimos: déjame dejarlo que sufra para que aprenda.   No se merece mi perdón.    Si llegamos a perdonar lo hacemos con reservas.   No lo hagas otra vez.   Si ocurre nuevamente no te perdonaré.    Se nos olvidan las palabras de Jesús cuando Pedro le preguntó: ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?  22Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete (Mt.18:21-22).    En otras palabras, siempre. 

    En otra ocasión Jesús dijo: 3Mirad por vosotros mismos. Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale. 4Y si siete veces al día pecare contra ti y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale (Lc.17:3-4).  Jesús no nos está mandando a analizar si el arrepentimiento del hermano es sincero o no. El simplemente nos está diciendo “perdónalo”.   El asunto de la falta de perdón es un cáncer que está comiéndose la vida espiritual de los cristianos.    Tratamos de justificarnos, de poner “pero”, de evadir la situación, en fin, tratamos de hacer todo para no perdonar genuinamente, pero luego venimos donde el Padre pidiendo perdón por nuestros pecados.  

    Jesús dijo: mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas (Mt.6:15).   Qué liviana tomamos esas palabras de Jesús.   Si realmente tuviéramos el deseo de hacer la voluntad de Dios correríamos a pedir perdón.  No nos damos cuenta que somos nosotros los que perdemos.

    Es como el globo gigante que carga a las personas y tiene una llama de fuego que lo llena de aire caliente.    Se va llenando, pero para que pueda elevarse necesita que se le suelten las ataduras que tiene.   Amados, si quieren elevarse a las alturas tienes que soltar las amarras o ataduras que te tienen atados al suelo.    La obediencia a la palabra de Dios va a traer esa libertad en tu vida y podrás experimentar la vida victoriosa que Dios tiene para ti.   Recordemos que Satanás es el padre de las mentiras y él no resiste la verdad de Dios.    Cuando la verdad de Dios sale todas las ataduras se rompen.   Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres (Jn.8:32).

    Permítame terminar con este pasaje.    Lo que le voy a traer ahora es también la palabra de Dios.   Es la verdad absoluta que Dios quiere que conozcas y entiendas, y veas cuales son las consecuencias en tu vida.

    Me refiero a la parábola de los dos deudores (Mt.18:23-35)   Yo no voy a entrar en esta parábola ahora.    Le animo a que la lea con calma y con un espíritu reverente y en oración porque sé que traerá gran luz a su vida.   Sin embargo si quiero que miremos los últimos dos versos.   Mt:18:24 dice: Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía.    Dios nos está hablando de un señor enojado, furioso por causa de la falta de perdón de este hombre a su compañero.   Miremos ahora las palabras duras, tajantes y cortantes de Jesús al final de esta parábola.  Mt.18:35  Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas.   ¿Cómo hará Dios con los que no perdonan de todo corazón a sus hermanos?    Los va a entregar a los verdugos.    ¿Qué quiere decir esto?   Sencillamente que la protección de Dios se aleja de tu vida dando paso a las torturas del maligno.   Insomnios, pesadillas, temores, iras, celos, envidias, etc.   La lista de ataduras es interminable.

   ¿Por qué usted cree que Satanás levanta tantas contiendas entre los hermanos?   Para poder atarlos.    Lamentablemente los hermanos caen en la trampa de Satanás y son atrapados por él y luego estamos clamando a Dios.    Pero sabe algo, Dios ni hará ni puede hacer nada porque nosotros mismos somos los que hemos abierto la puerta al diablo.    La única forma de ser verdaderamente libres es retornando a la verdad de la palabra de Dios la cual nos dice ¡PERDONA!    Ante esa verdad toda la mentira del diablo se cae y es que seremos verdaderamente libres.  Es todo asunto de obedecer.  De alimentarnos con la palabra de Dios obedeciéndola. Amén.