El propósito de esta historia es darle una información más amplia de cómo Dios nos guió a llegar a ser una iglesia y cuales son nuestras creencias. Siempre tuve claro que el maestro no tenía que ser pastor, pero que el pastor si tenía que ser maestro.  De esa forma evadía siempre las palabras de muchos hermanos que me decían que me veían pastoreando una iglesia. Al llegar a Virginia nos ubicamos en la iglesia La Gran Comisión cuyo pastor es Jorge Claverie.  Una vez más tomé el cargo de enseñar la palabra de Dios.  Como la iglesia operaba en el formato de grupos celulares, fui instalado como líder de una célula.  Unos meses después pasé a ser supervisor de la zona de Dale City. 

 Para el mes de noviembre del 2002 nos sentimos inquietados a buscar nuevos horizontes al sur de Virginia.  Dimos un viaje exploratorio hasta llegar al condado de Caroline.  Comenzamos a orar pidiéndole al Señor que nos confirmara si realmente era su voluntad el que diéramos ese paso, el de mudarnos.   Eso representaba que debíamos cambiar de iglesia, pues la distancia sería de aproximadamente sesenta y cinco millas. No dejamos de laborar en la iglesia en que estábamos. Seguíamos haciendo nuestro trabajo, pero también seguíamos orando. Nunca comentamos nuestros planes a nadie para evitar que las emociones fueran a traer profecías falsas. 

 Un día se me acercó un hermano y me dijo que había tenido un sueño conmigo.  Este hermano (José) a sido usado por Dios en el ministerio de sueños anteriormente. Él me dijo: “En el sueño le veía a usted con su maletín que se iba de la iglesia.   Yo le decía, con lágrimas en mis ojos, no se vaya hermano, pero usted me dijo: Me tengo que ir porque el Señor me está llamando”.  Recuerdo que lo miré y me sonreí, pero no dije nada, solo gracias hermano. El hermano comenzó a irse y de repente se volteó hacia mí y me apunto con el dedo y sonrió.  Yo entendí que él sabía que Dios le había revelado que nosotros nos íbamos.

 El tiempo llegó y también el tiempo de nuestra partida.  Nos mudamos a nuestra nueva casa el 15 de septiembre del 2003.  Sabíamos que Dios nos había traído para trabajar con la comunidad hispana, el problema era que no sabíamos dónde vivían o estaban los hispanos. 

Recuerdo haber orado con mi esposa y le dijimos al Señor: “Señor, tú nos has traído aquí para hacer algo para ti, pero este lugar es un desierto de hispanos.  Sabemos que tú haces de los desiertos lugares fértiles.  Muéstranos que hacer y a donde ir, pues estamos desconcertados. Comenzamos a buscar una iglesia donde poder asistir, pues entendíamos que debíamos congregarnos en lo que Dios hacía lo que quería hacer. Visitamos varias iglesias hasta que el Señor nos guió a la iglesia Bautista de Ladysmith cuyo pastor es James Eads. Luego de estar visitando su iglesia por un tiempo decidimos invitar al pastor a nuestra casa para comunicarle el por qué estábamos asistiendo a su iglesia, pero el por qué no hacíamos un compromiso haciéndonos miembros.  Le contamos como Dios nos trajo aquí y para qué nos trajo, pero que no sabíamos como empezar ni donde. El pastor Eads es un hombre de Dios, lleno de fe y visión.  Creo fielmente que Dios nos trajo a los dos para estar unidos en lo que Él quiere hacer.  Le dijimos al pastor que estábamos pensando en comenzar con un estudio bíblico, pero él saltó y nos dijo: “vamos con iglesia”. Cuando él nos dijo eso nuestras rodillas temblaron. Pudimos ver que Dios nos estaba trayendo, no solo para hacer algo para Él, sino para llamarnos como pastores. 

Fue entonces como comenzamos a hacer los preparativos.  Yo insistí en comenzar con los estudios bíblicos hasta que tuviéramos un número razonable para comenzar como iglesia. De esa forma comenzamos los estudios bíblicos en el mes de abril del 2004. Iniciamos con cuatro hombres mexicanos que nos dijeron donde vivían, los fuimos a visitar, los invitamos y ellos aceptaron.  El grupo fue creciendo gradualmente y en enero 16 del 2005 tuvimos nuestro primer servicio como iglesia.

Dios a seguido añadiendo a la iglesia de aquí y de allá. Hoy tenemos hermanos de Guatemala, El Salvador, Bolivia, Colombia, Puerto Rico, Nicaragua, Honduras, Panamá, México. Dios continúa añadiendo.  Quieres unirte  a nosotros en la obra que Dios quiere hacer en este condado? 

Permítanos explicarles un poco sobre el lema que tenemos como iglesia y sobre el pasaje de Juan 8:32.  Creemos fielmente en la transformación que Dios hace en la vida que recibe a Jesús como Salvador.   Creemos que el hombre tiene que nacer de nuevo para poder entrar en el reino de los cielos.   Este nacer de nuevo se produce en el hombre por medio del Espíritu Santo cuando reconoce que es pecador y que necesita a un Salvador (Ro.10:9-10).

Cuando conocemos esa verdad, esa verdad nos hace libres.   Libres del pecado, libres del mundo y libres para poder disfrutar de paz y gozo que solo vienen de parte de Dios.   Es por eso que enfatizamos Juan 8:32. Queremos que toda persona pueda conocer la verdad y venir a ser verdaderamente libre (Jn.8:36).

Nuestro lema surge del convencimiento pleno que tenemos en ese poder trasformador de Dios.  Es por eso que creemos que nuestras vidas hablan más que nuestras palabras.   De esa forma tratamos de dar un mejor ejemplo con nuestras vidas.   Muchas de las palabras se las lleva el viento, pero si vivimos lo que hablamos entonces realmente haremos una diferencia.

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