Marcos 9:17-19

Introducción:

La incredulidad paraliza. Hace que los creyentes detengan su caminar hacia el propósito de Dios. Es una fuerza espiritual que provoca o trata de lograr que nos movamos en la dirección opuesta a la que el Señor nos ha dicho que debemos ir; sencillamente trata de lograr que nos quedemos en el mismo lugar donde estamos y que no avancemos nada en nuestro caminar espiritual.

Cuerpo del Sermón:

Es imposible para la naturaleza humana creer. Por eso es que Dios puso en el ser humano la naturaleza espiritual.  No podemos esperar un sentimiento, sentir algo, para empezar a creer, si esperamos emociones para creer, o que las circunstancias  estén de determinada manera para creer, nunca vamos a creer. Jesús reprende a sus discípulos fuertemente y les llamó generación incrédula. Por mucho que nos esforcemos humanamente para creer, es imposible porque la naturaleza humana no fue diseñada para eso. Por eso nosotros somos un espíritu que tenemos un alma y habitamos en un cuerpo.

La principal razón bíblica para que un creyente fracase es la incredulidad. La incredulidad es lo único que puede romper un pacto. La incredulidad es tan dañina y diabólica que nos paraliza. La incredulidad fue la única razón que Jesús mencionó como impedimento para poder hacer milagros:Y no hizo allí muchos milagros,  a causa de la incredulidad de ellos (Mateo 13:58).

Hay dos cosas que hemos visto hasta el momento: (1) humanamente es imposible creer, por eso tenemos la naturaleza espiritual para poder creer. (2) La incredulidad es la principal razón bíblica para que nosotros fracasemos.

Sin lugar a dudas podemos afirmar que un gran número de creyentes no reciben su milagro por causa de la incredulidad. No es porque estén en pecado. No es porque tiene una puerta que le abrió al enemigo. ¿Por qué no reciben liberación? ¿Por qué sus oraciones no son contestadas? En muchas ocasiones es por incredulidad. Lo que nos lleva a entender que la incredulidad nos impide recibir nuestra sanidad, nuestra liberación, nuestro milagro, etc.  La incredulidad es algo que Dios detesta. ¿Sabe por qué? Porque la incredulidad lo hace pequeño. ¿A qué nos referimos cuando decimos que la incredulidad hace a Dios pequeño?  A que cuando usted dice: “yo no creo”, usted le está diciendo al Señor: “Tú no eres capaz de hacerlo”. Podemos decir que la incredulidad levanta una pared a nivel espiritual que impide que el poder de Dios se manifieste a favor de la persona.

La incredulidad le envía el mensaje a Dios: “Tú no eres capaz de hacerlo, Tú no eres digno de confianza”.

Ahora, vea esto. La incredulidad no es la ausencia de fe. Es mucho más que eso. Alguien pudiera pensar que ser incrédulo es porque le falta la fe. Pero podemos identificar la incredulidad con un espíritu que no nos permite creer aun cuando es razonable. Es un espíritu que veda nuestros ojos y no nos deja creer aun cuando sea razonable. Es un espíritu que agarra la mente de la persona, la siega, siega su entendimiento y la persona no cree.

Así como la incredulidad no es una emoción, sino un espíritu, así también la Escritura se refiere a la fe como un espíritu (actitud del corazón), 2 Corintios 4:13: Pero teniendo el mismo espíritu de fe,  conforme a lo que está escrito: Creí,  por lo cual hablé,  nosotros también creemos,  por lo cual también hablamos”,. Así que tanto la incredulidad como la fe son espíritus que operan en el ámbito espiritual. El primero viene del diablo, el segundo viene de Dios. Y ambos trabajan para convencernos a pesar de lo que vemos o sentimos. El espíritu de incredulidad trata de convencernos para que no creamos aun cuando hay evidencias físicas, trata de convencernos de que eso no es así. Donde hay gente incrédula afectan el ambiente adversamente. No permiten que el Espíritu Santo se mueva con libertad. El espíritu de fe trata de convencernos de que sí es cierto. Los dos trabajan en el ámbito espiritual para convencernos.

Con la fe somos capaces de creer a pesar de lo que sentimos, pero con la incredulidad nosotros reusamos creer a pesar de lo que vemos y sentimos. A los fariseos y a los escribas les ocurrió esto. El espíritu de incredulidad se desarrolla, habita, anda:

1.     Con la gente religiosa – Un cristiano recién convertido es más receptivo para recibir por fe algo de Dios, que un religioso de tiempo en la iglesia. El espíritu de incredulidad se mueve en los sistemas religiosos y en las religiones muertas.

2.     Con gente que confía más en su mente y en su intelecto – Todo lo quieren razonar y entender con su mente.

Dios detesta este espíritu porque hace que la gente dude de su poder y de su grandeza. Hay dos momentos en los que vemos a Jesús molesto en las Escrituras: Cuando sacó a los que vendían en el templo y por la incredulidad de la gente (Marcos 9:19). La incredulidad levanta una pared que no le deja llegar la Palabra a la gente.

                                                             Hay dos tipos de incredulidad

A. Incredulidad - Apiteeo – una decisión deliberada de no creer.  La otra es quiero creer pero no puedo. Esta es yo decido voluntariamente no creer. Esta es un acto de desobediencia hacia Dios y decide no creer aun cuando tiene las evidencias físicas. Y decide ir en contra de lo que Dios le ha hablado. Este tipo de incredulidad Dios la llamó mala. El pueblo de Israel decidió voluntariamente no creer a pesar de todos los milagros que Dios hizo. Hebreos 3:7-4:2 – Esta clase de incredulidad me puede sacar, apartar del Señor.  La incredulidad endurece el corazón Marcos 16:9-14.

B. Incredulidad – Apisteo - un adjetivo en griego que se usa para referirse a la incredulidad que significa indigno de confianza, infiel, desconfiado, creyente infiel.  Cuando no creemos lo que Dios nos ha prometido, somos creyentes infieles.

Esa misma palabra (apisteo) tiene una raíz que significa la inhabilidad de pegarse y creer en algo aun cuando nosotros queramos, pero no podemos. Quiero pero no puedo. Quiero creer que el Señor me puede sanar pero no puedo. Quiero creer que el Señor me puede liberar pero no puedo. Quiero creer que el Señor va a restaurar mi familia, pero no puedo. Quiero creer que Dios va a salvar mis hijos  pero no puedo. Ese es apisteo.  Yo quiero seguir creyendo lo que Dios me ha prometido, pero no puedo.  Ver Marcos 9:20-24. Yo quiero creer, pero no puedo. Muchas veces esto ocurre porque no hemos oído la Palabra. Porque la fe viene por el oír, y el oír por la Palabra de Dios. Cuando no hemos oído Palabra, nuestro nivel de fe se cae. Por eso aunque nosotros queramos creer, no podemos. La Palabra es lo que alimenta nuestra fe.

Ahora bien, aquel hombre clamó. Cuando llegamos a este punto de estar en el valle de la decisión, cuando nuestros brazos se caen porque:

·        Estaba esperando que se abriera la puerta para comprar una casa y no se dio. 

·        Estaba esperando mi sanidad y ahora estoy peor.

Y ahí comienzan a caerse los brazos. Señor yo quiero seguir creyendo pero no puedo. Ahí viene la intervención de Dios. El Señor está viendo tu corazón. Y la Palabra dice que sin fe es imposible agradar a Dios. Y cuando el Señor te ve luchando, pero en tu corazón está el deseo. Padre quiero ser libre de esta atadura pero no puedo.  Quiero vencer está enfermedad pero no puedo. Quiero esperar y creer en tus promesas pero no puedo. Quiero ver tu gloria pero no puedo, hay algo que me detiene. Pero tengo que hacerlo Padre. Señor ayúdame a creer, yo sé que la casa viene, pero no puedo creer, ayúdame Señor. Yo quiero creer que mis hijos vienen, ayúdame a creer. Clame ayúdameeeee.  Dios nos persuade o nos convence porque tratamos. El Señor lo que necesita es un poco de fe. Demuéstrame un poquito de fe y voy a romper las cadenas. Dame un poquito de fe y vas a ver como se abren las puertas.  Dame un poquito de fe y el dinero para la construcción del templo va a aparecer.

Romanos 4:17-21 Creyó en esperanza contra esperanza (18). O sea que creyó aunque no tenía esperanza desde el punto de vista humano. Tampoco dudo, por incredulidad (20).  Abraham enfrentó la apisteo. Usted recuerda que Abraham se río cuando Dios le dijo que Sara iba tener un hijo (Génesis 17:17). “Plenamente convencido” (21). Cuando tratas el Espíritu de Dios te convence.

Tenemos que dejarnos convencer de lo que Dios nos prometió. Te dieron una Palabra que afirma la restauración de tu matrimonio, déjate convencer, déjate persuadir y declara mi matrimonio se va a restaurar. Recibiste una Palabra profética donde se te dijo que la casa que estás pidiendo va a llegar, déjate persuadir, convéncete y declara mi casa va a aparecer. Te dieron una Palabra profética de que vas a desarrollar un ministerio poderoso para gloria de Dios, déjate convencer por el Espíritu de Dios, y comienza a declarar me convenzo de que voy detrás de un sueño que Dios me dio.