El deseo de Dios para la iglesia local es que esta sea una comunidad que prevalezca. Es decir, que sea una iglesia que salga vencedora como la del libro de Apocalipsis; una iglesia que tendrá éxito según el criterio de Dios. Hay dos perspectivas erróneas de lo que una iglesia debe ser y estas impiden a las iglesias prevalecer.

                                   

                                               Perspectivas de la Identidad de la Iglesia

 

 Separatismo

 La primera es la idea de que la iglesia no debe ensuciarse con las cosas de este mundo y, por lo tanto, debe mantenerse alejada a través de una cultura separatista. La estrategia para alcanzar al mundo es impersonal. «Si yo me involucro con el mundo, existe la posibilidad de contaminarme con él. Así que, prefiero separarme de él.», o «La gente del mundo debe aceptar primero nuestra cultura religiosa, y así no arriesgamos la santidad de nuestra iglesia.» No es extraño ver como los creyentes de este tipo de iglesia se separan de los no creyentes para evitar su mala influencia, dejan de asistir a reuniones familiares, de practicar deporte con no cristianos y evitan conversaciones que no sean de temas religiosos.

 Asimilación

 La segunda es la idea de la asimilación. En esta perspectiva el cristianismo se reduce a lo ritual o a un asunto de preferencia religiosa. La diferencia entre el creyente y el que no lo es, es asunto de preferencias. Lo importante es ser bueno. Realmente no hay distinción. Por ejemplo, hay muchos cristianos en política, pero al ser absorbidos por los valores y prácticas del mundo, utilizan los mismos mecanismos manipuladores de este, entre otras cosas. Sus expectativas de cambio son muy bajas. En general, son personas buenas, pero viven en concubinato, o engañan en los negocios, o creen que el fin justifica el medio, y obedecen a Dios cuando «les conviene».

 Perspectiva bíblica:  La «transformación» de la iglesia en el mundo

 La perspectiva y actitud bíblica de la iglesia y de todo cristiano hacia el mundo es «amando a las personas sin amar al mundo» –en otras palabras la iglesia en transformación. Somos llamados a estar «en el mundo, pero a no ser del mundo»(Jn 17). No debemos separarnos, ni ser asimilados por los valores del mundo, sino debemos ser sal y luz en él. Cuando nos separamos del mundo somos como sal dentro del salero y luz debajo de un cajón. No servimos para sazonar o iluminar las cosas malas ni preservar o alumbrar las cosas buenas. Cuando nos asimilamos, somos como sal insípida o una lámpara apagada, y por lo tanto, no servimos para nada. Cuando elegimos ser iglesias que prevalecen en transformación, somos como sal fuera del salero, salando al mundo, y luz en lo alto de un cerro, brillando delante de la gente con nuestras buenas obras.

 Los elementos que definen la iglesia en misión;

 Podemos decir que muchos concuerdan con que la iglesia es una comunidad en misión. Pero, ¿cuáles son los elementos de esa misión? Algunos creen que la iglesia existe primordialmente para la proclamación verbal del evangelio, y hacen grandes esfuerzos en los trabajos tradicionales de visitar casa por casa, repartir «tratados», organizar eventos evangelizadores masivos, etc. Otros, creen que la iglesia existe como una comunidad discipuladora y la mayoría de sus esfuerzos se concentran en estudios bíblicos, cursos teológicos, exposición bíblica, etc. Aun otros creen que la iglesia existe para ser una comunidad de adoradores. Es fácil identificar este tipo de iglesia en la que la música y la «ministración» personal han tomado el lugar central que antes le pertenecía a la predicación. En fin, sea cual sea la preferencia, todos podemos afirmar que la iglesia es una comunidad en misión y que «la totalidad de la existencia cristiana debe caracterizarse como existencia misionera o en palabras del Concilio Vaticano II, la iglesia en la tierra es misionera por naturaleza.» Como bien expresó el teólogo reformado holandés Hendrikus Berkhof, «la iglesia no cumple su misión cuando sacrifica su ser, a fin de llegar a ser instrumento. Al contrario, la esencia de su ser es cumplir su misión en el mundo.», énfasis añadido. Entendemos que «la misión» es parte esencial de lo que es ser iglesia. Ahora bien, el problema es que no podemos darnos el lujo de escoger un aspecto de la misión, olvidando los demás, sin alterar el propósito de Dios para su iglesia.

 En la iglesia primitiva mostrada en el libro de los Hechos, podemos identificar los elementos básicos específicos de una iglesia que prevalece. Es posible decir que una iglesia local es fiel a la misión cuando practica los 6 elementos siguientes de manera integrada:

 1. Adoración

 Los primeros cristianos eran adoradores. Alababan a Dios constantemente en actitud, acción y en comunidad (Hch 2. 47). Ellos daban homenaje a Dios por quién es él, y lo que hace, especialmente en el evento de Cristo, dándole gracias por llamarlos a ser hijos y herederos del reino. Reconocieron la autoridad absoluta, poder, y gloria del Rey y se convirtieron en adoradores de él. Ahora bien, una adoración genuina es una que expresa gratitud en el contexto de la justicia. Como nos indica Isaías 1.13-17, una práctica de adoración divorciada de la justicia social es algo que Dios «aborrece» (v.14). La iglesia primitiva entendía muy bien el corazón de Dios, ya que su adoración iba acompañada de asistencia a los necesitados.

 2. Evangelización integral

 En el fluir de esta actitud permanente de adoración se manifestaba un efecto multiplicador en cuanto a los que se añadían cada día a la iglesia. Esto se debe al testimonio vivo de la gracia de Dios que el pueblo veía cada día (Hch 2.47). Este tipo de testimonio es lo que llamamos «evangelización integral». Los nuevos creyentes proclamaban con sus vidas tanto como con sus palabras la gracia que estaban experimentando en Cristo. El estilo de la gente fue muy personal y muy contagioso. Se veía un verdadero compromiso con otras personas no iban puerta tras puerta tocando timbres para imponer por un tiempo limitado sus convicciones a una persona ajena. Vivían de tal manera que sus acciones hacia los demás llegaba a ser el medio por el cual demostraban la realidad de su fe. El ambiente de la iglesia fue uno de aceptación a los que estaban perdidos en búsqueda de algo más. No existía duda que cuando los no creyentes se acercaran a la comunidad de fe encontrarían lo que buscaban porque el amor expresado en acción y palabra hacia ellos era lo suficientemente convincente como para atraerlos a la fe.

 3. Discipulado

 También se dedicaban al estudio y desarrollo espiritual en comunidad. Existía oportunidades para crecer en su entendimiento y comportamiento como nuevas criaturas en Cristo. Esto es el elemento de la formación o discipulado de la fe del individuo (Hch 2.42, 46-47). No era tan difícil ya que las personas habían sido atraídas por una persona con quien tenían una relación personal. Fácilmente esa misma relación llegaba a ser el vínculo de discipulado para hacerle crecer. También, había oportunidades dentro y fuera de las reuniones (partimiento del pan, oración en las noches, predicación en las plazas, etc.) todo esto con el fin de ayudarles a crecer en su conocimiento. Es necesario crecer en nuestra experiencia con Dios (por el Espíritu) y en el conocimiento de su Palabra (la verdad). Mientras vamos creciendo, vamos siendo más eficaces en nuestro testimonio en palabra y obra.

 4. Comunión

Otro elemento crítico para la iglesia que fue demostrada en la iglesia primitiva de Hechos es la comunión o koinonía (Hch 2.42-47, 4.31-37). Hoy en día lo llamamos «grupos de compañerismo», «células» o «grupos pequeños». Son oportunidades de vivir en comunidad alabando a Dios, dedicándose unos a otros, estudiando juntos, compartiendo la vida en su totalidad, comprometiéndose a proveer para las necesidades de otros, y a demostrar una compasión radical hacia las personas a su alrededor. Es en comunidad donde se desarrolla el uso y mayordomía de los dones espirituales para la edificación del cuerpo y el Reino de Dios.

 5. Servicio

 Es servir a los otros con nuestras posesiones, tiempo, y talentos (Hch 2.44-45, 4.34-37). Servir es ser testigo en la sociedad por medio de inversiones, obras y desarrollo para el bienestar de nuestras comunidades. También trabajando juntos con otras iglesias y organizaciones para la transformación de nuestras sociedades en todos sus aspectos (justicia, defensoría, desarrollo económico, etc.). Es interesante observar que la llenura del Espíritu en Hechos no se limita a la acción evangelizadora («hablar la palabra de Dios con fervor»), sino también a la acción social («ninguno decía ser suyo lo que poseía, sino que todas las cosas eran de propiedad común… No había pues ningún necesitado entre ellos…») (4.31,32,34).

 6.- Voz Profética

 El sexto elemento de una iglesia en misión como la del libro de Hechos es el de la voz profética. Los apóstoles proclamaban el mensaje redentor de Dios, denunciando toda obra de maldad del anti-reino en la sociedad, y anunciando las Buenas Nuevas del Reino de Dios por todos los medios posibles, en palabra y hechos, con el propósito de producir transformación en justicia y verdad (1 Juan 3: 1-10). Practicaron la voz profética dentro y fuera de la iglesia velando por la igualdad, bienestar y aceptación de todos (Hechos 6: 1-7 y Santiago 2:1-13). Sus obras y acciones en amor les dieron la autoridad moral y la plataforma para denunciar las injusticias y anunciar los caminos rectos de la verdad del Evangelio para que el pueblo no se perdiese. Esta acción la vemos en las denuncias abiertas a las autoridades hechas por Pedro y Juan (Hechos 2:22-40; 4:10-12), Esteban (Hechos 7:1-54) o ante el Pueblo cuando Pablo recuerda la Palabra en cuanto lo que ha de acontecer a Israel si permanece fiel al propósito de Dios (Romanos 9:1-33).

 Así que, la iglesia que prevalece no es una iglesia ni separatista ni asimilada, sino una que practica la transformación (amando al mundo, desechando los valores del mundo). La práctica integrada de estos seis elementos posiciona a la iglesia local como esperanza de su comunidad. 

 Algunas pautas específicas que la iglesia local puede tomar para llegar a ser una iglesia prevaleciente son los siguientes:

1.      Orar por amigos y familiares y vecinos que no conocen a Cristo; orar por la ciudad en una actitud de humildad no de arrogancia como el sacerdote que decía, «Gracias Señor que no soy como el publicano» (o en este caso, el mundo).

2.      Servir a amigos familiares y vecinos del barrio en amor, relacionándose con ellos, siendo diferentes. Además de servir a la comunidad, involucrándose en buenas obras cuando esté en su capacidad el hacerlo (Pr 3.27).

3.      Capacitar a las personas de la iglesia en cuanto a sus dones espirituales, compasión, mayordomía de sus recursos, etc. De modo que se enseñe el discipulado como un proceso permanente, participativo e integrado en la vida del cristiano y la iglesia local.

4.      Ser estratégico en cuanto a las reuniones eclesiásticas, tomando en cuenta que Dios vino al mundo a rescatar al perdido, no a entretener a los que ya estaban convencidos. Trabajar para que el ambiente, el mensaje, la actitud sea más atractiva a los no creyentes, preguntándose ¿Qué haría Jesús si fuera miembro de su iglesia para alcanzar a los no creyentes?

5.      Ser intencional en la construcción y en la vivencia de la comunidad redimida dentro de la iglesia local. Tenemos que brillar como un faro en la oscuridad de una tormenta para poder anunciar en vivo el shalom, comunión y vida abundante que es posible solamente en el cuerpo de Cristo.

6.      Desafiar a la iglesia a llevar la adoración más allá de las cuatro paredes de nuestros templos y convertirnos en adoradores verdaderos que reflejan esta actitud de reverencia y homenaje a nuestro Rey en el diario vivir en el mundo manteniéndonos llenos de gozo, contentamiento y compasión para nuestro prójimo.

El deseo de Dios es que cada iglesia local sea como la iglesia primitiva.

El propósito de Dios y el sueño de Jesús fue que su iglesia fuera el instrumento para llevar la esperanza de las Buenas Nuevas a «Jerusalén, Judea y Samaria, y hasta las partes más remotas del mundo.» Estos elementos compartidos nos pueden ayudar a alcanzarlo. ¿Quieres ser parte de esto?