Fundamentos de la doctrina de Cristo

 

Fe en Dios Parte 2

 Estudio 5

¿Qué es la fe?

He.11:1

Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera,

la convicción de lo que no se ve.

 

    Vimos en nuestro primer estudio del fundamento de la fe en Dios las diferentes clases de fe que hay y los diferentes niveles.    También dejamos claro que esa fe vista en el primer estudio no es la fe como fundamento.    Ver milagros y prodigios, o incluso, ser los que hacemos los milagros y prodigios, no es garantía de que tengamos un fundamento de fe.    Construir nunca ha sido fácil, muy en especial cuando la construcción es para sostener un edificio majestuoso o resistir las tempestades más fuertes.    El propósito de estos fundamentos es ese, darle gloria a Dios en medio de cualquier situación.  

    Cuando hablamos de construir un fundamento de fe en Dios estamos hablando de una sola cosa, estamos hablando de fe en Su palabra.    Pasajes como: El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán (Mt.24:35); Pero más fácil es que pasen el cielo y la tierra, que se frustre una tilde de la ley (Lc.16:17); así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié (Is.55:11), nos dejan ver que la palabra de Dios es inmutable, no cambia ni varía.   Cuando Dios habla cosas ocurren, es una ley incambiable.

     Entonces, un fundamento de fe en Dios es un fundamento en la palabra de Dios.    Es creer que cuando Dios habla no hay otra alternativa que esperar que ocurra lo que él ha dicho que va a ocurrir.  Siendo que el fundamento de fe en Dios es Su palabra, debemos explorar a fondo qué se nos dice para poder levantar este, tan importante fundamento.   

    Para poder entender bien lo que significa construir el fundamento de fe en Dios debemos hacer referencia al padre de la fe, al padre Abraham.

    Miremos lo que nos dice Ro:4:3 Porque ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia.   ¿Qué creyó Abraham?  Creyó a la palabra de Dios, la cual fue que sería padre de muchedumbres.    Miremos esta palabra de Dios dicha a Abraham en Gén.12:2 Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición.    En esta promesa no se menciona nada relacionado a un hijo, pero se sobre entiende, porque para que se pudiera hacer una nación grande de Abraham, este tenía que tener hijos.     En Gén.18:10 Dios volvió a reafirmar la palabra ya dicha, pero en este caso fue más específico al decirle a Abraham: De cierto volveré a ti; y según el tiempo de la vida, he aquí que Sara tu mujer tendrá un hijo.  

     Cuando leemos este relato nos gozamos de ver la fe de Abraham, pero ¿sería tan fácil para Abraham creer lo que Dios le estaba diciendo siendo que Abraham tenía setenta y cinco años (Gén.12:4) y Sara sesenta y cinco (Gén.17:17)?   Si a esto le sumamos que Sara era estéril de nacimiento (Gén16:2) y que la costumbre de las mujeres o el periodo menstrual ya le había pasado (Gén.18:11), tendríamos que pensar que Abraham verdaderamente era un hombre de fe.   Creerle a Dios en medio de estas circunstancias no es tarea fácil.   Abraham ya había visto a Dios obrar, pero aquí se necesitaba más que una fe grande, se necesitaba un fundamento de fe, y no fe en cualquier cosa, sino en Dios.     Abraham fue conocido como el padre de la fe, no porque tuviera fe, sino porque tenía un fundamento de fe en Dios.

     ¿Podremos nosotros poseer la fe que tenía Abraham?    Yo pienso que sí, si es que somos diligentes en construir el fundamento de fe en Dios.  

     Nos resta preguntarnos ¿Cómo construimos un fundamento de fe en Dios?  

   Veamos el caso de Abraham nuevamente, pero esta vez miremos lo que nos dice Pablo en Ro.4:18 al 22.   Tomemos un versículo a la vez de pasaje para poder extraer el mayor beneficio. 

18 El creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes, conforme a lo que se le había dicho: Así será tu descendencia.

 

   Recordemos que Abraham tenía noventa y nueve años cuando Dios le dijo que para el próximo año Sara, quien tenía noventa y era estéril, tendría un hijo.   Él creyó en esperanza contra esperanza.    Cuando Dios le habló a Abraham por primera vez que tendría un hijo, Abraham tenía setenta y cinco años y Sara sesenta y cinco.    Había esperanza de ver eso realizado aun cuando los años no le favorecían.   Pero al Dios hablarle nuevamente, teniendo él noventa y nueve años, ahora era una batalla de fe.   Es una batalla de esperanza contra esperanza.    Es creer que lo que se le dijo por primera vez y que todavía no había visto el cumplimiento, lo vería realizado el próximo año.    Un dato interesante es que la Biblia registra constantemente la promesa ya dicha.    Debemos conocer bien qué nos ha dicho el Señor y pararnos firmes en esa palabra.   Si Dios habló nada impedirá que ocurra.  

  19 Y no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi cien años), o la esterilidad de la matriz de Sara.

    A los setenta y cinco años la promesa de un hijo era imposible a los ojos de los hombres, pero no para Dios.    Habían transcurrido veinte cuatro años de espera.    Su cuerpo ahora estaba mucho más viejo y debilitado, pero eso no debilitó la fe de él.    El que el versículo diga que el cuerpo de Abraham estaba como muerto es señal clara de que las posibilidades de tener un hijo propio eran cero.   Sin embargo nada de eso debilitó la fe de Abraham.    Por mucho menos nuestra fe se debilita y se desmorona dando señal que la fe de nosotros no es una fe como fundamento.   La fe como fundamento no mira el tiempo o las circunstancias.   No es una fe basada en emociones o sentimientos, sino una fe basada en la poderosa palabra de Dios.   

    Dios le prometió a Abraham un hijo, pero no le dijo cuando.   Es cuando tiene noventa y nueve años que le dice que el próximo año vería ese hijo.   Si Dios nos ha prometido algo y no nos ha dado fecha, no debemos dudar porque a pasado el tiempo, si el prometió, él cumplirá porque él no es hombre para mentir (Núm.23:19).

    Otro factor que podía haber debilitado la fe de Abraham era la esterilidad de su mujer Sara.    El que la mujer entre en la menopausia cancela las posibilidades de tener un hijo, pues su periodo menstrual se va.     Aun así pudiera darse el caso de que pudiera tener un hijo.   Pero si a eso se le suma la esterilidad, las posibilidades descienden a cero.   Esto ponía a Abraham en cero y a Sara en cero.    Cero más cero es igual a cero según la suma de los hombres, pero según la suma de Dios, cero más cero es igual a Isaac, el hijo de la promesa.    Cinco panes y dos peces, ¿qué es esto para tantos? (Jn.6:9) es el pensar del hombre, pero en el pensar de Dios es más que suficiente para alimentar a cinco mil hombres sin contar las mujeres y los niños, y que sobren doce canastas llenas (Mt.14:20-21).    Lo que es imposible para los hombres es posible para Dios (Lc.18:27).  

    Dios té a dado una promesa y el tiempo ha pasado y no has visto esa promesa llegar.   No te debilites en la fe ni permitas que las circunstancias que te rodean te muevan de tu posición.   Si Dios habló lo único que podrá ocurrir es que se cumplirá lo que él dijo.   Si no te dio fecha sigue esperando.   El que prometió cumplirá porque él no es hombre para mentir.

    Miremos nuestro próximo versículo para aprender del padre de la fe y así nosotros poder construir un fundamento sólido de la fe en Dios.   

  20 Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios,

    La duda es uno de los enemigos más grandes de la fe.   Miremos lo que nos dice Santiago en Stag.1: 6 Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra.  7  No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor.

    La duda revela cual es la condición interna en nosotros.    Dice que somos arrastrados por el viento y echados de una parte a otra.   Nuestras emociones son dominadas por las circunstancias y nos llevan a hacer cosas alocadas.  

    Permítanme contar un pequeño testimonio que deja ver claro esta condición.   Muchos años atrás (1984) yo pensaba que tenía un fundamento de fe en Dios.   Hablaba de Dios, conocía las promesas de Dios, enseñaba a otros la palabra de Dios, pero cuando vino una tormenta en mi vida, mi propia casa no pudo sostenerse.    Me ocurrió como a Pedro cuando le dijo al Señor que nunca le negaría.    Lo que me ocurrió a mí fue bien bochornoso por ser algo relativamente insignificante, pero suficiente para desmoronarme.   Les pido que no me juzguen por esto, lo cuento solo como ejemplo de lo que estamos hablando.

  Yo tenía un carro el cual se me daño.   Llamé a un mecánico amigo mío para que lo buscara con un remolque y lo arreglara.   Al medio día me llamó y me dijo lo que el carro tenía y el precio para arreglarlo era $160.00.   Yo no tenía ni un solo centavo, pero como yo era “un hombre de fe” le dije al mecánico que lo arreglara que a la tarde pasaría a recogerlo.   A mi entender yo tenía la fe suficiente para creer que Dios proveería ese dinero y yo poder sacar mi auto a la tarde.   La prueba de mi fe había llegado.    Tan pronto solté el teléfono me dirigí a donde estaba mi confianza.   Usted pensará que me dirigí al cuarto de oración a clamar a Dios.   ¿Por qué? Si yo era, a mi parecer, un hombre que caminaba constantemente con Dios.   No es necesario ir al cuarto de oración cuando tengo un patrono que me puede adelantar parte de mi sueldo.   ¿Puede ver donde estaba mi confianza, donde estaba mi fe?   No en Dios, sino en mi patrono.   Me dirigí a la oficina y le pedí al patrono un adelanto de sueldo.   No era nada nuevo, pues ya antes lo había hecho, y no solo yo, sino también otros compañeros.    Para mi gran sorpresa el patrono me dijo que no me podía dar el adelanto.     La sonrisa de mis labios se fue, las emociones internas comenzaron a agitarse.   ¿Se acuerda lo que leímos en Santiago? Porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra.    Literalmente eso comenzó a ocurrir en mí.   Perplejo le pregunté por qué no.  Me dijo que muchos otros no habían pagado y dieron ordenes de la oficina central que se suspendiera eso.    En mi nerviosismo y desesperación salí corriendo de mi trabajo a buscar quien me prestara $160.00.    Se puede usted imaginar.     Mi trabajo estaba en juego, pues lo abandoné, por $160.00.   Le había dado mi palabra al mecánico y ahora no podía cumplirla porque mi fe, la cual yo creía era como una roca, se desmoronó como arena.  No había un fundamento de fe en Dios en mi vida.   No había tomado el tiempo para construir de forma sólida.   Esto me llevó a reflexionar en mi vida, la cual yo creía estaba sólida en el Señor.  

   La mayoría de nosotros proclamamos tener fe en Dios, y en ocasiones fe grande porque vemos algunos milagros ocurrir en nuestras vidas.   Posiblemente porque confesamos algo y lo recibimos y eso nos hace sentir que somos cristianos de fe.   Pero un fundamento de fe va mucho más aya, es creer en y a Dios aun cuando no vemos lo que pedimos o no recibimos lo que queremos.   

   El pasaje que estamos mirando nos dice que Abraham no dudó, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios,  Cuando no vemos lo prometido tendemos a dudar la palabra de Dios, pero ese no fue el caso de Abraham.  El se fortaleció en fe.   ¿Cómo nos fortalecemos en fe?   Dando gloria a Dios,  Un fundamento de fe no depende de las circunstancias que nos rodean.   No importa lo que nuestros ojos vean o nuestros oídos oigan, siempre le daremos gloria a Dios.    ¿Pueden verlo? La fe le da gloria a Dios por lo que le da; el fundamento de fe le da gloria a Dios por lo que él es.  

     Debemos llegar al punto que nos muestra los versos 21 y 22 de Romanos 4 que nos dice: 21 plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido; 22 por lo cual también su fe le fue contada por justicia.

    Este convencimiento es el que nos va a sostener en el día de la prueba, en el día malo y en el día de la tempestad.    Recuerde que tener fe cuando todo está bien es fácil, pero mantener nuestra fe en el Señor cuando las cosas no están muy bien, muy en especial cuando no vemos cambios, eso es fundamento de fe en Dios.   Cuando podemos seguir alabando a Dios aun cuando no vemos lo prometido, eso es fe como fundamento.  

    En la sección de nuestra página cibernética titulado “Predicaciones” encontrará una predicación bajo mi nombre titulada “Abriendo puertas, soltando cadenas” en el cual hablamos en forma más abundante sobre el tópico de tener fe como fundamento, fe que nos lleva a alabar a Dios aun cuando las cosas no salen como esperábamos.   Le invitamos a leerlo.

    Permítanme traer dos puntos más en este asunto de construir un fundamento basado en fe en Dios. 

 La vista debilita la fe

He.11: 1 Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.

    Pablo dijo en 2 Cor.5:7 porque por fe andamos, no por vista.   Quien anda por lo que ve nunca podrá construir un fundamento de fe.   Si usted se ha dado a la tarea de construir, debe entender que si ha estado andando por vista, hoy tiene que empezar a andar por fe; porque la vista debilita a la fe.   Esto se ve claramente en el caso de Pedro caminando sobre las aguas.   Cuando vio las grandes olas su fe se debilitó y comenzó a hundirse (Mt.14:30).   

    Volvamos con el padre de la fe para ver y aprender de él.       Dios le pidió a Abraham que sacrificara a su hijo, al hijo de la promesa, al hijo por el cual había esperado veinte cuatro años.   Ahora Dios le dice que lo sacrifique.  Ese relato lo encontramos en Gén.22. Ahora en He.11:17 al 19 se nos muestra algo sumamente importante.  Los versículos leen de la siguiente manera: 17 Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, 18 habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia; 19 pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir.

    Dios le dice a Abraham que sacrifique a Isaac, a su único hijo.   Algunos comentaristas señalan que esto debió ser traumatizarte para Abraham.  Yo pienso que no, pues Abraham tenía un fundamento de fe en Dios.   Su fe no era una fundada en las emociones.   Una fe fundada en las emociones se deja ver cuando cantamos en la iglesia solo los cánticos que nos gustan.   Yo he oído a muchas personas decir que: “este domingo no voy para la iglesia porque el que va a predicar no me cae bien o no me gusta como predica”.   Esto es señal de fe en las emociones.   Como me sienta determinará si alabo a Dios o no.    Tampoco la fe de Abraham esta fundada sobre los sentimientos.    Hay muchos padres que dedican sus niños al Señor, pero cuando estos están un poquito enfermos no van a la iglesia.    Debemos cuidar a nuestros niños, pero no podemos dejar que cosas sencillas y simples en ellos nos impidan llegar a la casa de Dios.     Tampoco la fe de Abraham estaba fundada en las circunstancias.    Somos personas que hacemos uso de cualquier excusa para ausentarnos a la iglesia, sin darnos cuenta que el que pierde es uno mismo.  

     En una ocasión una amiga de nosotros fue a la iglesia, pero su esposo no fue.   Cuando le pregunté por él su respuesta fe “él se quedó en la casa porque no se sentía bien y quería descansar para poder ir a trabajar al otro día”.   Cuando yo oigo excusas como esa me da cólera.   Veo la falta de temor a Dios.     No pude contenerme y le dije “porque no vino a la iglesia y falta mañana al trabajo.   Es obvio que su trabajo es mucho más importante que el Señor”.    Abraham no era movido por lo que veía u oía, él era movido por la palabra de Dios.   Dios le dijo sacrifícame al hijo y él fue y lo hizo.   Eso es fe como fundamento.

   Cuando comenzamos a razonar las cosas nuestra fe se debilita.  Cuando miramos las estadísticas nuestra fe se debilita.  Cuando miramos los síntomas nuestra fe se debilita.   Pero que distinto es cuando alabamos a Dios por la promesa, aun cuando no lo hemos visto.   Nuestra fe se fortalece cuando estamos plenamente convencidos de que Dios es poderoso para hacer lo que dijo que haría.

     Un buen ejercicio para construir nuestra fe en la palabra de Dios y así tener un fundamento en Dios lo encontramos en Génesis 1.  Lea con cuidado todos estos versículos del capítulo 1 prestando mucha atención a las partes subrayadas:

3 Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz.

6 Luego dijo Dios: Haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas. 7 E hizo Dios la expansión, y separó las aguas que estaban debajo de la expansión, de las aguas que estaban sobre la expansión. Y fue así.

9 Dijo también Dios: Júntense las aguas que están debajo de los cielos en un lugar, y descúbrase lo seco. Y fue así.

11 Después dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra. Y fue así.

14 Dijo luego Dios: Haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche; y sirvan de señales para las estaciones, para días y años, 15 y sean por lumbreras en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra. Y fue así.

20 Dijo Dios: Produzcan las aguas seres vivientes, y aves que vuelen sobre la tierra, en la abierta expansión de los cielos...

21 Y creó Dios...

24 Luego dijo Dios: Produzca la tierra seres vivientes según su género, bestias y serpientes y animales de la tierra según su especie. Y fue así.

26 Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen...

27 Y creó Dios al hombre...

 

   Observe que no hay nada donde Dios hable y no ocurra.   Esto confirma muy bien lo dicho por Isaías en el capítulo 55:11 que dice: Así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.   Sabe cual es el mayor problema que confrontamos hoy día, que mucha de la palabra que lleva el sello “Dios dijo” en realidad Dios no ha dicho.   Es por eso que no vemos su cumplimiento, pero si Dios habló, tenga por seguro que ocurrirá lo que el dijo que ocurriría.

    El punto final que quiero traer es la lucha de nuestra fe.   Vimos que Abraham se fortaleció en la fe.   Hay una lucha constante tratando de apagar nuestra fe y debemos enfrentar esa lucha y ganarla.    Uno de los factores importantes en esta lucha es que debemos parar de andar por vista, viendo las circunstancias a nuestro alrededor.   Todo parece desmoronarse a nuestra vista, pero la palabra de Dios permanece para siempre.   No nos paremos en otra cosa que no sea la palabra de Dios, en Cristo mismo, y no caeremos jamás.   Caerán a tu lado mil, y diez mil a tu diestra; mas a ti no llegarán nos dice el Salmo 91:7.   Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo nos dice Jesús en Mt.28:20   Luego termina diciendo Amén en señal de que eso nada ni nadie lo cambiará.

    Empecemos a andar por fe, no en la fe basada en confección positiva, ni en la fe en fe, sino en Dios; en el autor y consumador de la fe.   Sabiendo que el que comenzó la buena obra en nosotros la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.

La lucha de nuestra fe

    Nosotros tenemos una constante e interminable lucha.   Esta lucha es con la carne.   Convivimos con ella y no nos podremos desprender hasta que venga el Señor y nos transforme.   Debemos estar conciente de ello si queremos caminar por fe.   En Gén.21 se nos muestra a Ismael burlándose de Isaac.   El verso 9 dice: Y vio Sara que el hijo de Agar la egipcia, el cual ésta le había dado a luz a Abraham, se burlaba de su hijo Isaac.   Pablo añadió en Gál.4:28 y 29 Así que, hermanos, nosotros, como Isaac, somos hijos de la promesa. 29 Pero como entonces el que había nacido según la carne perseguía al que había nacido según el Espíritu, así también ahora.   Vemos que Pablo nos identifica con Isaac dejándonos ver que la carne se burlará de nosotros y nos perseguirá.   Como ya dijimos, es una lucha constante, día y noche, sin descanso.  

     Pablo también nos dice en 1 Co.15: 46 Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual.   Vemos aquí que la carne es primera y por lo tanto siempre nos llevará algo de ventaja.   Jesús le dijo a sus discípulos y nos dice a nosotros: Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil (Mt.14:38).

    Hay una sola forma de vencer a la carne y es llevándola a la cruz para que permanezca crucificada.   Observemos las palabras de Jesús en Lc.9:23 Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.   Tomar la cruz es negarnos a nosotros mismos.   Es negar lo que nos gusta, lo que quisiéramos hacer, lo que nos atrae, y esto es algo que debe hacerse diariamente.   Diariamente debemos llevar todos esos deseos de la carne a la cruz para que sean crucificados si queremos poder construir un fundamento de fe en Dios.

    En Romanos 7 Pablo habla más claro de esta lucha y el hermano Watchman Nee, en su libro “La cruz en la vida cristianan normal” editado por Living Strim Ministry lo explica mucho mejor.

   Permítanme concluir resumiendo lo dicho y con unas últimas palabras.   Fe es creer que lo que Dios a dicho que va hacer con nuestras vidas va a ocurrir, aun cuando las circunstancias digan o muestren lo contrario. Las circunstancias decían que José no vería sus sueños hechos realidad. Las circunstancias decían que Daniel moriría en la fosa de leones y sus amigos en el horno de fuego. Las circunstancias decían que Pedro moriría cuando fue apresado por Herodes.

    Las circunstancias podrán decir lo que quieran decir, pero una vida fundamentada en la palabra de Dios, la cual es fe en Dios, no será movida por esas circunstancias o por las emociones o sentimientos. 

     Nuestra fe es fortalecida con alabanzas, lectura de la Biblia y oración diariamente.   Cuando Jesús fue tentado por Satanás él le dijo:  No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda la palabra que sale de la boca de Dios (Mt.4:4).   La palabra de Dios es comida para nosotros y nos nutre para estar fortalecidos contra cualquier embiste, sea de Satanás o de las circunstancias.  Para que tengamos esto más claro miremos la respuesta de Jesús a sus discípulos cuando ellos le insistían que comiera algo.   Jesús le dijo: Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis. 33 Entonces los discípulos decían unos a otros: ¿Le habrá traído alguien de comer? 34 Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra.   Nos alimentamos de la palabra de Dios para poder hacer su voluntad.   A más voluntad de Dios en nosotros más crecimiento espiritual.   A más crecimiento espiritual más fundamento de fe en Dios en nosotros. 

    Lo que realmente complace a Dios es nuestra obediencia.   Así lo vemos claramente en 1 S.15: 22 Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros.  La obediencia se muestra con acciones y no con palabras.  Es mejor poco conocimiento bíblico con mucha obediencia, que mucho conocimiento con poca obediencia.   Miremos el ejemplo que nos dejó Jesús en  Mt.21: 28 Pero ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos, y acercándose al primero, le dijo: Hijo, ve hoy a trabajar en mi viña. 29 Respondiendo él, dijo: No quiero; pero después, arrepentido, fue. 30 Y acercándose al otro, le dijo de la misma manera; y respondiendo él, dijo: Sí, señor, voy. Y no fue. 31 ¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre? Dijeron ellos: El primero.

     Pongamos este fundamento de la fe en marcha para poder seguir construyendo nuestras vidas sólidas, de tal forma que le demos gloria a Dios en todo momento y en toda circunstancia.  Propongamos hacer un compromiso, primeramente con nosotros y luego con el Señor, para hacer las tres cosas que harán crecer mi fe en Dios.   Estas son alabanzas, estudio de la Palabra y oración.

     Les invitamos a continuar la construcción del fundamento de la doctrina de Cristo, fundamento que nos ayudará a seguir en la carrera hasta que Cristo venga o nos mande a llamar. ¡Aleluya!