Tercer Fundamento

Doctrina de Bautismos 1

 de la doctrina de bautismos…

Estudio 6

Hebreos 6:2

     En la Biblia se nos habla de dos diferentes bautismos en la vida cristiana.   Es por eso que el verso dice bautismos en plural.   Los dos bautismos son los siguientes: bautismo en agua y bautismo del Espíritu Santo y fuego.   Este segundo bautismo se divide en dos, Espíritu Santo y fuego.  A primera vista podríamos pensar que se está hablando de uno mismo, pero en realidad son dos.  En este estudio estaremos viendo primeramente el bautismo en agua y luego veremos el bautismo en el Espíritu Santo, enfocándonos en el área de fuego, dejando el bautismo del Espíritu Santo para nuestro próximo capítulo.

  Bautismo en agua

Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo

Mt.28:19

     En el versículo citado arriba vemos a Jesús dando una de las últimas instrucciones a sus discípulos, aquellos que serian los responsables de propagar el mensaje de salvación al resto de la humanidad.  Este mensaje de salvación incluye el bautismo en agua, y este bautismo en agua incluye al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.   Este es el orden establecido por Jesús y es el orden que nosotros debemos seguir.   Cambiar el orden invalidaría el bautismo.   En las matemáticas se dice que el orden no altera el producto, pero pienso que en el bautismo sí.  Es el orden establecido por Jesús y es la forma que lo debemos realizar.   Cambiar ese orden invalidaría el mandato.   

    El bautismo en agua es una ordenanza establecida por Cristo mismo.     Es de suma importancia que toda persona que recibe a Cristo como Salvador se bautice.   Es el primer paso de obediencia al Señorío de Cristo.    Es a través del bautismo en agua que certificamos que realmente hemos creído en Cristo como nuestro Señor y Salvador.   Descuidar este paso es dar señales de desobediencia y daríamos un mal testimonio como cristianos.

    Debemos dejar claro que el bautismo en agua no es necesario para alcanzar la salvación.   La salvación viene cuando hacemos la confesión pública conforme a Ro.10:9 que dice: 9que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.   El bautismo no es necesario para ser salvo, pero es la señal inicial de que sí hemos sido salvados.   Es la señal de mi obediencia a Cristo. El hombre crucificado junto a Jesús no fue bautizado, pero creyó en Jesús y recibió salvación, pues Jesús le dijo: ...De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso (Lc.23:43).

    El bautismo en agua está siendo bien atacado en estos tiempos.   Ese ataque nos muestra cuan importante es el mismo, al punto que Satanás está tratando de hacer que las personas ya no se bauticen, y si lo hacen, que lo hagan mal, bautizándose en el nombre de Jesús solo.

    Se está enseñando que el bautismo en agua no se tiene que realizar más, esto es basado en lo que dice la Biblia en He.6:1.   El verso lee de la siguiente manera: Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección   Usan la frase “dejando ya” para indicar que es algo obsoleto y sin necesidad de ser realizado.  Tristemente esa es una muy mala interpretación, pues lo que el versículo está diciendo es que el cristiano no debe quedarse estancado en los rudimentos, sino que debe continuar su crecimiento espiritual. Todos y cada uno de esos fundamentos son los que estamos estudiando aquí con el fin de aprenderlos bien y así poder continuar con nuestra travesía en este mundo, dando gloria a Dios en todo momento.    Para obtener una mayor información de la enseñanza, la de rechazar el bautismo en agua, le invitamos a leer el estudio titulado “Desenmascarando al Jesucristo hombre”.

    Quien enseña este bautismo dice que la forma correcta de bautizar es en el nombre de Jesús solo sin incluir al Padre ni al Espíritu Santo.   Esta enseñanza obtiene su base de los siguientes versos: Hch.2: 38Pedro les dijo: Arrepentios, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Hch.8: 16porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús.  Hch.19: 5Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús.

  Cuando leemos esos tres versículos, a primera vista pareciera que eso es lo que nos está indicando.   El problema es que en la Biblia hay tópicos que requieren de mayor estudio y mucha oración para poder entenderlos.   Sabemos que el mandato de Jesús fue bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.   Sabemos que Jesús es la autoridad máxima.  Pero también encontramos a Pedro y a Pablo bautizando en el nombre de Jesús solo.   Para estas personas que han creído esa enseñanza no les basta una explicación sencilla como ¿a quien creeremos a Jesús o a los apóstoles?  Ellos necesitan oír y aprender más para poder salir del error.   Hay muchos cristianos que defienden el bautismo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, pero no saben como explicar la diferencia entre las palabras de Jesús y las palabras de los apóstoles.

   Es por eso que este fundamento es tan importante.   Comprender esto es fundamental para no caer en el error y para poder ayudar a aquellos que ya han caído.

    Cuando Pedro y Pablo hablan del bautismo de Jesús lo que están haciendo es dando el nombre del tipo de bautismo que estaban realizando, que creían y que enseñaban.   Encontramos en la Biblia que se habla del bautismo de Juan, haciendo referencia al bautismo realizado por Juan el bautista.   De la misma manera es con el bautismo de Jesús, hace referencia al bautismo instituido por Jesús el cual es en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

    Permítanme ilustrarlo de la siguiente manera.   Las letras del abecedario se dividen entre vocales y consonantes.   Mencionar las vocales solamente (a, e, i, o, u) no es el abecedario.   De igual forma mencionar solamente las consonantes (n, s, t, r, etc.) no es el abecedario.   Para que pueda ser o llamarse abecedario tienen que estar las vocales y las consonantes presentes, porque la unión de todas es lo que forma el abecedario.   Veamos otro ejemplo.   La Biblia está compuesta por el Antiguo y Nuevo Testamento.   Si yo tengo en mis manos un Nuevo Testamento, no puedo decir que tengo la Biblia, pues solo tengo el Nuevo Testamento.   Para poder decir que tengo la Biblia tengo que tener ambos testamentos.   La unión de los dos es lo que le da el nombre de Biblia.   La unión del Padre, Hijo y Espíritu Santo es lo que le da el nombre del bautismo de Jesús.

    Para que esto que estamos explicando quede completamente claro haré uso de un ejemplo en la Biblia.   Vamos a usar el caso de Pablo.   En Hch.19:1-7 se nos narra el encuentro de Pablo con doce discípulos.   La primera pregunta que Pablo le hace a ellos es ¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis?   Es aquí que deseo que presten mucha atención. Para todo creyente bautizado en las aguas lo más importante debe ser buscar el bautismo del Espíritu Santo, pero para todo creyente que no ha sido bautizado en las aguas lo más importante es ser bautizado en las aguas.   Es por eso que Pablo le preguntó por el bautismo en el Espíritu Santo y no por el bautismo en agua.  Recordemos que el verso uno nos dice: y hallando a ciertos discípulos  Estos discípulos se identificaron como seguidores de Cristo.   Pablo asume que han sido bautizados en las aguas, y procede a preguntarles por el bautismo del Espíritu Santo.

    La respuesta de estos discípulos es lo que permitió saber a Pablo que ellos no habían sido bautizados en el bautismo de Jesús.   De aquí en adelante es que tenemos que leer entre líneas.  Veamos la respuesta de los discípulos: Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo.   Esta respuesta escandalizó al apóstol llevándolo a cambiar su pregunta inicial por otra más básica: ¿En qué, pues, fuisteis bautizados?   Esta pregunta hace referencia al bautismo en aguas.

     Cuando Pablo oyó que ellos ni siquiera habían oído si había Espíritu Santo, supo de inmediato que no habían sido bautizados en el bautismo de Jesús, porque el bautismo de Jesús incluye al Espíritu Santo.   Es por eso que rápidamente preguntó ¿En qué, pues, fuisteis bautizados?  

  ¿Podemos ver más claro lo aquí explicado?  El bautismo correcto es el bautismo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.   Un bautismo fuera del orden establecido por Cristo es otro bautismo y no es el aprobado por Dios.   Esto también nos permite ver por qué Satanás está distorsionando el bautismo en agua.   Está llevando a las personas a desobedecer a Cristo o a realizar un falso bautismo, el cual sería otro tipo de desobediencia, pues no se estaría realizando en la forma correcta y establecida por Cristo.

    Como cristianos nuevos debemos obedecer a nuestro Señor y proceder con el bautismo en agua sin ninguna demora.   Cuando Felipe le habló la palabra al eunuco de Candace, este al ver agua preguntó:  Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado?   La respuesta de Felipe no se hizo esperar, él le dijo: Si crees bien puedes (Hch.8:36-37).

   Nada debe ser obstáculo para que alguien que quiere bautizarse así lo haga.   Muchas veces somos nosotros mismos los que ponemos los obstáculos. Algunos obstáculos podrían ser: No tienes suficiente tiempo de convertido.    Debemos esperar hasta que veamos cambios drásticos en ti.   Tienes que tomar cierta cantidad de clases antes, etc.  

    Para ser salvo solo se requiere confesar lo que se cree en el corazón acerca de Jesucristo.   Para ser bautizado en aguas solo se necesita tener agua y que la persona reconozca a Cristo como Señor y Salvador, y entienda que está, por medio del bautismo, renunciando al mundo y diciéndole que sí a Cristo.

    Eliseo le dijo a Namán que se zambullera siete veces en el río Jordán y quedaría sano de su lepra.   Él pensó que eso era imposible por ser algo tan fácil.   Estuvo a punto de perder su milagro si no hubiera sido por su criado (2 R.5).   Dios nos hace las cosas fáciles, nosotros las encontramos demasiado fáciles y las complicamos, pensando que por ser tan fáciles no funcionarán.

      El bautismo en agua es:

  1. Una ordenanza establecida por Cristo.

  2. Debe ser practicada en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

  3. Debe ser realizada únicamente a personas que han nacido de nuevo por medio de la confesión de pecados y el reconocimiento de Cristo como Señor y Salvador.

  4. Y recordar siempre que si crees bien puedes.

 Bautismo en fuego

Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo;

él os bautizará en Espíritu Santo y fuego. Mt.3:11

    Estas palabras las dijo Juan el Bautista refiriéndose a Jesús y al Espíritu Santo.   El Espíritu Santo tiene una participación muy destacada en cada bautismo.   Hay muchas otras áreas donde el Espíritu Santo toma parte, pero en este estudio del bautismo nos limitaremos a estas tres, bautismo en agua, en fuego y los dones del Espíritu.

    Dos cosas deben quedar bien grabadas en nosotros con relación al Espíritu Santo.   Lo primero que debemos saber y tener bien claro es que él es Dios.   Lo segundo que debemos saber es que siendo Dios existe siempre, no tiene principio ni fin, es eterno.    Por lo tanto, todo lo que podamos hablar del Espíritu Santo y su trabajo no es nuevo, siempre ha existido y siempre existirá.   Sin embargo, todo en él siempre es nuevo, siempre es fresco.   ¡Qué maravilloso es él!

    Veamos ahora el bautismo en el área del fuego.   El fuego tiene dos características que sobresalen.   El fuego purifica, pero también el fuego destruye.   El bautismo en fuego lleva también, como características primordiales, el purificar y el destruir.   En algunos casos puede destruir primero y luego purificar, en otros puede ser a la inversa, y aun en otros casos pueden ocurrir las dos cosas simultáneamente.   Una cosa sí es segura, y es lo que dijo Juan en el versículo inicial: él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.   Si usted ha recibido a Cristo como Salvador y se ha bautizado en las aguas, lo próximo es el bautismo en el Espíritu Santo y fuego.

   Cuando el hombre o mujer viene al Señor confesando su necesidad de él ocurren varias cosas.   La primera es que el Espíritu Santo entra en su vida y produce lo que se conoce como nacer de nuevo: Os es necesario nacer de nuevo dijo Jesús (Jn.3).  Sin este nacer de nuevo nadie podrá ver el reino de Dios.  Lo segundo que ocurre es que al entrar el Espíritu Santo en nosotros nos hace sabiduría, justificación, santificación y redención… (1 Cor.1:30).   Ahora usted y yo podemos llegar al Padre porque hemos sido justificados delante de él por medio de la obra redentora de Cristo en la cruz del Calvario.   Sin embargo, la obra no acaba ahí, por el contrario, la obra apenas acaba de comenzar.  

    De aquí en adelante el Espíritu Santo se da a la tarea de mantenernos limpios y santos para Dios.   ¿Cómo lo hace? Por medio del fuego purificador y destructor.

    En la Biblia se nos habla de dos clases de santidad, la instantánea y la progresiva.   La instantánea es la que ocurre en el momento en que el Espíritu Santo hace su entrada en nosotros.   Esto nos garantiza la entrada al Padre sin ser rechazados porque hemos sido santificados por el Espíritu Santo.   La otra santificación es la progresiva.   Esta es una que ocurre constantemente hasta que seamos transformados por medio de la muerte o cuando Jesús venga por su iglesia.

   Veamos varios pasajes que nos ayudarán a entender mejor el proceso.   1 Cor.1: 2 a la iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro:   En este pasaje encontramos las dos santificaciones, la instantánea y la progresiva.   A los santificados en Cristo, esto hace referencia a la santificación obtenida al recibir a Cristo como Salvador, santificación instantánea.   Llamados a ser santos, esta hace referencia a la santificación progresiva.   Veamos otro ejemplo.   1 Ped.1: 15 sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir;  Una vez más vemos aquí las dos santificaciones manifestadas.  El que nos llamó nos santificó para que podamos ir a él.   Esta es la santificación instantánea.   La invitación a ser santos en toda nuestra manera de vivir alude a la santificación progresiva, la que produce frutos dignos de arrepentimiento.  

   Debemos recordar que hemos sido santificados, pero no hemos sido sacados de este mundo, por lo tanto tenemos que volver continuamente a ser limpiados porque continuamente polvo se nos adhiere a los pies.   Eso es lo que le dijo Jesús a los discípulos en Jn.13:10.   Usted y yo ya estamos lavados con la santificación instantánea, pero debemos lavarnos los pies para poder tener comunión y parte con Cristo en lo que él quiere hacer con nosotros.  Esto es la santificación progresiva. 

    El Espíritu Santo hará uso de las Escrituras para continuar esa obra santificadora.   El apóstol Juan escribió en Ap.22:11 al final: y el que es santo, santifíquese todavía.   Nunca habrá una santificación total, sino solo hasta que Cristo venga.   Mientras tanto, tendremos que continuar trabajando para nuestra santificación.   Recordemos que no tenemos que trabajar para nuestra salvación, nos es dada gratuitamente al reconocer que fue comprada por Cristo, pero sí tenemos que trabajar para nuestra santificación.  ¿Cómo el Espíritu Santo hace uso de las Escrituras para santificarnos?   A medida que la leemos encontraremos que nos señala cosas que debemos dejar o cosas que debemos hacer.   Si obedecemos y dejamos o hacemos lo que él nos indica habremos avanzado un poco en la santificación y en la comunión con él.   Ese avance hará que él me señale otras cosas que debo cambiar, mejorar o dejar.   A mayor obediencia, mayor limpieza, a mayor limpieza, mayor comunión, a mayor comunión, mayor obediencia.   Es un ciclo que solo encontrará su fin cuando Cristo venga.

    Es una obra de fuego porque está purificando nuestras vidas.   Es de fuego porque está quemando ciertas cosas en nuestra vida.   Es de fuego porque en ocasiones nos dolerá grandemente la demanda del Espíritu Santo.   Ejemplo: El terminar con cierta amistad, el no continuar viendo cierto programa de televisión, el parar de ir a ciertos lugares, etc.   En ocasiones la demanda del Espíritu Santo no tiene que ver con algo pecaminoso.  Puede ser algo, que incluso le es permitido a algunas personas, pero a usted no.   Eso se debe a que Dios está teniendo un trato especial y distinto al de otras personas porque Dios es un Dios personal.   A lo mejor lo que él quiere hacer con usted, si usted no deja de hacer esas cosas, le podrá afectar en el futuro.  Es una lista interminable la que el Espíritu tiene que quemar en nosotros, pero si somos obedientes recibiremos  grandes recompensas.

    El Espíritu Santo quiere destruir algunas actitudes dañinas tales como, la falta de perdón, la hipocresía, la mentira, el chisme o chambre, etc.   Él destruirá todo lo que nosotros le permitamos destruir.   El no nos fuerza, solo nos indica qué está mal, y si nosotros le permitimos a él tomar acción en dicha mancha o arruga él la quemará o destruirá.

    Permítanme terminar este capítulo con algo importante relacionado a la santificación.   Hay un gran mal entendido con la santificación.   Pensamos que ser santo es, en el caso de los hombres, no tener barba, no usar prendas, no participar en deportes, etc.   En el caso de la mujer sería: no cortarse el pelo, no pintárselo, no usar pantalones ni maquillaje o usar faldas hasta los tobillos, etc.   Esa santidad es impuesta por los hombres, y desgraciadamente no produce fruto, por el contrario lo que produce es rebeldía y frustración.    Veamos qué la Biblia dice respecto a la santificación.

    Permítanme contarles dos experiencia personal con la santificación, una positiva y otra negativa.   Comenzaré con la negativa.   Hace muchos años, para ser exacto, verano del 1979.   Fui con mi esposa y un matrimonio a dar un paseo por la isla de Puerto Rico, lugar donde vivíamos.   Esta pareja creía en la santificación impuesta por los hombres.   En nuestro recorrido llegamos al área oeste de la isla y ya se hacía tarde.   Mi amigo me dijo que él conocía al gerente de un hotel cercano, y que si quería, él podía hablar con él y quedarnos la noche allí y continuar nuestro recorrido al siguiente día.   Decidimos quedarnos y pasamos la noche en el hotel.   Como no habíamos salido con intenciones de quedarnos en ningún hotel no teníamos ropas extras, así que mi esposa y yo fuimos temprano a la tienda y nos compramos unos pantalones cortos para bañarnos en la playa.  ¡Qué error!   Los hermanos que estaban con nosotros, la santidad no les permitía bañarse en la playa y menos aún con pantalones cortos.   A la tarde, cuando nos fuimos para continuar nuestro viaje, la esposa de mi amigo nos dijo que nosotros éramos unos carnales porque nos habíamos bañado en la playa.   Esta demás decirles que el resto del viaje fue silencio total.    Tan pronto dejamos a los hermanos en su casa mi esposa me dijo que no la volviera a invitar a salir con ellos.    Al siguiente día estaba en mi trabajo con el hermano.   Él me invitó para que almorzáramos juntos y yo acepté.  Mientras viajábamos en su auto para el lugar donde íbamos a almorzar, él abrió el compartimiento del auto y sacó una toallita blanca y comenzó a limpiar el panel de instrumentos del auto.   Se volteó a mí y preguntó, refiriéndose a la toallita: ¿La conoces?   Completamente desorientado le dije que no.  Él me dijo: Esta es la del baño del hotel.  

   ¿Qué quiero mostrar con esto?   Para ellos era pecado y carnal el que mi esposa y yo nos bañáramos en la playa, pero no el que su esposo se robara una toallita del hotel.   Para su entender, ellos eran santos y nosotros pecadores.   Esa es la santidad impuesta por el hombre, santidad que no lleva el amor a Dios, porque la verdadera santidad es la que se deja ver en el carácter de las personas.    Santidad interna, la del corazón.

    Ahora le voy a dar otro ejemplo de santidad, pero en este caso la enseñada por el Espíritu Santo.   En el 1993 estaba trabajando en un trabajo de limpieza a tiempo parcial.   Era limpiando una oficina de ingenieros.   Lo hacía en la noche cuando ya no quedaba ningún empleado.   En otras palabras, yo estaba completamente solo en ese edificio de cuatro pisos.   Yo venía pidiéndole al Señor que me limpiara.   Entendía que había sido santificado para salvación, pero quería ser santificado para poder ser usado efectivamente por él.   Un día entré a limpiar una oficina, y en el escritorio de la secretaria había unos dulces de chocolate.   Para ese tiempo el chocolate era una de mis mayores debilidades.   Siendo que estaba solo decidí tomar un chocolate.   La conciencia me acusó diciéndome que eso era para los clientes y que yo no era un cliente.   Yo decidí aplacar la conciencia diciendo: si yo vengo aquí por el día yo puedo tomar uno, ahora es como si yo hubiera estado en el día.   De esta forma acallé mi conciencia y continué con la limpieza de esa oficina.   Al terminar con esa oficina y disponerme a salir para la otra tomé otro dulce y salí.   En esta segunda ocasión la conciencia no me acusó, pues ya la había callado.    Pasó como media hora de haberme comido aquel chocolate.   Vengo caminando por uno de los pasillos y veo en el suelo un papelito.   Me doblé poniendo una sola rodilla en el suelo  para recoger dicho papel.   En el mismo instante que mis dedos tocaron el papel el Espíritu Santo habló a mi corazón.   Nunca hubo duda de si era él o no, yo sabía que era él, y me dijo: Si el ingeniero hubiera estado en esa oficina ¿hubieras tomado el chocolate?  Mi respuesta inmediata fue ¡No!.   Él volvió a hablarme y me dijo: Yo estaba ahí y no tuviste temor.   Has mostrado más respeto por un hombre que por mí que soy más grande que los hombres.  En ese momento tuve que caer de rodillas llorando pidiéndole perdón.   Enseguida sentí su suave presencia y su perdón extendido a mí.   Esto es santidad enseñada por el Espíritu Santo.

    Finalicemos viendo exactamente qué nos dice la Biblia respecto a la verdadera santidad.

    En Mt.5:8 Jesús dijo: Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.   Veamos ahora lo que nos dice Hebreos 12:14 relacionado a la santidad.  14 Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.   Este verso nos dice que la santidad nos permite ver al Señor, y vimos que Mt.5:8 nos dice que para ver a Dios nuestro corazón debe estar limpio.   Esto quiere decir que santidad es el corazón limpio.   Cuando el corazón está limpio mis pensamientos, emociones, voluntad, sentimientos, acciones y vocabulario serán limpios.   Esta es la verdadera santidad, la del corazón.   Es por eso que Jesús dijo: 45El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca (Lc.6:45).  También dijo: 18Pero lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre. 19Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias. 20Estas cosas son las que contaminan al hombre… (Mt.15:18-20). 

    Trabajemos junto al Espíritu Santo y cooperemos con él para que pueda continuar haciendo esa obra de santificación en nosotros.   Permítanme repetir el proceso usado por el Espíritu Santo: A mayor obediencia, mayor limpieza, a mayor limpieza, mayor comunión, a mayor comunión, mayor obediencia.   Es por eso que Santiago nos exhorta diciendo: 23Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. 24Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era. 25Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace (Sant.1:23-25) Amén.