JUICIO ETERNO

Estudio 11

Sexto Fundamento

…y del juicio eterno. He.6:2

 

Estamos ya en el último fundamento, el del juicio eterno.   Sería bueno mirar en forma breve los cinco fundamentos anteriores antes de entrar de lleno en el sexto.   

  1. Arrepentimiento de obras muertas.   Todo lo que está en el pasado, que ha sido cubierto por la sangre de Cristo, no debe ser traído a memoria.   No debemos permitir que el enemigo use nuestro pasado para condenarnos, hostigarnos, aprisionarnos o detenernos en nuestro progreso espiritual.   

  2. Fe en Dios.   Debemos creer firmemente que la palabra de Dios es la verdad absoluta.   Debemos ejercer fe a través de confesar la palabra de Dios.   Debemos memorizarla para poder usarla contra el enemigo de las almas.    Debemos reconocer que no basta con memorizarla y recitarla, debemos vivirla.   Es así como la palabra de Dios adquiere valor y utilidad para nuestras vidas en nuestro diario vivir.

  3. Doctrina de bautismos.   El bautismo en agua es en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.   Otro bautismo que no sea así está errado.  El bautismo del Espíritu Santo nos trae las manifestaciones de los dones espirituales.    El bautismo en fuego nos capacita para poder resistir ante todo ataque y en medio del mismo poder seguir alabando a Dios. 

  4. Imposición de manos.   No olvidemos que no debemos participar en pecados ajenos.   Imponer manos a la ligera nos puede hacer cómplices.   Busquemos y esperemos siempre la dirección de Dios tanto para afirmar como para confirmar. 

  5. Resurrección de los muertos.    Recordemos que no es tan importante donde yace la persona cuando muere, sino donde va a pasar la eternidad.   Debemos ser instrumentos de Dios que motivan a las personas con la esperanza bonita de que un día resucitaremos para estar con el Señor para siempre.   Sin embargo, debemos siempre saber que habrá resurrección de los muertos, tanto para justos como para injustos y que unos irán al cielo mientras que otros, lamentablemente irán al infierno.    No debemos condenar a nadie, pues solo Dios sabe quien realmente murió siendo salvo y quien no.   

      

Aconsejamos que de tiempo en tiempo vuelva a los fundamentos y los lea nuevamente despacio y comparando las experiencias vividas desde la última vez que los leyó hasta el presente.   Sabemos que les serán de gran ayuda.   Después de todo, en lo natural ¿no es lo que hacemos luego de experimentar el paso de un huracán o tormenta severa?   Salimos y miramos los cimientos de la casa para asegurarnos de que no han sufrido daño, y si vemos algún daño nos movemos a repararlos, pues sabemos que si no lo hacemos y viene otra tormenta podría tirar al suelo los sueños por los que hemos trabajado toda la vida.   ¿Cuanto más la casa de nuestra vida merece esa atención y cuidado especial?

Pasemos ahora a considerar nuestro último fundamento en esta serie.    El mismo es “Juicio Eterno    El nombre por sí solo no es muy atractivo, pero para todo el que ha abierto su corazón a Cristo no debe preocuparle.   La iglesia, los creyentes, los nacidos de nuevo, no tendrán que entrar en ese juicio.     Han sido liberados por Dios mismo a través de la obra expiatoria de Cristo en la cruz del Calvario.    Así lo vemos claramente en Romanos 8:1Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús

¿Estás en Cristo Jesús?  Entonces este juicio no es para ti.   Sin embargo, sí debes conocerlo porque podrás ayudar a otros para que no tengan que enfrentar ese juicio.

Comencemos con la pregunta ¿Qué es el juicio eterno?   Para poder entender bien el juicio eterno debemos mirar primero el juicio terrenal.  Un juicio es donde una persona es llevada para ser juzgada por unos delitos cometidos.   Estos delitos pueden ser ciertos o falsos, pero es en ese juicio que se determinará si la persona es inocente o culpable.    En los Estados Unidos al igual que en otros países una persona es inocente hasta que se pruebe su culpabilidad.    Por tanto, toda persona llevada ante un magistrado terrenal siempre va con una esperanza de poder salir libre, pues desde sus comienzos es inocente.     Cuando hablamos del juicio de Dios la persona no tiene esa esperanza.   ¿Por qué no?   Porque el juicio de Dios no es para determinar si la persona es inocente o culpable.    Si una persona tiene que enfrentar el juicio eterno es por que ya es culpable.   ¿Como surge esa culpabilidad en el hombre?    La caída de Adán y Eva produjeron en el hombre la sentencia de muerte.    Cuando ellos pecaron trajeron la maldición, la esclavitud y la corrupción a toda la creación.   Es por eso que encontramos el siguiente pasaje en la Biblia que dice: porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios (Ro.8:21).   El hombre, como parte y causante de esa caída también fue contaminado.   Usted podrá pensar ¿Por qué yo tengo que sufrir las consecuencias del pecado de Adán y Eva?    Sencillo, porque siendo Adán y Eva los primeros seres humanos en la tierra, todo lo que salió de ellos salió contaminado.   Supongamos que yo voy a su casa y le pido un vaso de agua.    Si el agua que usted me da está envenenada, al yo tomarla moriré, pero solo yo moriré.    Ahora bien, si en lugar de ser el agua de su casa la que está envenenada, es la planta que suple agua a toda la comunidad donde usted vive, ¿Quién cree será envenenado?   Todos los residentes de dicha comunidad.    Si pudiéramos decirlo así, el plan de Satanás fue uno perfecto.   Logró atacar al hombre y a la mujer antes de que estos se multiplicaran depositando en ellos una semilla de pecado.    De esa manera los hijos de Adán y Eva nacieron con esa semilla corruptible del pecado.  


Preste mucha atención a lo que dice Romanos 5:12 Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.    Todos, sin exceptuar uno, somos pecadores de nacimiento.    Por ser pecadores de nacimiento eso nos convierte en culpables.   Cuando Adán y Eva pecaron Dios dictaminó juicio sobre ellos y sobre todo lo que saliera de ellos, pues todo lo que iba a salir de ellos estaría igual de contaminado que ellos.   Por tanto toda la raza humana está bajo condenación.   Es por eso que decimos que el trabajo realizado por Satanás en aquella oportunidad fue perfecto.    Pero llegó uno que realizó un trabajo más perfecto, su nombre es Jesucristo.    El vino sin pecado, caminó en este mundo de pecado, y cargo con todos los pecados de la humanidad.   Estando colgado en la cruz del Calvario dijo: Jn.19:30 Consumado es y  trajo la salvación para todos los hombres.    De esta forma Cristo cumplió en su cuerpo la sentencia de muerte que Dios dictaminó para la raza humana.  

El único problema es que si el hombre no reconoce su condición de pecador, y su necesidad de un Salvador, quien es Cristo y solo Cristo (Hch.4:12; Jn.14:6; Jn.10:9) la condenación seguirá en pie sobre él.    Como le dijo Jesús a Nicodemo: Jn.3: 3 De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios; Jn.3: 7No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo.    El hombre, para poder escapar del juicio de Dios tiene que nacer de nuevo.   Algunos piensan que todos son hijos de Dios.   No han logrado entender que todos somos creación de Dios, pero solo los que reciben a Cristo como Salvador son hechos hijos de Dios (Jn.1:12).     

Resumiendo podemos decir que todos los hombres son pecadores de nacimiento.   Usted puede ser el mejor hombre del mundo, pero eso no le quita el sello del juicio que está sobre usted.   Solo recibiendo a Cristo como Salvador es que ese sello de juicio será quitado de usted.   Si usted no tiene el sello de Dios en usted, que es el Espíritu Santo, le exhorto a que abra su corazón ahora mismo y permita que Jesús haga en su vida una obra transformadora haciéndolo nacer de nuevo.

Como Dios es un juez justo, él no condena a nadie, sino que el hombre mismo es el que se condena.   Miremos como la Biblia dice en Jn.3:16Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. 17Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él (Jn.3:16-17).    El propósito de Dios no es condenar, sino salvar al mundo.   Pero Dios ya hizo todo lo que él podía hacer para traer la salvación al hombre.   Entregó a Jesús para que muriera por toda la humanidad, así nos lo dice Ro.5:18Así que, como por la transgresión de uno (Adán) vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno (Jesús) vino a todos los hombres la justificación de vida. 19Porque así como por la desobediencia de un hombre (Adán) los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno (Jesús), los muchos serán constituidos justos.

El hombre es el que toma la última decisión, ya no está en manos de Dios.    Por tal razón, si el hombre muere en condenación es porque el mismo hombre así lo quiso.    Miremos Jn.3: 18 El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.    El hombre que rehúsa creer en Cristo como su único y suficiente Salvador ya ha sido condenado.    Por lo tanto, si el hombre ya está condenado solo queda presentarse ante el juez de toda la tierra para recibir la sentencia por su pecado, la cual es muerte eterna. 

Esto nos lleva a considerar la palabra eterno.    Recordemos que el fundamento es juicio eterno.    No es solo juicio, sino juicio eterno.    A nosotros, los seres humanos, se nos hace difícil comprender todo el significado que la palabra eterno encierra, pues vivimos en un mundo donde todo tiene un final.     Hacemos uso de dicha palabra en una forma errada, pero para nosotros con un significado completo.    Tomemos como ejemplo una noticia que estamos esperando, sea buena o mala.   Al pasar el tiempo y la respuesta no llega décimo: “Parece toda una eternidad”  Oímos recientemente de un incidente acaecido en un avión en pleno vuelo.    El avión tuvo que maniobrar y hacer un aterrizaje forzoso por motivos mecánicos.   Al entrevistar a los pasajeros, muchos concordaron al decir: “el tiempo transcurrido fue breve, pero para nosotros fue una eternidad”.   De esta forma hacemos uso de dicha palabra, pero en realidad no comprendemos su real significado.   Eternidad, eterno, para siempre, por los siglos de los siglos, sin fin, etc. son muchas las palabras y frases que usamos para expresar lo eterno o la eternidad.   

La eternidad no conoce fin, nunca acaba, nunca existe la esperanza de que acabe, pues es por la eternidad.    ¿No deberíamos considerar entonces lo que el Señor nos dice cuando nos habla del juicio eterno?    En el mundo encontramos personas que son condenadas a cadena perpetua, o sea, a estar en la cárcel hasta que mueran, pero vemos que de tiempo en tiempo hacen apelaciones para ver si se apiadan de ellos y le reducen la sentencia logrando así salir libres.    Algunos logran alcanzar esa misericordia por razones de enfermedades terminales, pero en el caso de Dios no es así, 1. Porque es juicio eterno, no hay oportunidad de apelar.   La oportunidad es mientras estamos en vida.   Una vez morimos lo próximo es el juicio eterno si murió si Cristo (He.9:27).   2. Dios hizo todo lo que estaba en sus manos hacer para traer salvación al hombre.   Es el hombre el que escoge perderse.   Veamos una vez más el pasaje de Jn.3: 18 El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.    Dios no lo condena, el hombre se condena a sí mismo.  3. ¿Cree usted que después que Dios soportó todo el abuso que le hicieron a su Hijo él va ha pasar por alto la indiferencia del hombre?    Ni soñando.   Si el hombre muere sin Cristo lo próximo es el juicio de Dios y este es un juicio por toda la eternidad.

El hombre que muere sin Cristo tendrá que enfrentar el juicio del gran Trono Blanco.  La Biblia dice, hablando de la salida de Israel de Egipto, que la nube, quien era Dios, para los judíos era luz, pero para los egipcios era neblina (Ex.14:19-20).    De igual forma se nos dice de Cristo que está puesto para caída de unos y para levantamiento de otros (Lc.2:34).   Así mismo del Cristo crucificado, para los judíos tropezadero, para los gentiles locura, pero para los nacidos de nuevo Cristo es poder de Dios (1 Cor.1:23-24). 

Vemos en todos esos ejemplos como lo mismo para unos es bendición, pero para otros es maldición.   Similar es con el Trono Blanco.   Es el trono de Dios, para los redimidos es victoria, para los perdidos es condenación eterna.   Todo el que se encuentre parado frente a ese trono ya no tiene esperanza de ser librado de la condenación eterna.   La única forma de librarnos de estar frente al trono blanco de Dios en ese día es Cristo Jesús, y es ahora, estando aun en vida.

Amado lector, si usted está leyendo esto ahora mismo es porque usted todavía tiene vida y tiene también esperanza si aun no ha abierto su corazón a Cristo.

El Trono Blanco

El trono blanco es el lugar donde está Dios sentado juzgando a toda la humanidad. Vendrá la hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; 29y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación (Jn.5:28-29).   Observemos bien este pasaje.   Jesús nos dice que viene una hora donde todos los que han muerte escucharán una voz.   Unos resucitarán para vida, pero otros lo harán para condenación.    Todos los hombres han sido creados para ser eternos.   La pregunta es ¿Dónde pasaré la eternidad?   Cuando ocurra lo dicho por Jesús, los muertos sin Cristo se presentarán ante el trono blanco.   Observemos que ocurrirá cuando estén frente a ese trono: 12Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras (Ap.20:12).   Es Juan el que está hablando aquí y nos dice lo que le fue mostrado.   Vio a todos los que murieron sin Cristo, grandes y pequeños.   Estos pequeños no son niños, pues la Biblia nos dice que los niños son de Cristo (Mt.19:14; 21:16).   Grandes y pequeños hace referencia a personas de alta sociedad, cultas, profesionales, pero también del pueblo, trabajadores comunes, analfabetas, etc.   Todos tendrán que enfrentarse ante el tribunal blanco.  

También Juan nos dice que unos libros fueron abiertos.   Estos libros son los registros de los hombres.   En ellos está todo lo que ellos hicieron, pero muy en especial las veces que se les predicó el evangelio.   En otras palabras, las veces que tuvieron la oportunidad de recibir a Cristo, pero lo rechazaron.   De esta forma el juicio ante el trono blanco es uno justo, pues ellos podrán ver que efectivamente Dios no los condenó, sino que ellos mismos se condenaron por no creer en Cristo.

Miremos otro ángulo de “los libros”.   Hay millares de personas que han muerto sin ni siquiera saber que había un Salvador.   Recordemos que Cristo dijo que el evangelio debía ser predicado en todo el mundo.   Lo cierto es que ahora, año 2012, con todos los adelantos tecnológicos, todavía quedan algunos lugares sin ser evangelizados.   Pero ¿qué de todos los que murieron en el pasado sin saber de Cristo?   Sabemos que los que oyeron y no creyeron ya han sido condenado por no haber creído.    Hacemos nuevamente la pregunta: ¿qué de todos los que murieron en el pasado sin saber de Cristo?  Pablo nos dice ¿y como creerán en aquel de quien no han oído? (Ro.10:14).    Si no han oído no pueden creer.   ¿Será justo de parte de Dios condenar a los que no han oído?    No, no es justo y Dios es un Dios justo.   “Los libros” llevan también el registro de todos esos que murieron sin nunca haber oído de Cristo.    Dios ha puesto en el hombre algo llamado conciencia.   Esto lo posee todo ser humano.    Esta conciencia es alimentada por los valores de la sociedad en que la persona vive.    Toda sociedad tiene que tener algún tipo de leyes para poder considerarse sociedad.     Basado a las leyes de la sociedad en que vive alguien, este conoce qué es bueno y qué es malo.    Las obras de esas personas están registradas en “Los libros” y es en base a las obras realizadas por el hombre que Dios los juzgará.   Si conforme a la sociedad donde vivía hizo lo recto Dios lo perdona, pero si hizo lo malo es condenado.   Es por eso que ellos serán juzgados por sus obras.    Nosotros los creyentes no seremos juzgados por nada, pues Cristo ha venido a ser nuestra justicia para Dios.


Vemos que Juan menciona otro libro, el libro de la vida.   Este es el libro que registra los nombres de los redimidos por Cristo.    Estos no tienen que enfrentar el trono blanco, sin embargo sí tendremos que enfrentar el Tribunal de Cristo.    Veamos como nos dice Pablo: 10Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿por qué menosprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo (Ro.14:10).   Vemos que Pablo se incluye entre los que tendrán que estar presente en ese tribunal.   Veamos otro pasaje dicho por Pablo.   En el mismo Pablo nos dice la razón de nosotros, los creyentes, ir a ese tribunal:  10Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo (2 Cor.5:10).   La razón de ese tribunal no es para ver si usted es salvo o no, sino para recibir galardones por lo que hayamos hecho en la tierra.   Nuestras obras no nos salvan, pero si nos garantizan galardones por parte de Cristo.  

En resumen.   Si el hombre no acepta a Cristo como Salvador tendrá que enfrentar el juicio del trono blanco donde se dará la sentencia de condenación eterna.   Por otro lado, nosotros los redimido, sí compareceremos ante el tribunal de Cristo para recibir galardones por lo que hayamos hecho en la tierra.

Miremos un último pasaje en relación al tribunal de Cristo.  28Y ahora, hijitos, permaneced en él, para que cuando se manifieste, tengamos confianza, para que en su venida no nos alejemos de él avergonzados (1 Jn.2:28).   Este alejarnos avergonzados tiene que ver con nuestras obras y el tribunal de Cristo.   Permanecer en Cristo es hacer obras que dan gloria a él.   Si no permanecemos en él haremos cosas que no son muy agradables y dejaremos de hacer aquellas que sí lo son.   En ese tribunal es que sabremos que hemos hecho y que recibiremos. 

En ese tribunal también se dejará ver la intención con que hicimos las cosas.    Podemos llegar al cielo cargados de una gran expectativa por los galardones que recibiremos, pero las intenciones del corazón serán pesadas allí también.     Si hice muchas cosas poniéndoles el sello de Dios, pero en realidad era para mí gloria y mí alabanza, allí se sabrá la verdad.   Todos nosotros podemos fingir humildad y engañar a todos, pero nunca podremos engañar a nadie. El que conoce el corazón estará allí entregando galardones.   Quiera Dios y no tengamos que retirarnos avergonzados de la presencia de Dios por haber hecho las cosas con intenciones equivocadas.

 ¡Amen!