No contristéis al Espíritu Santo


No contristéis al Espíritu Santo

 Mensaje dado en el día del Señor en la mañana de

Junio 1  del 2008 En la Congregación Hispana de Ladysmith

Por Eduardo Negrón - Pastor

 Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios,

con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.

Ef.4:30

     Sabemos que Dios siendo uno a la vez es tres.    Es lo que conocemos como la trinidad, palabra que no aparece en la Biblia, pero que describe a Dios perfectamente.   Pasajes como Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” Mt.28:19; Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno” 1 Jn.5:7. y Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo” 1 Cor.12:4-6   nos dejan ver la presencia de la trinidad de Dios.    En los primeros dos pasajes vemos que hay un orden establecido, Padre, Hijo y Espíritu Santo.   Esto no quiere decir que uno es superior al otro, sino que cada uno en particular tiene su misión.    Pero cada uno posee los mismos atributos que lo hacen Dios, Omnipresente (está en todas partes), Omnipotente (todo lo puede), Omnisciente (todo lo sabe).   Estas características están presentes en los tres siendo un solo Dios.   

    En esta mañana estaremos considerando a la persona del Espíritu Santo.   Debemos entender que Dios el Padre está sentado en Su trono.   Dios el Hijo está sentado a la diestra del trono de Dios.   Dios Espíritu Santo está en la tierra con nosotros.    El Padre gobierna todo el universo, el Hijo salva a la humanidad perdida e intercede por los ya salvados, el Espíritu Santo convence al pecador de su pecado y también moldea a los ya salvados para que lleguemos a la estatura del varón perfecto.   Existe una unidad perfecta entre ellos porque son uno solo.  

     El Espíritu Santo es conocido como la tercera persona de la trinidad, pero también es conocido como la parte más sensible de Dios.  No la parte más débil o menos importante, sino la más sensible.   Recordemos las palabras de Jesús en Mt.12:31-32 Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada.  A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero.    De este pasaje podemos ver la sensibilidad del Espíritu Santo.   

    En esta disertación estaremos viendo tres puntos cruciales en cuanto al Espíritu Santo.  En primer lugar estaremos viendo la personalidad o carácter del Espíritu Santo.   En segundo lugar estaremos viendo lo que conlleva contristar al Espíritu Santo.   En tercer lugar miraremos lo relacionado al sello del Espíritu Santo.  

 I)                   La personalidad o carácter del Espíritu Santo

    Dijimos que el Espíritu Santo es la tercera persona de la trinidad y que su carácter o personalidad es extremadamente sensible y amable.    Vemos a Dios en el Antiguo Testamento en su majestad y gloria siendo llamado y reconocido como “Jehová de los ejércitos” (1 S.17:45).    Vemos a Jesús en el Nuevo Testamento siendo manso (Mt.11:29), pero a la vez siendo fuerte y rugiente como el león (Ap.5:5).    Ahora tenemos al Espíritu Santo, la tercera persona de la trinidad siendo la manifestación completa y perfecta del amor de Dios.    Cuando la Biblia nos dice que Dios es amor (1 Jn.4:8) nos está hablando de la manifestación del Espíritu Santo, la tercera persona de la trinidad.    Para poder entender a cabalidad la personalidad o carácter del Espíritu Santo nos tenemos que dirigir a donde más claro se nos habla del amor, esto es 1 de Corintos 13:4-7.    En esos cuatro versículos está manifestada la perfección del amor, quien es Dios en la persona del Espíritu Santo.   Tomemos un tiempo mirando estas quince características que reflejan la personalidad del Espíritu Santo.

    Debemos entender algo bien claro.   Nunca Dios ha exigido que nosotros hagamos algo que sea imposible para nosotros cumplir o que él mismo no esté dispuesto a hacer.  En Juan 13:15 Jesús dijo: Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis.   Entonces debemos concluir que la demanda de Dios para nosotros respecto al amor es algo que él tiene en sí mismo y vive por eso.

    Volviendo a la persona del Espíritu Santo, quien es la parte sensitiva de Dios, veamos lo que se nos dice en 1 Cor.13.  Lo primero que se nos menciona en cuanto a la personalidad del Espíritu Santo es que “el amor es sufrido”.    Todo tipo de pecado hace sufrir al Espíritu Santo porque él es sensible y tierno.   Se ofende fácilmente.   Pero no se queda ofendido, sino que rápidamente nos redarguye para que pidamos perdón y así poder restaurar la comunión nuevamente.  

   Su sufrimiento es al saber cuanto vamos a sufrir nosotros al estar separados de él.   Es como la madre que ve a su hijo haciendo unas cosas que no le van a ayudar en nada y que eventualmente le van a traer grandes sufrimientos.    Ellos no lo saben, no entienden ni lo pueden ver, pero la madre sí por la experiencia que ya tiene.     Cuando dejamos de orar él se entristece y sufre nuestro alejamiento.    Cuando mentimos a sabiendas para salir bien en algún asunto.     Cuando no leemos la Biblia, cuando dejamos de congregarnos como lo hacíamos antes, cuando las palabras que salen de nuestra boca ya no son de alabanzas, sino de quejas y maledicencias, etc.    Todo esto hace que el Espíritu Santo sufra.

    Otra característica del Espíritu Santo es su “benignidad”.   El diccionario de la Real Academia de la lengua Española define la palabra benignidad así: Afable, benévolo, piadoso, templado, suave, apacible.    Es por eso que oímos decir que el Espíritu Santo es un caballero, que no nos fuerza, no nos obliga.    Su acercamiento a nosotros es siempre basado en esas seis definiciones.   Si llevamos la definición a un grado mayor encontraremos que afable quiere decir: Agradable, dulce, suave en la conversación y el trato.   No es esto maravilloso.    Habrá en la tierra otra persona que nos trate así.   Si miramos la otra definición, la de benévolo, encontraremos lo siguiente: Que tiene buena voluntad o afecto.    ¡OH amados! Cuanto nos ama el Espíritu Santo.

    También se nos dice que “no tiene envidia”.    ¿Qué es la envidia? Es tristeza o pesar del bien ajeno.    Esta definición nos lleva rápidamente a otra de las características del Espíritu Santo.    Esta es la que “no busca lo suyo”.    Como él no busca lo suyo no puede tener envidia.    Él desea el bien de nosotros.   No olvidemos la definición de benévolo la cual nos dice que tiene buena voluntad.    De él solo brota el verdadero amor.   No tiene necesidad de ser envidioso por que todo le pertenece, todo es de él.   Miremos en forma rápida lo que nos dice el Salmos 50:11-12 Conozco a todas las aves de los montes, y todo lo que se muevo en los campos me pertenece.    Si yo tuviese hambre, no te lo diría a ti; porque mío es el mundo y su plenitud.    Un ejemplo bueno de no buscar lo suyo lo encontramos en la vida de Pablo.   El le escribió a los corintos y les dijo: …porque no busco lo vuestro, sino a vosotros… (2 Cor.12:14).    En un mundo donde la gran mayoría busca lo suyo tenemos al Espíritu Santo buscándonos a nosotros.

    Otra característica del Espíritu Santo es que “no es jactancioso”.   Miremos el significado de esa palabra.   Se dice de quien se jacta, y también de las actitudes, acciones y dichos con que lo hace.    Él es poseedor de todo, pero no hace alarde de ello.   Notemos que la definición añade actitudes, acciones y dichos.    Tres cosas en las que podemos ver la jactancia en alguien o en nosotros mismos.    Esta jactancia está ausente en el Espíritu Santo.    Por el contrario sus actitudes, acciones y dichos siempre son humildes y llenos de amor aunque fuerte cuando tienen que serlo.        El apóstol Pablo nos da una pequeña muestra de lo que es no ser jactancioso.   Miremos como nos lo dice en 2 Cor.6:10…como no teniendo nada, mas poseyéndolo todo.   Pablo no se jactaba de lo que poseía, pues sabía que era por la misericordia de Dios y que en realidad quien lo poseía todo era Cristo en él.   

    El Espíritu Santo no trata de impresionarnos con su poder o manifestaciones.   El es todopoderoso, pero se nos acerca en humildad.   El lo sabe todo, pero nos habla con palabras sencillas y tiernas.   El lo ve todo, y aun así nos sigue amando. ¡Cuantas gracias debemos darle a Dios por el Espíritu Santo!

    Otra cosa importante de este perfecto amor, el cual es el Espíritu Santo de Dios, es que “no se envanece   En otras palabras, es que no causa o infunde soberbia o vanidad a alguien.    Nosotros los hombres somos expertos en hacer irritar a otras personas, pero no así el Espíritu Santo.    De él solo viene lo bueno y lo que edifica.  

    No debemos confundir lo que estamos hablando con debilidad.   El Espíritu Santo es amoroso, tierno, amable, pero la Biblia nos dice que también es fuego consumidor.    Si tenemos dudas en cuanto a eso miremos lo que le ocurrió a Ananías y Safira en Hch.5.   En una oportunidad el apóstol Pablo dijo lo siguiente: 2He dicho antes, y ahora digo otra vez como si estuviera presente, y ahora ausente lo escribo a los que antes pecaron, y a todos los demás, que si voy otra vez, no seré indulgente; 3pues buscáis una prueba de que habla Cristo en mí, el cual no es débil para con vosotros, sino que es poderoso en vosotros (2 Cor.13:2-3).   El Espíritu Santo puede ser tan tierno como tan severo, tan dulce como amargo, etc.   Considere estos últimos pasajes.   2 Cor.2:16 a éstos ciertamente olor de muerte para muerte, y a aquéllos olor de vida para vida.   Ex.14:20 20e iba entre el campamento de los egipcios y el campamento de Israel; y era nube y tinieblas para aquéllos, y alumbraba a Israel de noche, y en toda aquella noche nunca se acercaron los unos a los otros.

    Lo siguiente que viene es tremendo, se nos dice que “no hace nada indebido”.   Todo lo que el Espíritu Santo hace es en gran manera bueno.    Forzar nuestra voluntad sería hacer algo indebido, pero él no hace eso.   Él nos susurra al oído y nos deja saber que está

con nosotros.     Hay algunas manifestaciones, las cuales parecieran ser indebidas, pero en él nada es indebido.    Él es la perfección de todo.

    Otra característica del Espíritu Santo es que “no se irrita”.   En otras palabras que no tiene ira, ni insita a nadie a irritarse.   Por más mal que nosotros nos portemos él no se irrita.    Sin embargo, sí sufre nuestros desprecios y mal comportamientos.    Gracias a Dios por el perfecto amor del Espíritu Santo.    Pienso que tomamos ventaja de estas características del Espíritu Santo sin darnos cuenta de cuanto lo hacemos sufrir.   

    ¡Qué mucho tenemos que aprender del Espíritu Santo!   Ahora se nos dice que “no guarda rencor”.    Cuan fácil nosotros guardamos rencor a otras personas, en los casos peores a los hermanos de la fe y a los carnales.    Se nos olvidan las palabras de Pablo en Colosenses 3:13 donde nos exhorta a perdonarnos de la manera que Cristo nos perdonó.   Si el Espíritu Santo guardara rencor tiempo hace que nos hubiera aniquilado.    Pero su santidad, perfección y amor no le permiten guardar rencor.    Nosotros debemos hacer igual, si es que realmente tenemos al Espíritu de Dios morando en nosotros.

    Lo siguiente que se nos dice es que “no se goza de la injusticia”.    Cuanta injusticia hay en el mundo hoy.    Él no se goza de eso, pero menos aun de la injusticia que se pueda hacer entre hermanos.    Si hay algo que contriste al Espíritu Santo más es ver a los llamados cristianos haciendo injusticias.   Miremos la exhortación de Pablo a Timoteo la cual es para nosotros también en 1 Ti.6:2 Y los que tienen amos creyentes, no los tengan en menos por ser hermanos, sino sírvanles mejor, por cuanto son creyentes y amados los que se benefician de su buen servicio. Esto enseña y exhorta.   Dios no espera menos porque el Espíritu Santo está dentro de nosotros.      

    ¿Queremos ver al Espíritu Santo gozoso en nosotros?    Andemos en la verdad.    La otra característica del Espíritu Santo es que “se goza de la verdad    Esta verdad va en varias direcciones.    Andar en la verdad de Su palabra.   Hablar verdad siempre.   Ser hombres y mujeres de verdad.    Cuando hacemos eso el Espíritu Santo está gozoso y nosotros recibimos el beneficio de su gozo.

    Lo que sigue ahora son “cuatro todo”.    Estos son de suma importancia.    El primer todo es “Todo lo sufre”.    Aun lo más mínimo e insignificante él lo sufre.    Así de sensible es él.    Hablamos de la mujer como un ser sensible, pero más nuca será tan sensible como el Espíritu Santo.     Fácilmente se contrista porque todo lo sufre.    La mentira, los malos pensamientos, lo que oímos que no deberíamos oír, lo que vemos que no deberíamos ver, las intenciones del corazón, los chismes, las blasfemias, las indiferencias, etc.   Todo lo sufre.   Recordemos que él es la parte más delicada de la trinidad.    El segundo todo es “todo lo cree”.    Cuando le prometemos algo él lo cree.    Cuando decimos que estamos arrepentidos él lo cree.    Cuando lo reconocemos como nuestro amigo él lo cree.    Cada vez que decimos que queremos comenzar nuevamente él lo cree.    Todo lo cree.    Este creer nos lleva al tercer todo el cual es “todo lo espera   Nosotros dudamos cuando alguien nos falló, pero él no duda, él todo lo cree y todo lo espera.   Cuando decimos que nos vamos a reunir con él, él lo cree y nos espera.    Podemos fallarle cien veces y a la ciento uno nos espera porque todo lo cree.  

    Llegamos ahora al final de la lista.    Un todo que debe causarnos gran dolor “todo lo soporta”.    ¡Cuanto estamos nosotros dispuestos a soportar!    Él lo soporta todo.   Lo maltratamos, ignoramos, despreciamos, y aun así cuando venimos a él nos recibe como si nada hubiera pasado.   Su deseo y anhelo es tener comunión con nosotros.    Por causa de ese amor por nosotros lo soporta todo.  

    Habiendo visto las diferentes características del Espíritu Santo pasemos a nuestro segundo punto el cual es el de no contristarle.

    II)                No contristéis al Espíritu Santo

    Nosotros estamos muy familiarizados con la palabra contristar.   Posiblemente no la usamos, pero si sabemos las consecuencias de ser contristados, o bien sea por que nosotros mismos hemos sido contristados o hemos contristado a alguien.    Lo cierto es que estamos muy, pero muy familiarizados con ella.    En mi caso en particular puedo dar ejemplos de ese contristar.    Hay ocasiones que ocurre algo donde mi esposa me contrista.   Bien sea por que dijo algo que no me agrado o por que hizo algo que no debió haber hecho.   Lo cierto es que me contrista.    En ocasiones me limito a quedarme callado y no decir nada, pero mis acciones dejan ver claramente que estoy contristado.    Repito, no usamos la palabra, pero manifestamos los resultados.    En cuestión de minutos ella se da cuenta que algo no anda bien.    Lo percibe en mis ojos, lo percibe en mi forma de hablar, lo percibe en mi forma de tratarla.    No es que la mire o le hable mal, tampoco es que la trate mal, sino que ella nota que hay algo que no está bien.    Ya no hay brillo en mis ojos para ella, ya no hay deseo de hablar, peor aun ya no hay deseo de tocarla o acariciarla.    Se a creado un distanciamiento que a los ojos de los que no conocen es imperceptible, pero a los ojos del afectado o del que afectó sí.    El ambiente ya no es el mismo, algo falta, algo se ha ido, y si no hacemos nada rápidamente comienza a levantarse una pared.    Todo comienza con algo pequeño, pero si no lo resolvemos prontamente seguirá creciendo haciéndose cada vez más difícil de corregir.    Es por eso que la Biblia nos exhorta a corregir esas diferencias prontamente, antes de que caiga el sol y llegue la noche (Ef.4:26).  

    Estas palabras de Pablo concuerdan con las dichas por Jesús en Mt.5:25-26 donde nos dice: 25Ponte de acuerdo con tu adversario pronto, entre tanto que estás con él en el camino, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al alguacil, y seas echado en la cárcel. 26De cierto te digo que no saldrás de allí, hasta que pagues el último cuadrante.

   Cada uno de nosotros hemos tenido este tipo de experiencia y sabemos, aunque no por nombre, si por acción, lo que es.   Por lo tanto no debe ser algo nuevo para nosotros este tema.   A lo mejor lo sea relacionado al Espíritu Santo, pero no a nuestro diario vivir.   Una de dos acciones puede surgir cuando ocurre un contristar en nuestras vidas.   O podemos tomar acción rápida y restaurar la relación o podemos ignorarlo creando una mayor separación. 

    Hemos visto que esto nos ocurre a nosotros que somos personas racionales, personas con identidad, personalidad y emociones. ¿Qué puede hacernos pensar que el Espíritu Santo de Dios no es un Ser que siente o no tiene personalidad propia, si él mismo se contrista por nuestras acciones?    Esto deja sin fundamento a aquellos que dicen que el Espíritu Santo de Dios es una fuerza y no una persona.   El, como nosotros siente nuestros desprecios, indiferencias, negligencias, etc.   No olvidemos que hemos sido creados a imagen de él y que poseemos los mismos sentimientos.

    La Biblia también nos recuerda cual es el anhelo del Espíritu Santo por nosotros (Stg.4:5).    Su anhelo por nosotros es con gran celo, pues él no quiere compartirnos con nada ni nadie.    No es como el hombre que no quiere que su mujer se relacione con nadie y le prohíbe toda comunicación diciendo que es que la ama tanto que no la quiere compartir.   Santiago mismo nos dice que esos son celos amargos (Stg.3:14).   Ese no es el celo del Espíritu Santo por nosotros.   Su celo es para que no nos contaminemos con el mundo y no sea rota la relación con él.

    El E.S. es el que mora dentro de nosotros.    Cuando lo contristamos lo apagamos, cuando lo apagamos dejamos de sentir los ríos de agua viva dentro de nosotros.    Toda sensación o sentimiento espiritual se apaga dejándonos vacíos.    Jesús prometió estar con nosotros todos los días, de esa manera él Espíritu Santo ha llegado a la vida de un hombre para quedarse, pero estará contento de estar en el hombre o estará contristado al punto de ser apagado.    El apóstol Pablo nos da esa exhortación en 1 Ts.5:19 donde nos dice: No apaguéis al Espíritu.   Dejándonos ver que nosotros podemos apagar el fuego del Espíritu así como podemos apagar el fuego en nuestra relación con nuestras esposas o esposos.  

    Es curios que cuando estamos en el primer amor con nuestras esposas o esposos 1ra de Corintios 13 se hace una realidad en nuestras vidas.    No vemos las faltas, estamos dispuestos siempre a dar, sabemos perdonar, etc.     Cuanto más será cuando estamos en el primer amor con el Espíritu Santo.    Satanás sabe que cuando un cristiano tiene la llama del Espíritu encendida en su vida puede perdonar sin reservas, busca arreglar los asuntos y no se conforma con menos.    Es por eso que él hará lo posible para crear contiendas y malestares con el único propósito de crear esa separación, primeramente entre la persona y el Espíritu Santo y luego entre la persona y la otra persona.

    Amados debemos entender todo lo que perdemos cuando el Espíritu Santo está contristado con nosotros.    No hay ni una sola ganancia, todo es pérdida.   Vamos a mirar siete perdidas ocasionadas cuando el Espíritu se contrista.    Podremos aparentar que seguimos marchando, pero en nuestro interior sabemos que hemos perdido comunión con él y que ya las cosas nos son ni saben igual.    Sabemos igualmente que cuando no hemos arreglado las cosas con nuestros esposos o esposas la diferencia se deja ver.    Ya no hay abrazos, besos, caricias, solo palabras secas y vacías.    ¡Que triste cuando un matrimonio cae en tal situación!   Más triste es cuando un cristiano cae en tal situación con el
Espíritu Santo.    No porque él no quiera arreglar el asunto, no olvidemos que él nos anhela celosamente, sino porque nosotros no queremos comprometernos o doblegar nuestro orgullo y voluntad.

    Veamos ahora estas siete pérdidas.    Sabemos que hay muchas más, pero estas serán suficientes para hacernos reflexionar, y quiera el Señor y así lo hagamos y tomemos acción pronta.    Cuantos hermanos andan sin resolver los conflictos engañándose a ellos mismos.   Dios tenga misericordia de nosotros.

   La Biblia nos dice que el Espíritu Santo es el que convence al mundo de pecado.   Ese Espíritu Santo es el que Dios ha dado a los hijos de él con el propósito de guiarnos al arrepentimiento cuando hacemos algo indebido.    Este es el inicio de la comunión íntima con él.    En 1 Jn.1:7 se nos dice que la sangre de Jesucristo nos limpia de todo pecado.   Esta limpieza ocurre cuando confesamos nuestros pecados (1 Jn.1:9).    Este confesar de pecados viene por el redargüir del Espíritu Santo, quien nos reprende cuando hacemos algo malo.   En ese preciso momento somos perdonados, limpiados y restaurados para poder seguir tendiendo comunión con él.    Notemos que dice que nos perdona de todo pecado.   No hay pecado que no pueda ser perdonado por Cristo.    El sacrificio en la cruz fue perfecto, capaz de perdonar todo.    Hay quien piensa que han blasfemado contra el Espíritu y que ese es el único pecado que no puede ser perdonado, pero sabemos que si hay preocupación en nosotros al pensar que hemos cometido ese pecado, esa preocupación quien la pone es el Espíritu Santo.    Siendo que él es el que redarguye, y que nos está redarguyendo, es porque él quiere seguir teniendo comunión con nosotros, señal grande que no hemos cometido tal pecado.    No dejemos que el enemigo nos engañe por falta de conocimiento. 

     Sin embargo cuando contristamos al Espíritu Santo y este nos redarguye, pero nosotros no hacemos caso, lo ignoramos o volvemos a cometer el mismo pecado una y otra vez, lo que estamos haciendo es apagando al Espíritu.   El resultado de eso es que ya no podemos oír más su voz ni su redargüir. 

    Lo primero que ocurre cuando contristamos al Espíritu y no hacemos lo que tenemos que hacer para corregirlo es la perdida de comunión con él.    Una cadena en serie continúa a esta perdida.   1. Ya no sentimos lo que sentíamos antes.  2. La iglesia ya no es la misma, sigue siendo igual, pero ya nosotros no la vemos igual.   3. Apenas podemos oír su voz.  4. Empezamos a perder el deseo de leer la Biblia, orar y congregarnos.   Si continuamos haciéndolo ya no es por deseo de hacerlo, sino por compromiso.   5.  Nuevos pecados son añadidos a nuestra vida creando mayor separación.    Todo esto nos lleva a nuestro segundo de las siete cosas que ocurren cuando contristamos al Espíritu Santo.

    Otra cosa que hace el Espíritu Santo es consolarnos (Jn.14:16-17).   Él es conocido también como el otro consolador.     Esto se debe a que Jesús fue el primer consolador, ahora él se va dejando la promesa que enviaría al otro consolador al Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros (V.17).   Este evento tuvo lugar el día de Pentecostés (Hch.2:1-2).    A partir de ese momento Dios ha enviado el Espíritu Santo a toda persona que reconoce a Jesús como su Salvador.    Él entra en el hombre y regenera su espíritu para que pueda ser Su morada.   Desde el espíritu del hombre, Dios por medio del Espíritu Santo, se comunica con él.    Desde adentro el Espíritu Santo ejerce su otra función, la de consolador, trayendo consuelo a los hijos de Dios.   El problema es que cuando nosotros contristamos al Espíritu Santo, si no arreglamos la situación, él será apagado dentro de nosotros.    Esto no permitirá que él pueda consolarnos, no porque él no pueda, sino porque nosotros no podemos recibir nada de él.   El pecado que ha logrado instalarse y hacer su morada en nosotros ha puesto una pared entre él y nosotros impidiendo recibir de él lo que nos quiere dar.   Qué triste es sufrir sin recibir consolación.   Es más triste no tener nada en nosotros para poder consolar a otros.   Pablo decía que él consolaba a otros con la consolación que él recibía (2 Cor.1:3-4).   Esta es la consolación que viene por medio del Espíritu Santo de Dios, pero si contristamos al Espíritu perdemos esa consolación de parte de él.

    En la Biblia también encontramos al Espíritu Santo representado por el aceite.   Es él el que llena nuestras lámparas para que brillen en este mundo.    Cuando Jesús dijo que nosotros éramos luz en este mundo (Mt.5:14), lo decía por causa del Espíritu Santo morando en nosotros.    Es él la luz, nosotros somos lámparas donde Su luz brilla y resplandece.    Cuando estamos carentes del aceite del Espíritu Santo nuestras lámparas están opacas o pueden llegar a perder por completo su luz.    En la parábola de las diez vírgenes (Mt.25:8) encontramos a cinco de ellas perdiendo el brillo por falta de aceite.   

     Esto es algo que ocurre inmediatamente que contristamos al Espíritu Santo y no arreglamos la situación.    Nuestro brillo se va, y todo el mundo lo nota.   Trataremos de imitar ese brillo, pero siempre será visible la falta de el por los demás.

     Otra cosa que ocurre cuando contristamos al Espíritu Santo es que dejamos de entender las Escrituras.   Miremos lo que Jesús dijo en Jn.14:26 Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.   Es trabajo del Espíritu Santo enseñarnos todas las cosas, pero si lo contristamos rompemos el hilo de conexión y su enseñanza no llega a nosotros. Es en ese punto que falsas doctrinas comienzan a surgir, enseñanzas distorsionadas y carentes de poder, y perdemos autoridad en la Palabra.    Observemos lo que la gente decía de la enseñanza de Jesús en Mr.1:22 Y se admiraban de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.   Esa autoridad quien la da es el Espíritu Santo de Dios.

    Vallamos un poco más adelante con nuestro estudio y miremos ahora otro beneficio perdido al contristar al Espíritu Santo.    La Biblia también nos dice que el Espíritu Santo es el poseedor y dador del fruto del Espíritu (Gál.5:22-23).   ¿Qué le ocurre al hombre que contrista al Espíritu Santo?   El fruto del Espíritu se extingue en él.    Su carácter cambia, sus modales también.    Vemos que ya no es el mismo, su fe mengua, ya no es tan benigno o ya no hace las cosas con la misma motivación, etc.    ¡Cuan grande perdida es contristar al Espíritu Santo!

    Una iglesia que vive contristando al Espíritu Santo también sufre grandes consecuencias.    Como el fruto, los dones espirituales los da también el Espíritu Santo.   Sabemos que la Biblia nos dice que los dones y los llamados de Dios son irrevocables (Ro.11:29).    Eso quiere decir que una vez Dios nos los da son permanentes en nosotros.  Si los usamos o no es decisión nuestra, pero sea cual sea esa decisión el día vendrá en que nos presentaremos ante el tribunal de Cristo (2 Cor.5:10) para rendirle cuanta a él por lo que Dios nos ha dado.   Siendo que es el Espíritu Santo el que los da y el que los opera en nosotros, cuando lo contristamos apagamos también los dones en nosotros.    Los tenemos, pero somos incapaces de usarlos porque el que los opera en nosotros está contristado, o como Pablo también dice en 1 Ts.5:19, lo hemos apagado.    Hemos permitido que una pared se levante impidiendo el fluir del Espíritu Santo para bendición nuestra y de otros.

   Llegamos ahora a nuestra perdida número siete, la perdida de enfrentar al mundo espiritual.    Si miramos con cuidado la escena donde Jesús hecha fuera un demonio y los fariseos lo criticaron diciendo que el echaba fuera demonios por el espíritu de Beelzebú, veremos que Jesús echaba fuera demonios por el Espíritu Santo (Mt.12:28).   Es el Espíritu Santo en nosotros el que hecha fuera demonios.     Es él el que nos da la autoridad sobre las huestes de maldad.  Cuando contristamos al Espíritu Santo esa autoridad queda cancelada y reprimida causando una gran perdida de poder en nosotros.  ¿Será importante mantener la comunión con el Espíritu Santo?   Yo creo que es algo sumamente importante y que debemos prestarle mucha atención.      El Espíritu Santo sabe todo lo que nosotros perdemos al contristarlo, pero no puede pasar por alto nuestras transgresiones.    Es por eso que nos redarguye buscando que nos reconciliemos con él y así poder reiniciar nuestro compañerismo nuevamente.

    El enemigo de las almas sabe que un cristiano con el Espíritu Santo contristado en él es un cristiano sin poder.    Es por eso que pone presión para que hagamos lo que no debemos y así romper esa comunión.

    Amados, Dios nos ha dado la sangre de Cristo, la cual nos limpia de todo pecado cuando confesamos el pecado.    Nos ha dado al Espíritu Santo para que nos redarguya cuando pecamos para que corramos a pedir perdón.   Y nos ha dado a Jesús, nuestro abogado, para que interceda por nosotros ante el Padre y recibamos el perdón perfecto, sin condiciones ni peros.  Pecado no confesado, pecado no perdonado.  Pecado confesado, pecado perdonado. Esto es ley de Dios y las leyes de Dios son inquebrantables.

     Miremos rápidamente la gran perdida que conlleva el andar por el mundo con el Espíritu Santo contristado con nosotros.

  1. No percibimos el convencimiento o reargüir de pecado.

  2. No percibimos la consolación que viene de él.

  3. Nuestras lámparas comienzan a extinguirse.

  4. Nuestro aprendizaje de la Biblia se ve frustrado.

  5. El fruto del Espíritu no se ve presente en nuestras vidas.

  6. Los dones, aun cuando están, ya no se manifiestan.

  7. Perdemos toda autoridad en el mundo espiritual.

    ¿No es esto una gran perdida en nuestras vidas?   Creo que debemos prestar mucha atención a lo que el Señor nos quiere hablar porque veo que en la iglesia en general hay carencia de poder por causa de contristar al Espíritu Santo.

     La semana pasada Dios nos habló del temor a él.    No miedo, pues la Biblia nos dice que nos acerquemos confiadamente al trono de la gracia (He.4:16), sino temor para no pecar contra Dios (Ex.20:20).    Temor que nos mantiene limpios y sin contristar al Espíritu Santo.    Mi opinión personal es que el Espíritu Santo no se contrista cuando yo peco, sino que se contrista cuando yo sé que he pecado o él me redarguye de pecado y yo no hago nada para resolverlo.    Es en ese punto que él se contrista.    No solo porque se a ofendido, pues vimos que él todo lo sufre y todo lo soporta, sino porque él no puede estar donde hay suciedad de pecado.    Él se retira, se cohíbe y retrocede espantado por el pecado.   Sabemos que en el mundo hay pecado y eso lo contrista, pero nunca a la magnitud del pecado cometido por un hijo de Dios.      

     Pasemos ahora a nuestro ultimo punto de esta mañana el cual trataremos de hacerlo en forma breve, pero preciso.    Nos referimos al sello del Espíritu Santo. 

III)             El sello del Espíritu Santo

      En la Biblia se nos habla de diferentes clases de sellos, pero todos ellos llevando la misma autoridad.   Los reyes los usaban para certificar cartas o sellar lugares donde nadie podía entrar o abrir sin la autorización de dicho rey.    Romper un sello sin la debida autorización era un insulto a dicho rey, insulto castigable con la muerte.    En el Apocalipsis encontramos a Juan llorando porque no se encontraba a nadie capaz de abrir los siete sellos (Ap.5:4).    Jesús era el único digno de poder abrir dichos sellos.   

    El sello mostraba la autoridad de quien lo ponía, también mostraba que le pertenecía el objeto sellado.   Era un sello de propiedad, dejando ver claramente que nadie podía tocar dicho objeto, fuera lo que fuera o fuera quien fuera.     Era una marca de posesión y autenticidad.  Los cristianos hemos sido sellados con un sello espiritual puesto por el Espíritu Santo siendo él ese sello. 

    Veamos dos pasajes importantes en este asunto del sello de Dios en nosotros.   2 Cor.1:21-22  Y el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos ungió, es Dios, el cual también nos ha sellado, y nos ha dado las arras del Espíritu en nuestros corazones.   Hemos sido sellados, no por cualquier hombre o rey, sino por el Rey de reyes y Señor de señores.    ¿Se atreverá alguien a remover ese sello de nosotros?    Miremos el otro pasaje en Ef.1:13  En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa,    Nuestro sello es el Espíritu Santo de la promesa.   Lo recibimos al oír la palabra de verdad y haber creído en él.   ¿En quién?   En Jesucristo nuestro Salvador.   Hemos sido sellados para el día de la redención.   Somos propiedad de Dios y absolutamente nadie podrá separarnos del amor de Dios que es en Cristo Jesús, así nos lo deja saber Pablo en Ro.8:38-39  Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

    Solo nos resta decir: No contristemos más al Espíritu Santo de Dios, la perdida es enorme.   Amén!