La unidad del Espíritu

 Mensaje dado en el día del Señor en la mañana de

Julio 20  del 2008 En la Congregación Hispana de Ladysmith Por Eduardo Negrón - Pastor

 Solícitos en guardar la unidad del Espíritu

en el vínculo de la paz;

Ef.4:3

    La iglesia es una creación de Dios.   Como creación de Dios tiene dos características que la distinguen y a la vez la separa de toda otra creación.    Recordemos que es creación de Dios y no de los hombres.   Todo lo creado por Dios posee estas dos características.    Cuando leemos en el Génesis sobre la creación encontramos que en cada cosa creada por Dios la Biblia nos dice: “y vio Dios que era bueno”.    Al finalizar Dios toda la creación la Biblia añade “Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera” (Gén.1:31).    Era bueno en gran manera.    Todo lo que Dios hace es bueno en gran manera.   Dios no sabe hacer nada malo, todo lo que hace lo hace bueno y bueno en gran manera porque su naturaleza es buena y buena en gran manera.

    La iglesia no es una excepción.   Dios ha hecho la iglesia y es buena en gran manera.    Por ser creación de Dios las puertas del Hades no pueden prevalecer contra ella (Mt.16:18).   Por ser creación de Dios es eterna y por ser el cuerpo de Cristo es poderosa.  

    Aun cuando la iglesia es creación de Dios, buena y poderosa en gran manera puede llegar a debilitarse.   Hay solo algo que puede debilitar a la iglesia y es la desunión.   Jesús hablando del reino caído nos revela lo que ocurre con cualquier organización cuando hay división interna.  Él dice: Y si una casa está dividida contra sí misma, tal casa no puede permanecer (Mr.3:25).  Jesús está trayendo la división al plano del hogar donde, por más que hagan o trabajen, si no hay un propósito común, esa casa tarde o temprano caerá.   Y en Lc.11:17 añade: Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado...

    Las divisiones son el arma más poderosa usada por Satanás, no para destruir la iglesia, pero si para debilitarla, neutralizarla y asolarla.   La iglesia nunca dejará de existir, pero sí puede perder parte de su sal o de su luz.  Cuando eso ocurre se torna incapaz de hacer la labor para la cual ha sido establecida.   Es en ese caso que la iglesia es desacreditada por el mundo.   No que la iglesia busque el favor del mundo, pero al ser desacreditada los hombres no quieren ni siquiera entrar.   Es por eso que encontramos a muchos que solo saben hablar mal de la iglesia.    Pablo dice en Ro. 2:24...el nombre de Dios es blasfemado entre los gentiles por causa de vosotros.   En otras palabras, nosotros somos los que causamos que las personas hablen bien o mal de la iglesia.

    El verso que tenemos para hoy nos habla de guardar la unidad del Espíritu.  Al ver que Espíritu está escrito con mayúscula sabemos que se refiere al Espíritu Santo.   Entonces deducimos que la unidad a guardar es la del Espíritu Santo.   ¿Podrá el Espíritu Santo ser dividido?   De ser así, ¿Cómo se puede lograr?   O ¿cómo podríamos prevenir esa división?   O si ya ha sido dividido ¿cómo podríamos traerlo a la unidad nuevamente?

    Estas preguntas son interesantes y trataremos de traer respuestas a cada una.  

    Entremos en la disertación para este día.   Estaremos viendo tres tópicos principales.   El primero será el asunto de si el Espíritu puede ser dividido.   El segundo será relacionado al llamado a guardar la unidad del Espíritu.   Y el tercero será el vínculo de la paz.   Pasemos a nuestro primer tema.

 Podrá el Espíritu Santo ser dividido

    El versículo que tenemos delante de nosotros comienza diciendo “solícitos en guardar la unidad del Espíritu”.  En primer lugar debemos ver la palabra solícitos.   En otras versiones de la Biblia encontramos esta palabra, solícitos, sustituidas por otras más fáciles de entender. Por ejemplo en la Biblia Dios habla hoy se usa la palabra procuren, en la Nueva Versión Internacional dice esfuércese, y en la Reina Valera Actualizada dice procurando con diligencia.   Estos son algunos significados usados en la Biblia, pero miremos ahora el significado dado por el diccionario de la Real Academia Española.   Solícitos = Diligente, cuidadoso.   Se nos dan dos palabras que son muy interesantes y que añaden un significado más profundo al versículo.   Sustituyamos por un momento la palabra solícito por diligente.   El verso leería así: Diligentes en guardar la unidad del Espíritu.   Cuando hacemos algo con diligencia lo estamos haciendo en forma exacta y rápida.   Dios nos está llamando a que seamos diligentes en guardar la unidad del Espíritu.   Dios quiere que seamos exactos y rápidos en hacerlo. 

    El segundo significado de solícitos es cuidadoso.   Si hacemos lo mismo que hicimos con diligente tendremos que el versículo lee así: cuidadosos en guardar la unidad del Espíritu.   Notemos la combinación de las palabras.   Por lo general una persona cuidadosa es diligente, pero no necesariamente tiene que ser rápida.   El llamado de Dios es a ser cuidadosos y rápidos en guardad la unidad del Espíritu.

      Una cosa que debemos entender es que el Espíritu no se divide, Dios lo da completo, él se da por completo.   El Espíritu es el eslabón que mantiene unido todo en el cuerpo.   El no puede ser dividido, pero lo que él atrae a él sí puede ser dividido o separado.

    El mandato de Dios es a mantener la unidad del Espíritu, sin embargo nosotros tratamos de mantener la unidad de las denominaciones o de los concilios, olvidándonos de la verdadera unidad la cual es la del Espíritu.   Cuando miramos en 1 Cor.3:13 nos daremos cuenta que esa iglesia, siendo una, estaba dividida.   En mi opinión pienso que fue ahí donde se trató de iniciar la división denominaciónal.   Unos decía ser de Pablo, otros de Apolos y otros de Pedro.  Si miramos 1 Cor.1:12 veremos que ya Pablo venía tratando con el asunto.   En esa primera mención de personas vemos que algunos decían ser de Cristo.   Estos eran los únicos que estaban aparentemente bien.    Decimos aparente porque, aun cundo usaron el verdadero nombre que nos une, lo hicieron entrando en la competencia.   Esto los pone en la misma condición que los otros aun cuando dijeron ser de Cristo.

    Hoy tenemos una división similar.   Yo soy bautista, yo pentecostal, yo wesleyano, et.   Dios, a través de su palabra nos hace las mismas preguntas que le hiciera a los corintos: ¿Acaso está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo? (1 Cor.1:13).   

     Nos preocupamos de guardar las creencias de nuestras denominaciones.   Llegamos al punto de decir, como vimos la semana pasada en el caso de Juan: “Maestro, hemos visto a uno que en tu nombre echaba fuera demonios, pero él no nos sigue; y se lo prohibimos” (Mr.9:38).    Somos bien celosos, o si pudiéramos usar la palabra bíblica, solícitos en guardar la unidad de la denominación al punto que llamamos a otros hermanos carnales, impíos, pecadores, etc. porque no adoran como nosotros, no se ponen de pie para leer la Palabra, no ayunan tanto como nosotros, etc. No hemos podido reconocer el daño que le estamos causando a nuestro propio cuerpo.  Sí, nuestro propio cuerpo porque somos parte de un mismo cuerpo, el cuerpo del Señor Jesucristo.     El Señor nos perdone y nos ayude ha ver que lo que tenemos que guardar es la unidad del Espíritu.

    En la oración de Juan 17 Jesús oró para que la iglesia fuera una como él era uno con el Padre (Jn.17:11).    Esa oración ya está dada, nosotros estamos llamados a trabajar en esa unidad.    Cada vez que hacemos algo en contra del mismo cuerpo, bien sea hablando, o interponiéndonos a lo que otros están haciendo, en cierta forma estamos atentando contra la unidad del Espíritu.

      Hay tres preguntas, las cuales hicimos al principio, preguntas que nos gustarían tratar en este punto de la disertación.    Primera pregunta: ¿Podrá el Espíritu Santo ser dividido? Vimos que eso no es posible, pues el Espíritu es uno con Dios y con Jesús.   Es una unidad perfecta y no puede ni podrá jamás ser dividida.   Lo que sí vimos es que la iglesia, la cual es unida por el Espíritu, sí puede ser dividida o separada, de esta forma ser llevada a una debilidad espiritual.  Siendo que la iglesia sí puede ser dividida, ¿Cómo se puede lograr esa división? Vimos que se puede lograr por las denominaciones, concilios, sectarismos, etc.  Otra pregunta sería ¿cómo podríamos prevenir esa división?  Orando a Dios para que nuestros ojos sean abiertos y podamos ver cual es la real unidad del Espíritu, la cual trae unidad al cuerpo de Cristo.  Pero qué si  ya ha sido dividido ¿cómo podríamos traerlo a la unidad nuevamente?   Esta pregunta nos lleva a nuestro segundo tópico de esta mañana.

 El llamado a guardar

      Dijimos que Jesús oró al Padre por la unidad de la iglesia.   En lo que concierne a Jesús, Dios y el Espíritu Santo esa unidad ya está dada en el plano espiritual, pero la iglesia tiene el llamado y la responsabilidad de trabajar para que esa unidad sea vista en el mundo físico.     Debemos notar que el pasaje dice: solícitos en guardar.    Esto se debe a lo ya explicado, que esa unidad ya está dada.   La responsabilidad directa de la iglesia es a mantenerla.   ¿Cómo la mantenemos? guardándola.    Vimos que el llamado es ha hacerlo solícitamente, en otras palabras con diligencia y cuidado.    ¿Cuan importante es este llamado para nosotros?   La importancia que le damos se dejará ver por la forma en que la guardamos.    Tomemos por ejemplo algo tan sencillo como nuestra casa.   Cuando vamos a salir nos aseguramos que todas las ventanas y puertas estén bien cerradas.   Hay ocasiones en que salimos y por alguna razón pensamos o nos acordamos que no cerramos una puerta.   Estamos dispuestos a retornar a la casa para asegurar esa puerta porque entendemos que las cosas que hay adentro son de valor para nosotros.    Cuando lo hacemos salimos nuevamente, pero ahora con un aire de tranquilidad sabiendo que valió la pena retornar.

       Hablemos del teléfono celular.   Cuando se nos pierde nos ponemos nerviosos, pensamos en manos de quien puede caer y lo que nos podría costar esa perdida.    En la parábola de la moneda perdida (Lc.15:8-10) Jesús nos muestra lo que es perder algo que tiene valor para nosotros.   Lo que estamos dispuesto ha hacer y hasta cuando, solo por recuperar lo perdido.    Es así como él nos llama a guardar la unidad del Espíritu.   La unidad del Espíritu es de suprema importancia para él, ¿lo será para nosotros?

    Esa unidad tiene seis elementos que son inquebrantables y que deben ser nuestro motivo, objetivo y fin.    El enemigo a entretenido a la iglesia llevándola a ser celosa en guardar la unidad de la denominación, el concilio y su religiosidad.    Ha logrado desviar la atención de la verdadera unidad, la cual es la del Espíritu.    Estos seis elementos son los que realmente importan y si logramos verlo como Jesús lo ve o por lo menos como Pablo lo veía habremos logrado una gran victoria. 

    Ef.4:4 nos da los primeros dos elementos a ser guardados en la unidad del Espíritu.   Un cuerpo, y un Espíritu.    En Stg.2:26 recibimos una revelación, que en lo natural sabemos que es así., pero en lo espiritual es más grande y poderosa.   Él dice: …El cuerpo sin espíritu está muerto.   Estamos llamados a guarda la unidad del cuerpo y del Espíritu.   El Espíritu necesita del cuerpo para poder manifestarse y de igual forma el cuerpo necesita del Espíritu para estar vivo.   Si no hay unidad entre el cuerpo y el Espíritu la vida de Dios no puede fluir.

    Esta unidad es perfecta en Cristo y nosotros estamos llamados a guardar esa unidad.   Luego nos dice: un Señor.  Jesús dijo en Mt.6:24 Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas. Las riquezas se han vuelto un dios poderosísimo en el mundo.   Al punto que ha tocado a la iglesia creando una gran división.    Nuestra unidad es con nuestro Señor Jesucristo y a él solo le debemos nuestra devoción, adoración y fidelidad.   No debemos tomar las palabras de Jesús en forma ligera.    Es una verdad incambiable, nadie puede servir a dos señores.   Escojamos servir al único y verdadero, a nuestro amado Jesús. 

     La exhortación a guardar la unidad nos lleva ahora a una fe y un bautismo.   No existe tal cosa como fe en la fe o fe en la confesión.   Es una sola fe y esa fe es en Dios trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo.     Lo que se salga de eso queda fuera de la unidad del Espíritu.   Estamos llamados a guardar esa fe.   En la Biblia se nos habla mucho de la fe, pero si queremos tener un cuadro perfecto de la fe debemos mirar al padre de la fe, a Abraham.    De Abraham parte la fe, y todo lo demás que miremos en cuanto a la fe debe pasar por el cedazo del padre de la fe.    Abraham es llamado el padre de la fe porque se atrevió a levantar el cuchillo contra su propio hijo.   Pero no lo hizo ciegamente, sino con una fe fundamentada en la palabra de Dios.    Esa es la fe de la unidad del Espíritu, la que está cimentada en la palabra de Dios.    Abraham ofreció a Isaac por fe como nos dice Hebreos 11:19 pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir.    Este acto de fe en Dios no viene de la nada, sino viene de una larga vida andando con Dios.    Dios le prometió un hijo siendo viejo y Sara estéril.   Contra todo lo establecido por el hombre, la ciencia y la naturaleza; contra todo y por encima de todo está la palabra de Dios.    Cuando la creemos actuamos en fe y cuando actuamos en fe, no en nuestra fe, sino en la fe de la palabra de Dios, vemos milagros.

    Un ejemplo extraordinario lo encontramos en la vida del profeta Elías.    Dios lo envió a enfrentar a los profetas de Baal.  Cuando está listo para orar y pedir fuego del cielo lo primero que hizo fue decir: Jehová Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, sea hoy manifiesto que tú eres Dios en Israel, y que yo soy tu siervo, y que por mandato tuyo he hecho todas estas cosas (1 R.18:36).   Notemos que no fue un capricho del profeta o porque él tenía fe en su fe que retó a los falsos profetas.   La victoria es obtenida porque obedeció al mandato de Dios.   Dios le dijo que hacer, como hacerlo y cuando hacerlo.   Esa obediencia a la palabra de Dios lo llevó a  vencer. 

     Esa es la única fe que es valida y que es parte de la unidad del Espíritu y por la que estamos llamados a velar con solicitud.

    Para mantener la unidad en el bautismo tenemos que realizarlo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.    Otro bautismo que no incluya a las tres personas de la trinidad no es el bautismo de Cristo.   Ese tipo de bautismo no trae unidad, sino división y separación.   Hay quienes están bautizando en el nombre de Jesús diciendo que ese es el bautismo verdadero.    Su base esta en el caso de Pedro con Cornelio quien lo bautizó en el nombre del Señor Jesús (Hch.10:48).   El otro caso es el de Pablo con los doce discípulos en Efeso.   Pablo los bautizó en el nombre del Señor Jesús (Hch.19:5).    Ellos le dan más valor a los apóstoles que a Jesús, siendo que Jesús mismo nos dio la ordenanza de bautizar en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo (Mt.28:19).

    Los apóstoles estaban usando el título del bautismo de Jesús.   Así como el bautismo de Juan el bautista es conocido como el bautismo de Juan, así el de Jesús.    En el caso de Pablo con los doce discípulos de Éfeso podemos ver claramente que el bautismo de Jesús es en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.   Si observamos con cuidado veremos que la primera pregunta hecha por Pablo fue: ¿recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis?  Hch.19:2.    La respuesta de ellos es lo que le dice a Pablo que ellos no habían sido bautizados en el bautismo de Jesús.   Ellos respondieron: Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo.   Ante esta respuesta Pablo procede a hacer la pregunta clave: ¿En qué, pues, fuisteis bautizados? Hch.19:3.   Cuando ellos dijeron: Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo, Pablo supo que no habían sido bautizados con el bautismo de Jesús porque el bautismo de Jesús incluye al Espíritu Santo.

    Es como el abecedario.   Las vocales y las consonantes componen el abecedario.   Las vocales solas no son el abecedario, al igual que las consonantes solas, pero la combinación de ambas forman el abecedario.  De igual forma con la Biblia.   El Nuevo Testamento solo no es la Biblia, tampoco lo es el Antiguo Testamento solo, pero la combinación de ambos forman la Biblia.   El bautismo en el nombre de Jesús solo no es el bautismo de Jesús.   Solo es el bautismo de Jesús el que se celebra en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

    Finalmente la unidad del Espíritu se da en la unidad con el único y verdadero Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos.  No hay otros dioses, solo uno manifestado en tres personas, pero un solo Dios.   Esta manifestación del Dios trino se le ha dado el nombre Trinidad.  Así como el agua tiene forma líquida, sólida y gaseosa y cada forma tiene su uso particular sin perder su forma científica de H2O, así es Dios.   Un ejemplo de la manifestación de los tres operando en formas distintas, pero en una unidad perfecta la encontramos en 1 Cor.12:4-6 (4 Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. 5 Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. 6 Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo).   Notemos que dice dones, Espíritu, el mismo; ministerios, Señor, el mismo; y operaciones, Dios, el mismo.   Una unidad perfecta.   Esa es la unidad que estamos siendo llamados a guardar, la unidad del Espíritu.    Veamos ahora la forma en que debe ser guardada es unidad.

 El Vínculo de la paz

     Estamos llamados a proclamar el evangelio de la paz, a estar en paz con todos, a saludarnos con la paz y a tener la paz de Dios.   Ahora la exhortación es a guardar la unidad del Espíritu en el vínculo o unidad de la paz.   Es responsabilidad de cada uno de nosotros guardar esa unidad y hacerlo en paz.   Judas en su epístola nos exhorta a contender ardientemente por la fe (Jud.3).   Pablo nos dice en Gál.2:5 que él no accedió a someterse a unos que trataban de esclavizarlo.  Pero ahora se nos dice que seamos solícitos en guardar la unidad del Espíritu, pero que lo hagamos en el vínculo de la paz.   No estamos siendo llamados a contender ni a pelear para mantener esta unidad.    Tratar de mantenerla en esa forma sería ofensivo a Dios y por ende no sería efectivo.    Terminaríamos completamente separados, heridos y en forma enemiga.    Una ciudad dividida en sí misma no puede permanecer. 

      Dios nos está llamando para una encomienda grande, es la de ser portadores del mensaje de unidad.   Estamos siendo llamados a guardar y proclamar la unidad del Espíritu con solicitud y en el vínculo de la paz.   Para nosotros poder proclamar esta unidad es necesario que nosotros estemos en unidad.    Pedro le dijo al paralítico del templo “No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy” (Hch.3:6).    Nadie puede dar nada que no tiene.   Pablo podía dar consolación a los atribulados porque él había recibido consolación de parte de Dios (2 Cor.1:4).   Usted y yo podremos llevar un mensaje de unidad si estamos unidos.   Recordemos las palabras en Amos 3:3 ¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?    Esto es un llamado a la iglesia, no a unos pocos.   Es  responsabilidad de todos, no solo de algunos.    Esto es un llamado para los valientes, para los que quieren vivir una gran aventura junto a Dios.   Recordemos que es la unidad del Espíritu y que entre el Padre, Hijo y Espíritu Santo existe una unidad perfecta y ellos están dispuestos a mantenerla así.   Nos están invitando a nosotros a que entremos en esa unidad, a que la mantengamos y a que la proclamemos donde quiera que vallamos.

     Dios está llamando a esta iglesia a un ministerio profético.   No a nivel de individuo, sino de iglesia, no a unos pocos, sino a todos.    En Efesios 4:11 se nos habla de los cinco ministerios establecidos en la iglesia con el propósito de perfeccionar a los santos.   Estos cinco ministerios son vitales en cada iglesia si queremos poder ser perfeccionados.   Pablo hace una serie de preguntas en 1 Cor.12:29 donde nos muestra parte de estos ministerios.   Las preguntas son: ¿Son todos apóstoles? ¿son todos profetas? ¿todos maestros?    La respuesta es clara, no son todos apóstoles, ni profetas, ni maestros.   Pero algo es cierto, los tres ministerios deben estar en cada iglesia.   Es la única forma en que el cuerpo podría ser perfeccionado.   Cada iglesia es un cuerpo y cada iglesia debe tener los cinco ministerios operando para poder hacer la obra de Dios y para poder ser perfeccionados.   Así como cada iglesia es un cuerpo, el cuerpo de Cristo, de igual forma cada iglesia es un miembro del cuerpo universal, el cuerpo de Cristo.    Así como cada iglesia debe tener los cinco ministerios operando, así en el cuerpo universal de Cristo los cinco ministerios deben estar en operación para poder perfeccionar al cuerpo universal de Cristo y para poder realizar la obra de Dios.

     Creo fiel mente que Dios está llamando a esta iglesia para que ejerza el ministerio profético.     No para estar dando profecías, sino para conocer los eventos futuros y avisar, a ser atalayas de Dios en este mundo.   Como cuerpo de Cristo y como llamado de Dios para la iglesia, Dios puede usar a todos en diversas formas para revelar sus misterios y planes.    Amos 3:7 dice: Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas.     Dios nos está llamando para revelarnos sus secretos, pero hay un precio que pagar.    ¿Estaremos dispuestos a pagar ese precio?    El ministerio profético es un ministerio poderoso, pero es también sufrido, mal entendido y muy señalado.    ¿Estaremos dispuesto a las críticas, burlas y desprecios?    El ministerio profético es un ministerio solitario.    Estamos siendo llamados a decir lo que la gente no quiere oír.    Esto hace que este ministerio pierda popularidad y nos quedemos solos.    ¿Estamos dispuestos a esa soledad?

     Como iglesia profética de Dios nuestro mensaje es el de la unidad del Espíritu y es a proclamarlo en el vínculo de la paz. Muchos nos señalarán, nos insultarán, nos abofetearán, etc. ¿Cuánto estaremos dispuestos a sufrir por Cristo?

      Tenemos una encomienda, tenemos un mensaje, tenemos un tiempo para darlo.    Seremos solícitos en hacerlo.    Seremos diligentes y cuidadosos en llevar a cabo esta encomienda de Dios.    Yo digo sí, y usted.  Amén.