Cuando Dios está en silencio


  Cuando Dios está en silencio

 

Hay tiempos, como en toda relación, en los que hay mucha intimidad, y otros en los que Dios parece estar muy lejos, no se comunica, no da señales.

Ahí la adoración se vuelve cuesta arriba. Son tiempos en los que Dios decide poner a prueba la relación y hacerla madurar por medio del aparente “distanciamiento”.

Son tiempos en lo que sentimos que Dios nos ha abandonado. De una noche de gloria en intimidad, pasamos a una mañana sintiendo una profunda soledad y angustia. Entramos en una sequía espiritual muy, muy grande; no sabemos por qué, y nos alarmamos.

Job fue testigo de eso: Job 13:23-28- “¿Cuántas iniquidades y pecados tengo yo? hazme entender mi transgresión y mi pecado. ¿Por qué escondes tu rostro, y me cuentas por tu enemigo? ¿A la hoja arrebatada has de quebrantar, y a una hoja seca has de perseguir? ¿Por qué escribes contra mí amarguras, y me haces cargo de los pecados de mi juventud? pones además mis pies en el cepo, y observas todos mis caminos, trazando un límite para las plantas de mis pies. Y mi cuerpo se va gastando como de carcoma, como vestido que roe la polilla.”

La prueba de una amistad es la separación y el silencio. Pero esto parece chocar contra la promesa: “No te dejaré, ni te desampararé”. ¿Cómo hacer compatible eso con lo que siento en mi interior? Con lo que declara el salmista en el Salmo 13. Dios no ha prometido que siempre sentiríamos Su presencia, Él ha prometido que estaría siempre, sin importar como nos sintamos. Cuando todo marcha bien, ¡qué fácil se hace adorar a Dios! Por eso, cualquier relación que se precie de ser verdadera, necesita madurar.

Así que hay una mañana en la que al levantarte parece que todo dejo de funcionar. Orás, no pasa nada; reprendés al enemigo, menos; pedís perdón por algo que hubieras cometido y hasta pedís que oren por vos, y todo sigue igual; ayunás y nada.

Salmo 44:17-26- “Todo esto nos ha venido, y no nos hemos olvidado de ti, y no hemos faltado a tu pacto. No se ha vuelto atrás nuestro corazón, ni se han apartado de tus caminos nuestros pasos, para que nos quebrantases en el lugar de chacales, y nos cubrieses con sombra de muerte. Si nos hubiésemos olvidado del nombre de nuestro Dios, o alzado nuestras manos a dios ajeno, ¿no demandaría Dios esto? Porque Él conoce los secretos del corazón. Pero por causa de ti nos matan cada día; somos contados como ovejas para el matadero. Despierta; ¿por qué duermes, Señor? Despierta, no te alejes para siempre. ¿Por qué escondes tu rostro, y te olvidas de nuestra aflicción, y de la opresión nuestra? Porque nuestra alma está agobiada hasta el polvo, y nuestro cuerpo está postrado hasta la tierra. Levántate para ayudarnos, y redímenos por causa de tu misericordia.”

Vs. 17 y 18: entonces la duda llega: ¿qué hice? ¿qué me pasa? La desesperación llega, pero la verdad es que en algunos casos nada esta mal. Aunque podamos sentir que Él está enojado o disciplinándonos por algún pecado (en algunos casos eso puede ser real), este sentimiento de lejanía o ausencia del Señor la mayoría de los casos no tiene que ver con pecado, sino es que Dios está haciendo madurar la relación contigo.

Job 23:8-10- “He aquí yo iré al oriente, y no  lo hallaré; y al occidente, y no lo percibiré; si muestra su poder al norte, yo no lo veré; al sur se esconderá, y no lo veré. Mas Él conoce mi camino; me probará, y saldré como oro.”

El punto central es: ¿haremos como Job en los vs. 11 y 12, que le siguió amando, confiando, obedeciendo y adorando sin sentir nada de nada, ni ver que nada cambiaba de su situación?

Job 23:11, 12- “Mis pies han seguido sus pisadas; guardé su camino, y no me aparté. Del mandamiento de sus labios nunca me separé; guardé las palabras de su boca más que mi comida.”

Porque esto nos demuestra algo: muchos buscan una experiencia a través de los sentimientos, más que a Dios mismo. Si la encuentran, se sienten espectacularmente bien, pero si no se frustran y se ponen a sí mismos al borde del abismo.

Por eso Dios a veces retira nuestros sentimientos, para que aprendamos a no depender de ellos. En la medida que crecemos en la fe, vamos dejando los sentimientos de lado. Necesitamos reconocer que Su presencia es demasiado profunda para medirla por nuestros sentimientos y emociones, que son tan cambiantes.

Entonces, ¿cómo es posible mantener el vínculo si la comunicación aparece “cortada”, y cuando tampoco entendemos lo que pasa en nosotros?

Entonces llega el momento de decirle a Dios cómo nos sentimos. Job lo hizo abiertamente: Job 7:11- “Por tanto, no refrenaré mi boca; hablaré en la angustia de mi espíritu, y me quejaré con la amargura de mi alma.”

Aquí está su queja expuesta. Y en Job 29:4, 5, recuerda sus días mejores, en los que Dios era palpable. Dios no detuvo a Job mientras derramaba su queja y amargura. Dios se encarga de toda duda, desesperanza, enojos, temores, dolor, confusión y toda pregunta que se te ocurra. Se puede estar afligido y seguirle creyendo a Dios al mismo tiempo, como David.

Salmo 116:10, 11- “Creí; por tanto hablé, estando afligido en gran manera. Y dije en mi apresuramiento: Todo hombre es mentiroso.”

El verso 11 indica que cuando estamos en aflicción hablamos de más, juzgamos muy rápido, y gracias a Dios que Él no toma en cuenta eso. David estaba muy afligido, destrozado, pero a la vez confiaba en Dios. Hay algo en la naturaleza inmutable de Dios que nos da la confianza para creer.

Alguien dijo: Nunca dudes en oscuridad lo que Dios te dijo en la luz. Quiere decir que a pesar de de las circunstancias y de todo lo que yo pueda o no sentir, Dios no cambia lo que ha dicho acerca de Él mismo y de mí: que me ama, que es bueno, que está conmigo y que tiene un propósito para mi vida.

Eso nos lleva al siguiente punto: Dios cumplirá sus promesas.

Dios está llevando la amistad y relación con Él a un grado de madurez mucho mayor, porque una amistad basada en emociones es superficial, inmadura. O sea que si algo cambia o no me gusta de la otra persona, tiro por la borda la amistad y todo lo bueno que había sucedido hasta allí.

Así que cuando hay esa aparente “lejanía” del Señor en mi vida, en la que no hay algo que yo pueda hacer, lo único que me queda es esperar en el cumplimiento de Sus promesas a mi vida. El es Dios de pactos que cumple sus promesas, que cumple Su Palabra, que guía mi destino.

Job lo vivió de esta manera.

Job 23:12-14- “Del mandamiento de sus labios nunca me separé; guardé las palabras de su boca más que mi comida. Pero si Él determina una cosa, ¿quién lo hará cambiar? Su alma deseó, e hizo.”

Cuando se sintió solo dependió de Su Palabra, y esa fue la razón para mantenerse fiel en medio de tanto sufrimiento. En estos momentos nos haría bien recordar todo lo que Jesús hizo por nosotros en la cruz, todo su padecimiento horrendo por amor a nosotros, y sólo por eso; porque no se bajó de la cruz por amor a ti y a mi, por eso él es digno de continua alabanza, sea que experimentemos o no su presencia.

Recuerda también que en medio de esa oscuridad que Jesús vivía en ese momento, el Padre miró para otro lado y él sintió el desamparo el cual declaró en voz alta con un grito.

Y eso fue para comprendernos ahora cuando vivimos cosas que no entendemos. Así que no te preguntes ni dudes nunca más si tenés o no motivos para adorarlo sintiendo o no algo. La presencia de Dios es un hecho absoluto, consumado. Él está siempre presente estemos conscientes de eso o no. La manifestación de Su presencia es un sentimiento. Y por eso aun muchos necesitan “sentirlo”, hasta que maduren. Aunque hay tiempos en los que Él “esconde Su rostro” de nosotros.

Salmo 13:1- “¿Hasta cuándo, Jehová? ¿Me olvidarás para siempre? ¿Hasta cuándo esconderás tu rostro de mí?”

Y por supuesto que Dios quiere que experimentemos Su presencia, pero no que confiemos en que siempre “sentiremos”, para que lo adoremos en fe y por fe.

Pr. Jorge Rosanova